Capítulo 33
No he podido quitármela de la cabeza.
A pesar de no saber nada de ella, sigo insistiendo en la posibilidad de conocerla. Cuando la tuve delante en la cafetería, tan cerca, algo primitivo me atravesó la mente al verla con ese tipo. Sacarla de allí fue un impulso tonto, no me conviene que entre en el foco de atención de Crystal.
Tampoco sé cómo demonios se me está yendo tanto la cabeza como para tratar de tener una cita a pesar de su negativa.
Mierda, nunca nadie me ha rechazado. Aun así, acabo enviándole un mensaje aceptando sus condiciones.
Espero que no indague demasiado en cómo he conseguido su número, porque tendría que contarle que su amiga no sabe decirle que no a Dan.
Otro impulso más. ¿Buscar el número de una tía?
Venga ya, a mí no me hace falta. Al menos no hasta que la he conocido a ella.
Y esa negación, la rabia en sus ojos cuando me ha mirado, su cuerpo a la defensiva cuando empieza a sentir por mí el mismo deseo que cobra vida en mi interior solo con pensar en ella...
Me está volviendo loco.
Cada vez que pienso en ella, me reprendo repitiéndome una y otra vez que es una desconocida, que solo debería enfocarme en mi prometida y en intentar avivar la llama que ella misma extinguió hace años.
Pero de nada vale todo lo que me diga, Ava vuelve a mis pensamientos cada minuto del día.
Y eso tiene que terminar. Toda esta obsesión y esta fijación por conocerla tienen que acabar si no quiero perder el hospital de mi familia y, para ello, tengo que cumplir este compromiso con Crystal.
Suelto un bufido cuando me detengo en la entrada de una de mis cafeterías, una de mis inversiones. No me hace gracia tenerlas, pero dan dinero, así que...
Saludo a un par de trabajadores mientras camino hacia uno de mis socios para hablar de expandirnos. Queremos otro Coffee 212 en Park Slope, y eso nos lleva casi toda la maldita tarde reunidos.
***
Cuando por fin llego a casa y apenas he dejado mis cosas, Crystal empieza a besarme, a tocarme y a seducirme como siempre hace.
No sé por qué sigo permitiéndoselo, supongo que es para tenerla contenta.
Jamás imaginé que una persona me tendría tan cogido por los huevos, mucho menos la mujer de la que un día me enamoré.
Aunque no consigo sentir nada, dejo que lo haga, que me bese en cada parte que se le antoja, excepto la boca. En un momento, llevada por el deseo, va a tocarme la cicatriz del ojo, pero le agarro la muñeca con brusquedad.
—Si quieres seguir con esto, no toques lo que no debes.
Crystal asiente y se desnuda frente a mí. Deja sus pechos al descubierto y se quita las bragas. De repente, la imagen de Ava en el cuarto de baño del aeropuerto aparece ante mí, nublándome el juicio por completo. Desconcertado, me acerco a Crystal, hambriento de ella. De Ava.
La toco, le acaricio los pezones duros y bajo mi mano a su sexo.
—Cierra los ojos. Y no los abras hasta que te lo ordene, como descubra que lo haces se acabó. —Mi voz suena agria, pero Crystal obedece.
Cuando lo hace, empiezo a jugar. Cierro los míos. Doy un paso al frente, pegando nuestros cuerpos mientras mi dedo corazón se desliza por sus labios húmedos. Le beso el cuello, imaginando que es el de esa desconocida que se está adueñando de mis pensamientos.
La imaginación se apodera de mí y me arrodillo frente a ella, devorando su sexo sin hacer preguntas, sin dudar.
No reprimo un gruñido cuando la tomo. Mi lengua juega con su humedad, saboreando cada gota de su interior.
Ella me agarra del pelo con fuerza mientras empiezo a ascender con besos, deteniéndome en sus pechos.
Con urgencia, necesitado de sentirla, la cojo en volandas y la dejo caer en el sofá con cuidado.
Me coloco encima, le abro las piernas y comienzo a hundirme en ella.
La embisto con fuerza, deseoso de que grite mi nombre como tanto me gusta, pero no sucede.
Aun así, le sujeto las caderas con una mano para empujarla más hacia mí, buscando una señal, una reacción.
Necesito oír su voz, pero sigue en silencio.
No grita, no jadea. ¿Por qué? ¿No le gusta lo que le hago?
—Grita —exijo. Sigo embistiendo, ella no deja escapar ni un leve suspiro. Frustrado, empujo con más fuerza y, con los ojos cerrados, me acerco a su boca—. Grita, te he pedido que lo hagas. Sabes que me encanta cuando lo haces —confieso llevado por otro impulso de mierda.
Siento que su cuerpo se tensa, es la primera vez que pasa. Las otras veces que la he besado ha sido todo lo contrario: el cuerpo menudo y delicado de Ava se ha deshecho entre mis manos. Acaricio su piel, con la intención de que se relaje, pero algo sigue rígido en ella.
Tras algunos besos en el cuello, siento que sus piernas se aflojan, abriéndose y facilitándome los movimientos de nuevo.
Esta mujer es exquisita, su pelo negro parece seda.
La sonrisa atrevida que conocí en el aeropuerto mueve sus labios rosados, tensándome la espalda.
Siento el placer correr por mi columna, llegándome a la erección y sacudiéndome hasta que me vacío dentro de ella.
—Esto solo lo provocas tú, honey . —Aprieto los puños y me libero.
Unos segundos después, mi fantasía se esfuma. Ya sabía que no era real, no es eso lo que me desconcierta. No me sorprende ver a Crystal desnuda y perpleja debajo de mí, sino la inmensa decepción que siento, por primera vez en mucho tiempo, al no encontrar a Ava conmigo.
Me levanto molesto y asqueado por lo que acaba de pasar.
Miro mi erección, cada vez menos notoria, y maldigo que no hayamos usado protección.
Me importa una mierda que Crystal tome la píldora, cosa que controlo porque no voy a permitir que se quede embarazada de mí.
No quiero sentirla piel con piel, no quiero eso con ella.
A saber con cuántos se acuesta cuando no estoy.
La miro una última vez, con el pecho agitado, pero sintiendo cómo se me agria el humor con cada segundo que pasa. Joder, esa mujer que no hace más que rechazarme ha conseguido que actúe por impulso más veces que nadie.
Tengo que seguir viéndola como sea.