Capítulo 46
Miro de reojo a Ava, que hace todo lo posible por evitar que nos toquemos, a pesar de que pongo todo mi empeño en que nuestros cuerpos se rocen.
Me he sentado a su lado en la mesa redonda que hemos reservado.
Crystal está a mi derecha, la sigue Jessica, luego Dan y a continuación Jayden, al otro lado de Ava.
Puede que esté con él, pero su piel se eriza cuando llevo mis dedos debajo del mantel para tocar los suyos. Un cosquilleo me recorre cuando no aparta la mano. Miro su cuello, donde el oro blanco de su collar brilla junto con las iniciales de nuestros nombres.
Cuando el camarero se acerca, toma nota de lo que queremos cenar.
En el tiempo que transcurre hasta que nos sirven la cena, observo que Ava y Dan comparten una sintonía asombrosa, ni siquiera él y yo la tenemos.
No puedo evitar tensarme, dado el historial de mi amigo.
Pero consigo relajarme enseguida, aquello quedó en el pasado. Ahora está enamorado.
—Ava, qué bonito collar. —Miro de manera brusca a Crystal, que la observa con intenciones nada buenas.
Tendremos unas palabras después solo por haberse dirigido a ella.
—Gracias —dice Ava algo tensa, pero fingiendo a la perfección—. Es precioso, ¿verdad? —Sonríe acariciando la cadena, sé que con la intención de tapar la Z, aunque en realidad parece más un rayo.
Sus ojos se desvían hacia mí, es un acto reflejo muy veloz, pero soy consciente de cuántos se han fijado.
Justo cuando Crystal va a decir algo más, nos traen la cena y el movimiento de platos y copas la distraen.
A todos, más bien. A mí no, el edificio podría venirse abajo y yo solo estaría pendiente de ella.
Me muevo en la silla, acercándome a su oreja. El perfume delicado de su piel me cosquillea la nariz. Reprimo un gruñido y evito cerrar los ojos al olerla.
—Estás hermosa, honey .
Por un momento, decide no mirarme, no quiere quedar mal con su acompañante. Pero es esa maldita conexión que tenemos, y que nos está volviendo locos, la que le hace girar la cabeza. Casi me sorprendo al tenerla tan cerca.
¡A la mierda todo, joder! Es mía. Soy suyo. Voy a besarla delante de todos, y nos iremos juntos de la mano a casa...
—¿Quieres vino?
Fulmino con la mirada a Jayden, me está tocando los cojones demasiado esta noche. Pero no se da cuenta, está absorto en su acompañante. Ella, en cambio, sí se ha fijado en mi reacción y se ha movido de manera sutil para que él no pueda ver mis intenciones.
Ella asiente y le ofrece su copa, la cual llena en la medida exacta y Ava lo saborea antes de dejar la copa en la mesa.
—Qué rico —murmura ella con ese tono de voz tan increíble que tiene.
El muy gilipollas se le acerca, le toca el hombro desnudo y le besa la sien. La sangre me hierve en las venas. Molesto a más no poder, miro a Dan, que habla de algo que ocurrió la otra noche en su club. Necesito dejar de prestarles atención o, si no, me volveré loco delante de todos.
Estos celos son nuevos, jamás había sentido algo así.
Cuando pasó aquello con Crystal, sentí rabia, dolor quizás, fruto de creer que era amor.
Pero con Ava es distinto, es algo primitivo.
No quiero que otro vea su luz, su magia.
Ni esa forma de besar, de tocar, de susurrar y reír.
El corazón me da un vuelco al imaginar al puto Jayden disfrutando de toda su esencia.
De lo que debería ser mío si no fuese un completo idiota.
Paso toda la noche atormentándome con sus interacciones, con sus risas, y diciéndome a mí mismo, una y otra vez, que esto va a terminar. No voy a perderla.
***
Una o dos horas más tarde, salimos del restaurante. Voy algunos pasos por detrás de Ava y Jayden, siguiendo sus movimientos y atormentándome. Me fijo en cómo me mira Dan, pero no dice nada y se acerca a Jess para besarla en la cabeza. Como yo tendría que hacer con Ava.
De pronto, un coche se acerca a la entrada y, unos minutos después, se forma un revuelo de los buenos. Me parece ver a un tipo cuya cara me suena. Parece que a la prensa le interesa con quién viene a cenar, así que van a por él sin miramientos.
En ese momento veo como Ava se escabulle al interior del restaurante; al ver que nadie la sigue, aprovecho para ir yo también.
Voy tras ella hasta los baños, donde entra y hago lo mismo.
