Capítulo 49
Parpadeo al ver un ramo de flores enorme. El portador lo baja y, tras él, veo la sonrisa de Jayden. Zeus ha entrado detrás de él, se apoya en el marco de la puerta del baño y nos observa en silencio. Sé que Jayden no le gusta, pero me da igual. Es mi amigo.
Nos pasamos hablando un buen rato, me río todo el tiempo y miro a Zeus de vez en cuando. Una hora después, Jayden decide marcharse y me dice que pasará por mi apartamento, pero antes de que le responda, Zeus se coloca a nuestro lado.
—No estará en su casa, vivirá en la mía.
Dicho esto, lo acompaña a la salida. Me quedo perpleja, ¿es en serio? Mientras camina hacia mí, pienso en esta locura. Quiero decir que no, pero me es imposible no sentir el hormigueo de la emoción recorrerme el cuerpo.
Dios... vivir juntos.
No me puedo creer que me haya enamorado de un hombre prometido que ahora me pide ir a vivir a su casa. De repente, soy consciente de algo: ¿La ha dejado? ¿Piensa hacerlo? ¿Qué dirá? ¿Qué pensará? Madre mía... Miro horrorizada a Zeus cuando se sienta en la cama.
—¿Quieres que comparta tu casa con Crystal?
Sorprendido, sube las cejas.
—¿Por quién me has tomado? —Me coge las manos y las miro unidas—. He roto con ella. —Levanto la cabeza de un tirón, mientras mi corazón martillea en el pecho. Zeus me besa un momento—. Solos tú y yo.
La ha dejado por mí. Emocionada, voy a sentarme cuando un dolor fino me cruza la cara y vuelvo a tumbarme.
—Con cuidado —me regaña.
—¿Cuándo...? ¿Por qué?
Suspira, tumbándose a mi lado.
—Se lo dije después de la cena en el restaurante, pero no ha sido hasta ahora que se ha ido. —Nos miramos, hasta que se lleva mis nudillos a la boca para besarlos—. ¿Por qué? Joder, honey . No quiero seguir dejándote sola por las noches, ni despertando con alguien a mi lado que no seas tú.
Suspiro yo también, al fin parece que tenemos vía libre. Aunque solo hayan pasado tres meses, han sido tan intensos que tengo la sensación de que nos conocemos desde mucho antes. Voy a moverme, me apetece besarlo, pero no me deja.
Divertida, susurro, encantada:
—Zeus.
Mi apuesto y serio hombre me besa sin siquiera pensarlo.
***
Por la mañana, un enfermero me hace la primera visita y me cura, con la mirada de Zeus encima. Luego llega otro médico y me informa de que todo está bien y que, por suerte, me darán el alta a lo largo del día.
Cuando nos quedamos solos, miro a Zeus moverse por la habitación. Como siempre, tiene la cara seria. Va recogiendo mis cosas poco a poco y las mete en un macuto que hay sobre el sillón del fondo. En algún momento me mira y sonríe, aunque no habla. Está bastante concentrado en su labor.
Unos minutos después, cuando ya no queda nada, solo la ropa que me ha dejado sobre la cama para que me cambie, se sienta a mi lado y me acaricia la mejilla.
—En unas horas estarás viviendo conmigo.
Asiento, encantada. Nada me gustaría más en este momento.
—¡Ay, Ava! —exclama Jess entrando en la habitación—. No me acostumbro a verte en esta cama.
Ambos miramos a mi amiga, que trae varias sopas de letras, las deja sobre las sábanas y me da un beso. Entonces veo que Zeus las coge, mirándome con diversión en los ojos.
—¿Y todo esto?
—Es una obsesa de las sopas de letras —comenta Jess, sentándose al otro lado de la cama.
—Qué curioso —dice él.
—Tienes mucho que aprender y conocer sobre mí —bromeo, encogiéndome de hombros.
Coloca una mano en mi mejilla con una naturalidad que me enamora y se inclina sobre mí:
—Vamos, dilo. Me muero de ganas de hacerlo, honey .
Entendiéndolo a la perfección, suelto una carcajada y, deseándolo yo también, susurro su nombre. Me besa con delicadeza; no es muy largo, pero suficiente para desbocar mi corazón.
