Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 48
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Capítulo 48

Tras mi consentimiento, una enfermera se lleva a Ava a la habitación, donde la esperan Dan y Jessica.

Antes de subir, debo firmar unos documentos y hablar con sus padres sobre cómo ha ido todo.

No sé por qué, pero eso me pone algo nervioso.

Su amiga me dijo que iba a llamarlos antes de que Ava entrara en el quirófano.

Debo decirles que estará en mi casa y no en su apartamento, eso dejará algunas cosas muy claras, y no quiero que se genere un rechazo por su parte.

Estoy saliendo de la sala donde despiertan de la anestesia cuando dos personas se encaran conmigo.

—¿Te has vuelto loco? No puedes estar dentro de un quirófano en una operación cuyo paciente no es tuyo —gruñe el padre de Crystal, alterándome enseguida.

—Pues claro que sí —suelta su hija—. Desde que esa zorra se metió en sus pantalones en el aeropuerto.

Doy un paso, amenazante.

—No vuelvas a hablar así de ella. No querrás decir delante de tu padre quién es qué, ¿verdad?

Donald y yo intercambiamos una mirada.

—Crystal, ¿a qué se refiere?

Vaya, vaya. Así que, después de todo, no se lo cuentan todo. Aunque, claro, ¿qué ganaría ella diciéndole a su padre que va follándose a los amigos de sus novios?

—A nada, ¿acaso le vas a creer? Solo intenta echarme el muerto a mí.

Tenso la mandíbula. Solo se merece que le cuente cómo es en realidad, pero, conociendo a Donald, se comportaría como un capullo con ella.

—Vas a lamentar elegir el camino erróneo —me suelta él antes de irse.

—Ni siquiera sé cómo piensas que va a aguantarte. Eres insufrible, insensible y solitario. Te dejará antes de que te des cuenta —escupe Crystal.

Por un momento, sus palabras me hacen pensar que no podría soportar que me dejara. Apenas he superado el mes sin ella; por lo tanto, no me imagino viendo cómo se marcha de nuevo.

Cierro los puños y voy a la habitación donde han llevado a Ava. Necesito verla. Pero, cuando entro, me detengo en seco al ver a Dan acariciándole el pelo mientras ella aún tiene los ojos cerrados. No pienso, no respiro. Avanzo hasta ellos y lo aparto de mala manera.

—¿Qué coño crees que haces? —bramo sin control.

Cansado de mi comportamiento, supongo, mi amigo se planta delante de mí. Está tan cerca que solo quiero golpearlo por enfrentarse a mí después de tocarla así. En el fondo, sé que tengo que controlarme, pero me resulta imposible si el pasado me golpea con fuerza en la cabeza.

—Dan, no quieras más problemas conmigo. Ni lo pienses, no con ella. Porque esta vez no tendrás perdón.

Mi amigo aprieta los puños y le noto la vena hinchada en el cuello.

—¿Qué coño insinúas? —Agarra mi camisa con ímpetu y el pulso se me dispara—. No voy a dejar que te montes historias sobre nosotros, sabes que estoy con Jessica.

Cojo aire entre los dientes al oír ese «nosotros», ¿qué se cree? No sé si es el estrés, o qué mierda me pasa, pero no puedo contener mis nervios y la impotencia de haberlos encontrado a solas me come por dentro.

—¿No tuviste suficiente aquel día? —gruño, acercándome todavía más—. Te partiré la cara si es necesario como...

—Cierra la puta boca de una vez, si no quieres que sea yo quien lo haga. Sabes lo que siento por Jess. Jamás me entrometería entre Ava y tú.

Lo sé, sin embargo, ya no puedo parar. Solo quiero pelear y liberar la puta tensión.

—Te ha faltado tiempo para quedarte a solas con ella —lo culpo.

Me sitúo muy cerca, por si tengo que golpearlo—.

Por no mencionar que también estabas con ella en el apartamento de tu novia.

—No habla; sé que lo hace para no discutir, pero yo no deseo otra cosa_.

¿Cuánto tardarás en intentarlo, eh, Dan?

¿Serás capaz de mantener tus zarpas lejos de mi chica?

—Sonrío con ironía—. ¿O volverás a esperar a que tenga un turno largo para ir a mi propia casa y tirártela?

