Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 53
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Capítulo 53

Aunque lo de anoche fue maravilloso, me ha sido imposible ocultar mi malestar esta mañana cuando ha intentado darme los buenos días de forma cariñosa y me he apartado.

Eso lo ha enfadado, aunque no sé cómo es capaz de molestarse siquiera.

Me gustaría verlo en mi situación y que fuese él quien tuviese que esperar mientras tengo que casarme con otro.

Para desquitarme un poco, me he puesto ropa cómoda y, como Jess está trabajando y Amber está ocupada, he salido del ático y me he ido a casa de Marga. Allí me ha preparado un café con pastas de chocolate que he devorado, la verdad.

Le he contado lo que pasa, es lo más parecido que tengo a una abuela o a mi tía fallecida, así que confío en ella y escucho sus consejos.

Me ha pedido que haga lo que me dicte el corazón, ya sea quedarme con él o no, y algo se ha removido en mi pecho porque solo he podido pensar en las falsas esperanzas que me hago con Zeus.

Me duelen muchísimo esos pensamientos, pero son ciertos.

Cuando parece que todo es normal, que podremos ser una pareja como otra cualquiera, se nos cae todo encima.

—Tu tía te diría lo mismo —asegura con tono enternecedor y yo resoplo.

—La echo tanto de menos... Era la única de esa parte de la familia que me adoraba. Era lo más real y sincero de mi familia. Mi madre me abandonó y Sandra, su hermana, ni siquiera nos mira.

En cuanto digo eso, noto su incomodidad. Marga se sube las gafas redondas por el puente de la nariz, a pesar de no tenerlas caídas, y me mira preocupada.

—¿Qué pasa? —le pregunto, asustada.

—Espero que esto no nos meta en problemas, niña.

De un momento a otro, Marga se levanta y coge una de las tantas fotos que hay sobre la mesa.

Cuando me enseña una que ya me había llamado la atención antes, el mundo se me cae encima al fijarme en que está tomada justo delante del edificio de la casa de mi tía.

Es una imagen de hace muchísimos años, al menos eso parece.

Hay dos mujeres y una de ellas sostiene entre sus brazos a un bebé; delante de esta, hay una niña de unos tres años.

—Aquí salen tu abuela, sus dos hijas y tu tía María. —El corazón se me acelera conforme la escucho, noto las manos sudadas y el cuerpo se me descompone. Me siento mareada—. La foto la hizo tu abuelo.

No puede ser verdad lo que me está contando. ¿Mis raíces maternas eran americanas? ¿Por qué nadie me lo había dicho?

Levanto la vista hacia ella, abrumada y cagada de miedo. Tengo miedo de todo lo que me han ocultado, miedo de que ese hombre siga vivo y le dé igual tener una nieta a la que no conoce. Tomo aire y lo contengo mientras un terror me atenaza con tanta fuerza como el pensamiento que me cruza la mente.

Miedo a que Ana aparezca de nuevo.

***

—Ava, ¿me has escuchado?

De pronto, me sobresalta la voz de Jessica, que está sentada en una silla del salón de su piso, esperando a que le lleve la cerveza que he ido a buscar. De camino a la cocina, he recordado la conversación que tuve con Marga esta mañana y me he quedado absorta en mis pensamientos.

—Lo siento. Tengo la cabeza en otro mundo desde que me enteré de lo de William. —Así me dijo Marga que se llamaba mi abuelo materno.

Jessica asiente, le da un sorbo a la cerveza, la deja sobre la mesa y cruza las manos, mirándome.

—¿Qué piensas hacer?

—¿A qué te refieres? —pregunto sin entenderla muy bien.

—Pues con lo de tu abuelo. ¿No piensas buscarlo? ¿Se lo has contado a Zeus? Quizás él pueda ayudarte, tendrá contactos.

Niego con la cabeza, lo que menos deseo es que me ayude a buscar a William. No sé qué me encontraré cuando dé con él, si es que sigue vivo, y a Zeus lo último que le hace falta es añadir más problemas a los suyos. Por ahora, me lo guardo para mí solita.

—No quiero que Zeus tenga más de lo que preocuparse. Además, tampoco he decidido si quiero encontrarlo.

—¿Por qué? Es tu abuelo, Ava. No sabrá nada de ti, Ana habrá sido tan miserable como para no tener el detalle de hablarle de su nieta. Pero puede que esté esperando encontrar esa parte de su familia que quizás cree que tiene. A lo mejor también te está buscando.

Pensar que pueda estar moviendo cielo y tierra para encontrarme no me hace sentir del todo mal. Pero aun así...

—Que no, que no. Deja las cosas como están por ahora. Ya tomaré una decisión más adelante.

Lo último que podría afrontar ahora mismo sería que Ana, mi madre biológica, apareciese. Aprieto los puños ante los sentimientos que estos pensamientos me provocan. De ninguna manera.

En el momento en que sé que Jess va a decir algo, me llega un mensaje al móvil y la pantalla se enciende, dejando ver el nombre del remitente.

—Vaya, vaya. ¿A cuento de qué te pregunta Jayden qué tal llevas el día?

Lo último que necesito. Jayden lleva varios días hablándome, preocupado por mí. Intento no darle importancia, Hugo y Lucas lo hacen siempre, ¿cuál es la diferencia?

Jessica sube las cejas y sonríe cuando no digo nada.

—Vale, quien calla otorga —canturrea, molestándome a propósito.

Pongo los ojos en blanco, cansada de tantos altibajos.

—Solo es un amigo, nada más.

—¿Él piensa igual?

—Me importa un bledo lo que él piense. Es lo que somos y ya.

No dice nada más, quizás se ha dado cuenta de que el tema se terminó. Miro el móvil sobre la mesa y pienso en Jayden. Es un chico muy tierno, me hace reír y con él todo parece más sencillo.

Otro pensamiento me cruza la mente y niego con efusividad para repetirme una y otra vez que, aunque con Zeus sea complicado, es verdadero. No quiero algo sencillo, puesto que no me hará sentir ni una cuarta parte de lo que me provoca Zeus.

Es él. Lo supe en cuanto me tiró el café encima.