CAPÍTULO 26 | Bessonov & Verlkanur. #2
—Ahorrémonos las hipocresías, Zuryn. ¿A qué se debe esta urgencia que me sacó de un asunto mucho más importante? —soltó Ayazen, cortante.
Zuryn dejó su copa de agua sobre la mesa. Su expresión se volvió gélida.
—La urgencia, Ayazen, se debe a que tu Constructora Velakan ha demostrado ser una fuente de problemas insostenible. Por un lado, nos han dejado expuestos ante la hermandad —usó el término para referirse a la mafia en códigos—, y por el otro, has estado jugando con nuestros fondos.
Varek se inclinó hacia adelante con la voz controlada.
—Necesitamos que nos devuelvas la mercancía que perdimos de las bodegas. Más de cien millones de dólares en insumos que tu gente no pudo custodiar. ¿O acaso los usaron para construir la cadena de hoteles que están preparando para ti?
Ayazen se cruzó de brazos, sintiendo el desprecio de Varek.
—La constructora está a cargo de la cadena de hoteles. El problema de la bodega es asunto de su seguridad. Si no pueden manejar a sus subalternos, no es problema de los Verlkanur.
Zuryn soltó una risa seca, mirando a su abogado.
—La mercancía se movió en tus almacenes, Ayazen.
Y la hermandad sabe que en Velakan tienen acceso a las rutas verdes.
No puedes culpar a un tercero si el dinero sucio que usaste para tus hoteles es el mismo que deberíamos haber recuperado de tus almacenes.
Exigimos una compensación triple por el riesgo de exposición y la pérdida de la carga.
Ayazen sintió mucha más molestia de lo que podía soportar en un día. Los Bessonov/Moretti no venían a negociar, venían a extorsionar en sus propias caras como si realmente fueran a ceder.
—No vamos a pagar triple por un error de logística —replicó Ayazen, con los ojos oscuros.
—Lo harás —sentenció Zuryn, golpeando la mesa con el puño—.
A menos que prefieras que el historial financiero de la Constructora Velakan termine en las manos de la Fiscalía y la prensa.
¿Te gustaría que se supiera que tu padre ha estado lavando dinero de las drogas con contratos de construcción?
Porque a mí me encantaría ver cómo reacciona tu prometido, Ray, cuando su futuro esposo sea el centro de un escándalo de esa magnitud.
—Pues supongo que usted entonces no está al tanto de absolutamente nada —dijo Ayazen, mirándolo con burla—.
Me casé hace poco y no es con quien usted cree.
Y si usted lleva esto a la Fiscalía, no puede resguardarse; si cree que lo hará, tome en cuenta que lavamos su dinero. Si pierdo yo, pierde usted.
Zuryn Bessonov se quedó en silencio, con la boca ligeramente abierta. La revelación no solo era un golpe bajo para su intelecto, sino un desmantelamiento total de su amenaza. «¿Cómo se le podría haber pasado?»
Varek, que había permanecido tranquilo y en segundo plano, se enderezó en su silla, clavando una mirada gélida en Ayazen.
—Es mejor que devuelvas la mercancía perdida, Ayazen —intervino Varek, con la voz templada y autoritaria, sin mostrar ninguna reacción a la supuesta boda. Miró de reojo a su esposo—. Calma, Zuryn, la discusión se ha vuelto innecesaria.
Zuryn, molesto, se recostó contra el respaldo, cruzándose de brazos mientras Ayazen suspiraba.
—Estamos igual, Varek —dijo Ayazen, haciendo un gesto de impotencia—.
No puedo realizar nada si estamos en la mira de los italianos resentidos por lo que los Moretti hicieron.
—Ayazen miró fijamente a Zuryn, a quien el sobrenombre de su facción criminal pareció ofenderle—.
La verdadera conversación debería ser cómo es posible que se hayan filtrado las estancias de tráfico, es decir, alguien está revelando sitios.
La tensión se apoderó de la sala. Ayazen y Varek intercambiaron acusaciones sobre la debilidad de sus respectivos operativos de seguridad, mientras Zuryn intentaba intervenir, exasperado por el giro de la conversación.
El padre de Ayazen intervino, ignorando por completo el ambiente tenso.
—Suficiente —ordenó el hombre, con una voz profunda que cortó la discusión—. Además de esto, debían seguir el trato de unión que se había pactado.
Ayazen frunció el ceño. Se enderezó en su asiento, sin entender a qué se refería su padre.
Varek asintió con una expresión neutra.
—Sé que tendrá un hijo, Ayazen.
Ayazen se tensó. Miró extraño al alfa, perplejo. Al parecer, Varek sí sabía que Ayazen tendría un hijo y que estaba casado, al contrario de su propio esposo, que había pasado por alto esto.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Zuryn, sin entender las palabras de Varek.
El alfa ignoró por completo las palabras de su esposo, mirando al padre de Ayazen por encima de la mesa.
—Su hijo y mi hijo serán la unión de ambas familias —sentenció Varek.
Zuryn sintió la ofensa golpearlo con fuerza. Se llevó una mano al vientre, que Ayazen no había notado hasta ese instante. Se dio cuenta del abultado vientre del omega y miró con molestia a su esposo.
—¿Acaso quiere decir que usted y los Bessonov han estado considerando negociar con mi hijo? ¡Un niño que ni siquiera ha nacido! —masculló Ayazen, con la voz llena de rabia.
El padre de Ayazen lo miró molesto.
—Es lo que se hará. Es el trato.
Zuryn intentó negarse, pero su esposo le sujetó la mano con firmeza.
—Es lo mejor para los dos bandos —dijo Varek, con una seriedad escalofriante—. De todas formas, en un futuro, los niños serán alfa y omega, o incluso puede que sean ambos alfas, así que se romperá el compromiso.
Ayazen sintió que la rabia se disipaba, dejando un vacío helado.
—Es decir —continuó Varek—, en un futuro los niños elegirán, pero este trato es importante para este momento y asegura el futuro de los Verlkanur y los Bessonov.
Ayazen miró la mesa en silencio, dándose cuenta de que acababa de perder todo el control. Su padre por fin había usado su pieza, y como siempre, no podía usarlo a él, pero ahora… usaba a su hijo.