Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

¿Qué cojones?

La miro desconcertado, sintiendo cómo una fuerte ira empieza a subir por todo mi cuerpo.

No sé qué nombre ha dicho, me ha parecido oír «Jemie».

¿Acaso está conociendo a otro? Me he llevado más de un mes jodido, de mal humor y pagándola con todos, y ¿ahora ella me viene con esto?

Jessica y Dan me han estado mintiendo. Entonces ella sí que ha pasado página y ahora está con otro.

Ava se mueve nerviosa por la habitación, se masajea la frente con los dedos e intenta relajarse con ejercicios de respiración, los cuales está haciendo mal y, al final, empeorará. A pesar del cabreo, no puedo dejar que sufra. Doy una zancada y agarro sus manos.

— Honey , deja de respirar tan rápido.

Me mira a los ojos, deteniéndose de golpe, y aprieto un poco los labios.

Tengo que dejar de llamarla así. Sus ojos grises viajan por mi rostro, parecen asustados y a la vez ansiosos, algo que llama mi atención.

Aun así, acato el plan inicial: ir con pies de plomo.

Aunque ahora parezca receptiva, dudosa, no quiero joderla de nuevo. No voy a tocarla ni mentirle ni bes...

Me quedo mudo cuando su boca se estrella contra la mía.

La tengo pegada a mí, con los ojos cerrados y con sus labios moviéndose de una forma muy seductora, tanto que pierdo la razón.

Pero no me da tiempo a reaccionar, me ha cogido tan de sorpresa que ella ha abierto los ojos antes de que yo haga o diga nada y se aleja de mí sorprendida ante mi nula reacción.

—Yo... yo... Ay, Dios mío, ¿qué estoy haciendo? —Su voz es apenas un murmullo, pero puedo escucharla bien.

Todavía siento el calor de sus labios sobre los míos y me los lamo, notando un cosquilleo en mi miembro. Al verla más nerviosa que antes, doy un paso hacia ella y sonrío con complicidad sujetándole la barbilla para que me mire.

—Joder, honey , me has pillado desprevenido. —Frunce el ceño y parpadea, pero le sonrío y le beso la nariz—. Solo iba a hablar contigo, a suplicarte de nuevo que volviéramos a empezar. Pero...

—¿Qué quieres decir?

No tendría que contárselo, era un secreto de los tres, pero se acabaron las mentiras.

—Jessica me ha dejado entrar si antes le prometía que no te agobiaría, que no te seduciría ni besaría. Solo iba a disculparme otra vez. A verte —susurro y doy un paso más, estrechando su cuerpo contra el mío, luego hundo la cara en su cuello y se estremece—, a olerte.

A pesar de cómo su cuerpo reacciona y de cómo su corazón se altera por estar conmigo, se tensa.

—No tendría que haber pasado. Dios...

Levanto la cabeza de su cuello y la miro. ¿Acaso se está arrepintiendo de besarme? No, no, no, tengo que dejarle claro que puede repetirlo siempre que le apetezca.

Niego con la cabeza, aguantando las ganas de besarla de nuevo por temor a asustarla.

—Puedes besarme cuando quieras, a la hora que quieras y en el momento que desees.

Nena, vivo para tus besos... para ti —hablo con el mismo tono de voz cerca de su boca, pero sin tocarla—.

No sabes cuánto he echado de menos tus besos.

—Le acaricio la mejilla y ella cierra los ojos ante mi tacto—.

Aunque no más que a ti, a tu sonrisa y a tu descaro.

—Sonríe sin abrir los ojos y observo con deleite su preciosa cara. Me muero por besarla.

De repente, su respiración se agita. Sigue sin abrir los ojos, pero entreabre sus tentadores labios para soltar un suspiro.

Mis ojos van directos allí y la boca se me seca.

Con tranquilidad, recorro su mandíbula con el pulgar hasta llegar a su labio inferior.

Lo acaricio, luego lo suelto y trago saliva cuando vuelve a su lugar, despacio y provocador.

Para controlar mis impulsos más primitivos, pego mi frente a la suya, respirando. Y entonces abre los ojos.

Nos miramos hasta que baja la mirada, enfocando mis labios.

No puedo aguantarlo más. Tiro de su cara con ansias y ahora soy yo quien cierra los ojos ante el placer que me consume.

La beso con desespero. Su boca se mueve a mi ritmo, asegurándome que quiere que continúe, que no debo detenerme.

Acaricio su espalda sin separarme ni un milímetro.

Camino con ella entre mis brazos hasta apoyarla en esa maldita cómoda donde todo acabó.

No me importa si el mueble ha hecho ruido al estamparlo, tampoco el jadeo que Ava no ha podido contener.

A pesar de lo que está pasando, mi cerebro lo procesa: por fin está conmigo.

Pero sus manos, aferradas con fuerza a mi camisa, me hacen dejar de pensar y la levanto para sentarla sobre el mueble.

Al instante, abre los ojos ante el movimiento.

Eso me asusta, no quiero que me aleje de nuevo, así que me detengo, a la espera, mirándola mientras intenta controlar su respiración.