Cuando se separa, se despide de nosotras y nos deja un rato a solas. Mi amiga se acomoda a mi lado y saca unos donuts de su bolso. Sonríe y me da uno, el cual saboreo con ganas.
—¿Sabes? No me queda mucho para terminar los exámenes y empezar las prácticas.
Asiento. Jessica está muy entusiasmada con un curso intensivo de cocina que empezó poco después de comenzar a trabajar con Carl.
También tiene la carrera de ADE y otros estudios alternativos de cocina.
Por suerte, no ha tardado en encontrar uno que durase poco, tuviera mucha información y también prácticas.
Le encanta trabajar con Carl, pero siempre ha querido ser chef y tener su propio restaurante. Por suerte, está sacando unas notazas, y el bueno de nuestro amigo Carl es flexible a la hora de que se presente a los exámenes sin problemas.
—No sabes cuánto me alegro. ¿Tienes alguna idea sobre dónde quieres dar tus prácticas?
Asiente emocionada, tragando el donut.
—Te vas a quedar muerta cuando te lo diga. —Sonríe y se coloca en la cama de tal manera que queda frente a mí—. He elegido un restaurante en Los Ángeles.
¡Los Ángeles! Jamás pensé que hablaríamos de algunas de estas ciudades con la posibilidad de conocerlas. Estoy superemocionada por ella. Abro los brazos con cuidado y le sonrío.
—Abrázame, pero no seas bruta —aviso porque la conozco—. Me alegro un montón por ti.
Ella lo hace sin pensarlo y estamos un rato así hasta que se separa para hablar de nuevo.
—Es dentro de un mes, estaré allí dos semanas. Se me va a hacer muy raro irme sin ti. Nunca nos hemos separado.
—Lo sé, pero quiero que disfrutes de la experiencia al máximo.
Nos sumergimos en una conversación tranquila, en la que charlamos sobre lo que le espera en Los Ángeles y lo que me ha ofrecido Zeus. Una hora más tarde, él vuelve a la habitación con los papeles del alta.
—Tienes que levantarte y vestirte para que podemos irnos —me dice dándome un beso en la frente.
Jessica recoge el envoltorio de lo que hemos comido antes de despedirse de nosotros. Empiezo a incorporarme poco a poco, pero cuando estoy sentada por completo, me encuentro un poco mareada. Por suerte, se me pasa rápido. Con la ayuda de Zeus, consigo ponerme en pie.
—¿Estás bien? —pregunta acercando su frente a la mía. Respira hondo cuando digo que sí con la cabeza—. Ahora vamos a vestirte.
Lo miro divertida echándome hacia atrás el pelo.
—¿Sabes que puedo sola?
—Lo sé, pero quiero ayudarte.
—Está bien —claudico sin dejar de sonreír.
Estoy loca de amor en este momento. Saber que no tendremos restricciones para estar juntos me hace feliz. Sin embargo, me es imposible no pensar en Crystal, en si nos dejará en paz o estará acechándonos a cada instante.
— Honey , ¿me escuchas? —Parpadeo varias veces hasta que vuelvo a enfocarlo. Le pido que me lo repita, pues no me he enterado, y se acerca a mis labios de forma seductora—. Te decía que voy a quitarte la ropa.
Lo miro a sus ojos chispeantes. Sus pupilas están cada vez más oscuras y siento el deseo recorrer mi cuerpo. Hay doble sentido en eso, lo que me eriza la piel y me acalora el cuerpo. Sin decir nada, se coloca detrás de mí.
Sus manos se mueven despacio en mi espalda, desatando los nudos del camisón del hospital.
Sus nudillos me tocan por encima de la tela a conciencia, haciendo que mi estómago se encoja.
Lo abre y su respiración se posa sobre mi nuca.
Con una delicadeza que me seca la boca, desliza sus manos de mis hombros hacia abajo, quitándomelo todo.
—No sé qué has hecho —susurra en mi oído, besándome el cuello—.
Ni cómo haces para que deje a la mujer que me tiene atado desde hace años y para que ponga patas arriba el hospital de mi familia.
Se me acelera el corazón cada vez que te veo.
—Agarra mis codos, dándome la vuelta, y mis pezones sensibles rozan su ropa.
Acaricia mis labios con los suyos y habla sobre ellos—.