Por suerte, no hay nadie, así que cierro con llave la puerta y la miro a los ojos.
Su pecho sube y baja al verme a través del espejo redondo que cuelga de la pared.
Su escote se estrecha cuando coge aire. Cierro los ojos para no cometer una locura y resoplo en silencio.
Me acerco a ella por detrás hasta que nuestra ropa se roza, aunque mi cuerpo aún no la toca del todo.
Juega con los dedos sobre el mármol blanco del lavabo y me mira fijamente.
Pierdo la razón teniéndola tan cerca. Doy un paso más, mi pecho toca su espalda y bajo la cabeza, acercándome a su nuca.
Le acaricio la cintura y su cuerpo se mueve al sentir mi contacto.
La beso en el cuello, justo donde se encuentra la C7, haciéndola estremecer.
Subo con besos delicados hasta el lóbulo de su oreja, donde leo, entre los pendientes, su otro tatuaje: Storm .
Mientras le beso la mandíbula muevo las manos por todas partes: la cintura, el estómago, los muslos.
Subo un poco el dobladillo de su vestido y empujo un poco contra su culo al sentir mi vibrante erección.
Unos deliciosos suspiros se escapan de sus labios.
La inclino sobre el mueble, admirando su espalda desnuda, y llevo los ojos por donde paseo mis dedos.
Asciendo por su columna y el vello se le eriza.
Voy levantando el vestido mientras me deleito con las vistas.
Ava se mueve y apoya las manos en el cristal, acomodándose, y pierdo la cordura cuando me fijo en que está observándome.
—Ava... —susurro, echándome sobre ella. Me lo está poniendo muy complicado.
Su sonrisa pícara me toma por sorpresa y trago un nudo que se me acaba de formar en la garganta cuando noto que ejerce presión contra mi polla. Cierro los ojos y me paso la mano por el pelo.
Voy a comérmela.
—Zeus —jadea, suplicante. Sus ojos me piden que la consuma.
No me lo pienso.
Mi nombre, un beso.
La cojo por la mandíbula, le giro la cara y me lanzo sobre su boca. No tarda en abrir la suya, sacando la lengua para que la chupe. Y es justo lo que hago.
La devoro. Dios, me la como entera. Sus gemidos se ahogan en mi garganta y el sabor del vino que ha bebido se instala en mi paladar.
Cuando me separo un poco, me muerde el labio y empieza a bajarse las tiras del vestido, desnudando sus pechos redondos ante mí.
Llevo las manos a sus pezones y los pellizco, tiro de ellos, los masajeo y me inclino hacia delante cuando ya no puedo contener más la necesidad de chuparlos. Luego vuelvo a besarla en la boca.
—¿Estás segura? —pregunto cuando me separo de nuevo y le levanto el vestido hasta la cintura.
Me mira un instante, pero no piensa, no le da tiempo, y asiente sin apartar los ojos de mí.
Mi preciosa cabezota. Rompo su tanga por un lateral, consiguiendo que ahogue un grito bajito supersexy .
Por el espejo veo el tatuaje de su escote.
Le doy la vuelta y la siento sobre el lavabo.
Se lo beso, pero en mi cara se debe apreciar el sufrimiento.
—No le prestes demasiada atención.
Pero me es imposible.
—Muchos lo habrán leído.
—Sí —murmura tocando mis hombros.
—Y besado.
—Puede. —Tenso la mandíbula, quiero romperlo todo hasta que sus dedos me tocan los pómulos, llamando mi atención. Se echa hacia mí, con sus bonitos senos moviéndose—. Pero nunca, nadie, me ha hecho sentir todo lo que me haces sentir tú.
Parpadeo sin saber qué decir. Otra vez lo mismo: ella me entrega sus sentimientos y yo no tengo nada que añadir. Me tiemblan las manos cuando intento tocarle el cuello. Le acaricio las mejillas con los dedos acercándome lentamente a su boca.
— Honey , yo... quiero que nosotros...
Mierda. ¿Por qué me cuesta tanto?
—Tranquilo —me dice, con un tono meloso y romántico—. Solo bésame. Ya tendremos tiempo de hablar.
Con el corazón a mil por hora por estar con la mujer que deseo desnuda ante mí, lo hago. La beso con hambre, con una necesidad que me hace vibrar, con unos sentimientos que cada vez son más fuertes y me descolocan.
Siento sus manos desabrochando mis pantalones. Entre miradas conseguimos deshacernos un poco de la ropa, lo necesario para conectar y darnos placer.
—Estamos locos —dice antes de que le muerda el labio y acaricie sus pliegues con mi miembro.