Conforme digo eso, siento el puño de mi amigo contra la mandíbula.

Mi labio se raja y noto un hilo de sangre bajándome por la barbilla.

Me rozo con la lengua, impactado por el golpe.

Estoy a punto de defenderme, listo para partirle la cara, cuando veo que Ava se mueve en la cama. Luego escucho su voz.

—¿Zeus?

La miro desde el otro lado, se frota los ojos y luego los abre. Me ha buscado, me ha llamado. Solo a mí. Miro de reojo a mi amigo y, antes de ir con Ava, me giro hacia él.

—Tío, he...

—Lo has sido, pero ya hablaremos.

Da media vuelta y se va sin decirle nada a ella. Ava lo mira sin entender qué ha pasado. Me siento fatal, no he hecho más que cagarla. Creo que todo está pudiendo conmigo.

Me acomodo con cuidado en el borde de la cama y le retiro el pelo de la cara. Es preciosa. Todavía está adormilada, pero, aun así, la acurruco un poco hacia mí, con cuidado de no hacerle daño. La necesito conmigo, como nunca he necesitado a nadie en mi vida desde que mi madre se fue.

Le estoy acariciando el cuero cabelludo con los dedos, escuchando su respiración, cuando de pronto suelta:

—No me abandones. —Arrugo las cejas y tengo intención de responder cuando ella gime, lloriqueando. Entonces me doy cuenta de que está soñando—. Tú también no, Zeus. Quédate a mi lado.

Por un momento, quiero despertarla y preguntarle qué ha querido decir. ¿Quién la ha abandonado antes? Pero su cara tranquila me hace esperar, dejaré que descanse.

Le beso la frente.

—Jamás, honey . No creo que pudiera vivir sin ti.

No mucho después, la puerta se abre y entran Jessica y Dan. Intercambio una mirada con él, pero no dice ni hace nada. Me levanto de la cama con la intención de que ella pase un rato con su amiga, pero esta me detiene tirándose a mis brazos.

Tardo un momento en reaccionar y abrazarla también.

—Gracias, gracias, gracias —murmura una y otra vez.

—No tienes que dármelas, haría lo que fuera por ella.

—Mi revelación parece llamar la atención de todos, pues me miran en silencio.

La sonrisa de Jessica de «siempre lo he sabido» me obliga a cambiar de tema y saco mi teléfono del bolsillo—.

Dame el número de sus padres, quiero decirles que todo ha ido bien.

Jessica asiente y así lo hace. Después, salgo al pasillo. Al tercer toque suena la voz de un hombre.

—¿Quién es?

Cojo aire, estoy inquieto y sé que es por hablar con su padre. Agarro con fuerza el móvil e, inexplicablemente emocionado, hablo en su idioma.

—Soy Zeus O’Donnell. Sé que Jessica les ha avisado, pero quería explicarles yo mismo que todo ha salido muy bien. La operación ha sido rápida y Ava ya se está recuperando en la habitación.

—Tranquila, Sonia, todo ha ido bien. —Escucho cómo calma a alguien que está sollozando—. Hola, Zeus, soy Jorge, el padre de Ava. Jessica nos mantiene informados.

Por un momento, no sé a qué se refiere. ¿Saben quién soy? ¿Ava les ha hablado de mí? Otro sollozo me devuelve a la conversación y carraspeo.

—Había pensado que vinieran unos días, pueden quedarse en mi casa.

Un suspiro por su parte me hace mirar la puerta tras la que está Ava en una camilla, intuyendo que va a rechazar lo que le propongo.

—No podemos ir ahora.

—Pero a su hija la acaban de operar —digo alucinado—. ¿No desean verla?

—Por supuesto, ¡no lo dudes ni un segundo! Pero iremos cuando Hugo y Lucas vayan.

Sé quiénes son, he escuchado a Ava hablar con ellos. Sé que son amigos desde hace mucho. No quiero empezar con mal pie con Jorge, por lo que, intentando comprender su situación, acepto lo que me dice y no insisto.

Antes de volver a la habitación, Jayden aparece en mis narices con un ramo de flores. Me saluda con el rostro tenso, visiblemente preocupado, y entra en la habitación sin decir nada. Me asomo y veo cómo Ava le rodea con los brazos.

Ni de puta coña.