Sea lo que sea que hagas, jamás dejes de hacerlo.
No sé qué decir, el corazón me aletea como nunca, mi cuerpo se estremece con su contacto y mi cabeza solo me repite una cosa: es él. No hay dudas.
Me acerco para besarlo con devoción. Cuando el beso empieza a subir de tono, las manos de Zeus acarician mi espalda y cogen mis nalgas.
Una de sus manos va a mi nuca y, tras un mordisquito en el labio, se separa.
Me mira unos segundos con los ojos entreabiertos, después observa mi desnudez y suelta aire por la nariz.
—Nena, cuando se trata de ti no tengo contención y sabes que debemos parar.
A pesar de querer continuar y terminar sobre esa cama de hospital, sé que tiene razón y me separo un poco.
—Está bien —resoplo.
Con una sonrisa, coge mi pezón entre los dedos y lo estira haciéndome gemir. ¿No iba a parar? Estoy a punto de pegarme a él cuando llaman a la puerta. Menos mal que cerró con llave antes.
Zeus sonríe ante la cara que tendré y me besa.
—Espérame en el baño, voy a ver quién es.
—Que puedo solaaaa.
Paso por su lado, pero me detiene cogiéndome del codo.
—Ava...
Pongo los ojos en blanco ante su insistencia y le doy la espalda. Hay un espejo nada más entrar en el baño y veo que Zeus me mira el culo mientras le doy la espalda. Se me pone la piel de gallina.
—Deja de mirarme el trasero —digo divertida y sus ojos suben hasta los míos.
—Ahora vuelvo. —Me regala una sonrisa preciosa y cierro detrás de mí, pero no tardo mucho en oírle hablar al otro lado.
—Jayden.
Me detengo al oír ese nombre, ¿qué hace aquí? Hay un silencio hasta que reconozco la voz del pelirrojo.
—¿Dónde está?
Silencio.
—¿Para qué? —inquiere Zeus, molesto.
Maldigo. No ha habido nada entre Jayden y yo, aun así, siento que le debo una explicación.
Silencio y luego una risa.
—¿A qué has venido? —quiere saber Zeus.
—Sé que le han dado el alta, solo quería...
—¿No escuchaste lo que te dije? Vivirá conmigo, por lo que no debes preocuparte por ella.
—¿Estás seguro de poder darle lo que se merece? —contraataca el pelirrojo.
—¿Qué quieres decir? —La voz de Zeus se vuelve tensa, lo que empieza a preocuparme.
Necesito vestirme y salir para evitar lo que sea esto. Pero me es imposible ponerme la camiseta sin que un calor horrible me suba de la herida. Estoy tan concentrada en el dolor que tengo, que pierdo el hilo de la conversación.
—… problemas. Contén tu lengua y piensa antes de volver a hablar.
Escucho pasos y luego abrirse la puerta de la habitación.
—No me voy a alejar de ella, Zeus. A no ser que me lo pida.
—Lo hará.
Después de eso, la puerta se cierra y, al oír que Zeus se acerca, finjo que me miro al espejo.
—¿Quién era? —pregunto sin poder resistirme.
—No tiene importancia.
Lo observo mientras coge mi ropa, vuelve hacia mí y se coloca detrás. ¿En serio va a ocultármelo? Levanto una ceja, con la intención de que entienda que necesito la verdad, y suspira, apoyando su boca sobre mi cabeza.
—Era Jayden, quería llevarte a casa. No quiero que esté cerca de ti con esas intenciones.
Quiero decirle que se relaje, que solo somos amigos. Pero pienso en cómo habría reaccionado yo en su lugar y asiento.
Yo también lo habría alejado de alguien que quisiera conquistarlo.
—No pasa nada, pero debes entender que lo considero un amigo y lo veré a menudo. —En su mirada veo que no le hace gracia lo que le digo, pero no me importa. No tiene que permitírmelo, solo aceptarlo—. Confía en mí, por favor. Deja atrás el pasado y piensa en nosotros. Para mí, solo estás tú.
Se toma un tiempo, en el que me mira a través del espejo con esa intensidad que me deja sin aire. Luego, sus manos me rodean la cintura y me fundo contra su cuerpo.
Dios, este es mi sitio.