Capítulo 26
No puedo creer que la haya vuelto a ver.
Pensaba que eso sería imposible, que jamás la encontraría de nuevo.
Nada más cruzarme con ella, he sentido la necesidad de acercarme; por eso, cuando se ha dirigido a los aseos, la he seguido.
Quería tenerla cerca, volver a tocarla… pero, en vez de eso, me la he encontrado llorando.
Cuando me he situado detrás de ella, frente al espejo, la imagen me ha pillado por sorpresa.
Ella era como una luz y yo su sombra. Me alzaba detrás de su cuerpo, ciñéndome a ella a la perfección.
Sabía, cuando se tocó el cuello, por qué estaba así, pero no podía decir nada.
Con lo cual, le he pedido una cita, pero ella no es de esas.
Me ha dejado claro que no va a ser tan fácil.
Bueno, ella no sabe que me encantan los desafíos.
No me esperaba el golpe, la verdad, y me ha cabreado sobremanera.
Aun así, no puedo evitar seguirla. Necesito hablar con ella y disculparme, pero veo que se detiene junto a Dan, que está hablando con la otra mujer que la acompaña.
Mi amigo, que me conoce muy bien, al ver la postura de ella, me fulmina con la mirada y viene en mi dirección sin despedirse siquiera.
La mujer que me tiene la cabeza jodida se gira durante unos segundos para mirarme y después, junto a su amiga, sale del local.
¡Mierda!
—¿Qué has hecho? —pregunta Dan mirándome muy de cerca.
—Nada. He tenido un encontronazo con ella en el aseo, pero ya estaba llorando cuando la he visto. Mujeres, joder.
Voy a empezar a andar, para que no vuelva a preguntarme nada, pero entonces me coge del brazo y me empuja hacia atrás. Lo miro molesto, no quiero un puto numerito. Me suelto con un movimiento del brazo, espero que sepa parar. No puedo evitar mirar hacia la puerta varias veces.
—Me cago en la puta, ¿de qué la conoces? —dice llamando mi atención y lo miro sin decir nada—. La buscas a pesar de saber que se ha ido, ¿de qué la conoces? —repite.
Confundido por estar actuando de esta manera, muevo los hombros, incómodo, y lo reto con la mirada al acordarme de algo.
—¿Y tú? ¿Qué hacías con ellas?
—Ligar. —Se encoge de hombros quitándole importancia.
Estiro un poco el cuello al escucharlo. Al ver mi cara, suelta una carcajada, me da una palmada en el hombro y, tras ponerme una mano en la nuca, me acerca a él.
—Cabrón, cuéntame de qué la conoces. Yo ligaba con su amiga. Esa mujercita ha llamado mi atención en cuanto ha entrado por la puerta.
Me río, no mucha gente consigue que lo haga.
Cuántas veces habré escuchado a mi amigo decir eso mismo cuando una mujer le ha interesado.
Caminamos hacia la barra mientras le cuento lo que ha ocurrido en el aeropuerto y suelta una risotada el muy cabronazo.
Cuando termino, nos sirve unas copas bien cargadas.
Al rato, Dan tiene que irse a solucionar un problema y me toca quedarme de nuevo a solas con Crystal. La miro un momento, son tan distintas... Bufo por lo bajo y me bebo la mitad de mi consumición de un trago.
Hay que joderse.