—Siempre lo hemos... estado. No es nada nuevo.
Su jadeo me roba el alma.
Tomando aire entre los dientes, empiezo a empujar contra ella.
Ava se agarra al borde del mármol y abre las piernas para mí.
Expulso el aire cuando me siento acoplado por completo a su cuerpo.
Me arde todo. Cuando nos hemos acostumbrado a la sensación de volver a estar así, me salgo un poco y la embisto con fuerza, robándonos el aliento.
Clava las uñas en mis hombros para sujetarse con fuerza y se muerde el labio para no gritar.
La beso con desespero.
—Sabes que odio que no grites, nena —susurro contra su boca antes de volver a chocar con su cuerpo.
Noto su interior caliente, mojado y resbaladizo. Mi polla palpita dolorosamente, podría correrme ya mismo.
—Me van a oír, cielo. —Me obligo a no detenerme al oír cómo me llama. Le beso el cuello y no dejo de follarla con ganas.
—Te van a oír gritar mientras te hago tocar el cielo. —Empujo y entro de nuevo en ella—. Te van a oír disfrutando mientras el único que puede hacerte esto te folla.
Mis penetraciones son cada vez más rápidas, más exigentes. Ava me pide, me araña y me muerde. Siento que el orgasmo bulle en mis venas, recorre mis huesos y me tensa todo el cuerpo. Su sexo se contrae cuando suelta un gemido ahogado y clava los talones en mi espalda.
—Nos están esperando fuera.
Le pongo las manos debajo del culo y la levanto, ahondando más en ella. Es lo más parecido a estar en el cielo. Me acerco para besarla, para que no piense en nada más que en esto que está pasando. En nosotros.
—Ambos sabemos que no pertenecemos a nadie más. Eres mía, honey —embisto—. Soy tuyo.
Ella me mira, pues mis palabras la sorprenden, lo veo en su mirada. Mi confesión, aunque no es la declaración de amor que pueda esperar, hace que llegue al límite y eso me convierte en el hombre más afortunado.
—¡Zeus!
Gime tan alto que se oye por todas partes.
—Así, nena, así. No te contengas.
Echa la cabeza hacia atrás, sus pechos rebotan por la dureza de mis embestidas y se corre con tanta fuerza que mi corazón se detiene. Es preciosa. Está desnuda ante mí, dejando que me haga con su cuerpo y me apodere de su alma. Me coloco detrás de ella y ambos disfrutamos de un orgasmo explosivo.
Es la primera vez que lo hacemos sin preservativo, sentirla piel con piel ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. No me importan las consecuencias, espero que ella confíe en mí.
Ava se incorpora un poco, aunque no hace que me separe. Me toca el pelo con un cariño que me caldea la piel. Giro la cabeza y le beso la muñeca. Cuánto la he echado de menos.
Tengo tantos sentimientos en el pecho, tanto... tanto amor que sé que solo es suyo...
—Eres lo único bueno y verdadero que tengo, honey . Por lo único que de verdad quiero luchar —digo sin más, sintiéndolo en lo más profundo de mi ser.
Ava me mira, clavando esos bonitos ojos grises en mí.
Sus dedos perfilan mi rostro y terminan sobre mi cicatriz.
Cierro los ojos unos segundos, tomando aire, pero esta vez no me alejo, dejo que la toque.
Noto las yemas sobre mi piel rugosa, sobre ese recuerdo que perdurará para siempre en mí.
Siento tranquilidad con sus caricias. No me enfado, no me muevo, solo estoy ahí para disfrutarlo y no puedo más.
No puedo más, maldita sea.
Abro los ojos de golpe, ella se detiene a la espera.
—Te quiero, honey .
***
El lunes por la noche, después de pasar todo el domingo con Ava, vuelvo a mi ático tras hacer una larga operación al hijo de Mark Wilson —el dueño de una empresa internacional de energía—, que ha sufrido un grave accidente y casi pierde la pierna.
Abro la puerta de un golpe, haciendo que choque con la pared, y Crystal aparece en el salón a recibirme.
—¡¿Dónde coño has estado?! —brama caminando hacia mí.
—Tienes una hora para recoger tus cosas y desaparecer. Dile a tu padre que mis abogados hablarán con él esta semana.
Paso por su lado y voy a nuestro dormitorio. Digamos que le acelero un poco las cosas, puesto que saco su ropa de los armarios y sus cosas del baño. Ella grita detrás de todos mis movimientos, pero me da igual. No la quiero aquí, no la quiero cerca de nosotros.