Sus piernas aprietan mi torso. Miro hacia abajo y veo cómo la tela de su corto vestido se sube por sus muslos. Cuando miro su escote, la mandíbula se me tensa al ver asomar parte de su tatuaje. Solo yo puedo verlo, joder. Me volvería loco si alguien más...

Ava rompe mi tormento al cogerme la cara entre sus manos frías. Va a decir algo, pero la puerta comienza a abrirse y eso la detiene. Salta del mueble, me empuja y se arregla la ropa. Pero, por el gruñido que escucho, nos han pillado.

—¿Qué hacéis? —Jessica nos fulmina y me mira por encima del hombro de su amiga. Se acerca a ella y le coge la cara como inspeccionándola—. Se suponía que solo hablaríais, estáis hechos un desastre.

No evito una risa nasal que Ava escucha. Se gira y me mira airada, aunque encantadora, con todo el brillo de labios borrado y los labios rojos por mis besos. Pone los ojos en blanco y... casi silbo de excitación.

A mi entrepierna le sigue encantando ese gesto suyo tan fiero.

Da un paso hacia la puerta y miro su culo redondo moverse bajo la tela de su vestido de lentejuelas. Igual de fiero que ella. Es perfecta.

—Me las vas a pagar, Jess. —Por un momento pienso que solo quiere estrangular a su amiga, pero entonces se gira a medio camino y me mira a los ojos—. Vámonos, nuestras parejas nos esperan.

Odio que asuma que Crystal vendrá, porque significa que está muy segura de que todo va por delante de ella.

Y no puede estar más equivocada, ni en eso ni en creer que voy a permitir que otro hombre se le acerque.

La ira empieza a consumirme y Jessica corre la mala suerte de detenerme en la puerta de la habitación.

—Dijiste que solo...

La callo con una mirada severa.

—Haré lo que sea para recuperarla. Me llevaré por delante lo que sea... a quien sea.

Paso por su lado y salgo de allí. Jugaremos si es lo que quiere.

***

Al llegar al restaurante, donde tenemos que esperar a que Ava llegue con su cita, evito a toda costa que Crystal fuerce nuestro acercamiento. Hace un mes que le dije que lo nuestro se había acabado, aunque todavía vivamos juntos y tenga que llevarla conmigo.

No quiero que monte escenas, que caliente a su padre con sus berrinches de mujer mimada y eso haga que tenga que batallar una guerra que no debería. El hospital es mío y...

Pero ¿qué cojones?

Mi cerebro se muere cuando Ava aparece acompañada por Jayden, el primo de Dan. Ese nombre era lo que había murmurado en su habitación y no Jemie... El idiota rodea su cintura, enorgullecido por ir con ella del brazo.

Cuando se detienen delante de nosotros, Crystal bufa. Sé que sabe quién es desde un principio, aunque todavía estoy esperando que estalle la bomba.

—Maldita sea, cuanto tiempo. —Jayden se acerca a mí y me da unas palmadas en la espalda.

Por un momento, quiero golpearlo por estar con ella, por mirarla siquiera, pero es Jayden. Lo conozco desde hace tanto como a Dan, siempre han ido juntos hasta que cada uno tuvo que hacerse cargo de su propia vida. ¿Cómo cojones se han conocido?

Mis ojos van a parar a Ava y le hago saber lo molesto que estoy por esto. Aunque incluso yo sé que es de hipócritas, porque mi prometida está a mi lado. Y es que Ava ni siquiera sabe que Crystal lleva un puto anillo de compromiso.

Al principio era muy fácil, me daba igual lidiar con una mujer a la que no amaba ni deseaba hasta conseguir lo que quería.

Pero ahora que está Ava, todo se complica.

No quiero a nadie entre nosotros. Y cada vez soy más consciente de que tengo que dejar esta mierda si no quiero perderla para siempre.

—Y que lo digas. —Los miro de manera intermitente, la cara de Ava está rígida y sus ojos se desvían hacia donde sé que está Crystal. Me muevo poniéndome delante, para que deje de verla—. Vienes muy bien acompañado.

Los dos la miramos y el pelirrojo sonríe como un crío sin apartar sus ojos de ella.

—A veces la suerte llama a nuestras puertas.

Suelto una risa por la nariz, entre cabreado y de acuerdo con él. Ava es un tesoro. Un tirón de mi mano me saca de la ensoñación.

—¿De qué coño vais? —pregunta Crystal entre dientes, al darse cuenta de cómo nos miramos.

Su aparición es suficiente para que Ava le diga a Jayden algo que no consigo descifrar y se marchen con Dan y Jessica al interior del restaurante. No aparto la mirada de su figura hasta que desaparece; entonces, me giro hacia el mayor error de mi vida y me acerco a su cara.

—No vuelvas a tocarme. No. Me. Toques. Más. Joder.

Paso por su lado para ir con los demás, un aguijonazo me pincha el pecho cuando veo a Ava reír por algo que Jayden le cuenta. Están muy cerca, tanto que parecen una parejita feliz.

«Debería ser yo quien estuviera sentado a su lado», me digo apretando los puños.