Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

A partir de este embarazoso momento, tengo la sensación de que todo ocurre muy rápido. Nos besamos y disfrutamos el uno del otro, hasta que un espasmo en mi interior me avisa de que voy a llegar al clímax. Él lo ha notado también y sonríe de medio lado.

La seguridad que desprende se me contagia y, para culminar este increíble momento, me muevo con sensualidad y control consiguiendo que el hombre que tengo delante se muerda el labio, respire con fuerza por la nariz y cierre los ojos dejándose llevar.

Solo entonces, me permito terminar y sentir el orgasmo más abrasador que he tenido nunca.

Cuando se nos relajan las respiraciones, cuando la realidad me golpea de lleno, me muevo en sus brazos y consigo que me baje.

Me arreglo la ropa con su mirada lobuna en mí, parece excitado y confundido, una mezcla nueva para mí, pero que comparto con él.

Lo está tanto que puedo apostar por tercera vez, y ganando de nuevo, a que nunca ha sentido algo como lo que ha experimentado conmigo.

Puedo parecer creída, pero no me arrepiento por ello.

Toda mujer sabe cuándo y por qué ha dejado sin palabras a un hombre.

Me meto detrás de la oreja un mechón de pelo que se me ha escapado del moño cuando él sube su ropa y se acerca a mí de nuevo mientras abotona su pantalón.

—Ha sido...

—¿Impresionante? —No lo dejo continuar y tengo que decir que me encanta su cara cuando lo hago.

—Sí, impresionante —repite mirándome, con la ceja levantada, estirando así la cicatriz de su ojo—. ¿Cómo te llamas?

Vale, llegó el momento de desaparecer. Aunque estoy de acuerdo con él y también dispuesta a repetir, no va a pasar. No voy a decirle mi nombre, ¿es que se ha vuelto loco? ¡No lo conozco de nada! Dando un paso atrás, alzo la cabeza para mirarlo.

—A mí también me ha gustado, pero no voy a decirte mi nombre ni quiero saber el tuyo.

—Hay más confusión en su mirada y más atracción en mi cuerpo hacia él.

¿Qué me pasa? Parpadeo varias veces, antes de centrarme en la conversación—.

Solo puedo decirte que has sido un increíble amante estos quince minutos, campeón.

Lo que hace a continuación me deja sin palabras.

Me acelera el corazón, no puedo creer que semejante remolino se apodere de mi estómago con unos pocos gestos.

Con una personalidad arrolladora y atractiva, se pasa las manos por su oscuro y ondulado cabello, se moja los labios con su imperiosa lengua y suelta una risa que me encoge los músculos.

—De acuerdo. Entonces, solo puedo decirte que el placer ha sido mío, honey .

Tras mirarlo unos segundos como despedida, abro la puerta y salgo en busca de mi amiga. Estoy segura de que me va a matar por dejarla sola tanto tiempo.

***

—¿Dónde has estado? —pregunta Jess en tono molesto. Luego mira hacia abajo y levanta una ceja—. ¿Y tus medias?

Mierda, he estado tan centrada en volver con ella que no he notado el frío en mis piernas hasta que lo ha mencionado.

Aun teniendo una prueba que puede delatarme si piensa demasiado, barajo la posibilidad de si contárselo o no.

Por un lado, me siento muy bien después de lo que ha ocurrido, pero que pueda juzgarme me asusta un poco.

La miro unos segundos, me está observando inquieta esperando una respuesta, y decido ser sincera con ella.

Es mi amiga desde siempre y nunca nos hemos ocultado nada.

Tuerzo los labios como suelo hacer antes de confesar algo y reprimo una sonrisa cuando Jess los mira sabiendo a qué se debe.

—Follando en el baño —cuchicheo en voz baja contra su oído.

Abre la boca con exageración y se aproxima a mí chocando nuestros hombros y acercando su cara a la mía.

—¿En serio? Me cuesta aceptar que Marcos se haya presentado aquí y tú hayas caído en sus juegos. Te creía más fuerte, Ava.

Frunzo el ceño, molesta por suponer que podría tener algo con él después de lo que le conté en el taxi. Pero entonces soy consciente de que es normal que piense en Marcos, ella no sabe nada sobre el desconocido.

La miro y sonrío, ya quisiera mi ex darme un orgasmo como el que acabo de tener.

—Ha sido con un hombre que he conocido en la tienda, me ha tirado unos cafés encima, he ido a los aseos a limpiarme y él me ha seguido. Dios mío, Jess, está buenísimo. Ojalá lo hubieras visto, te encantaría.

Le explico a mi amiga todo lo que ha pasado, mientras ella va cambiando de caras conforme voy avanzando en la historia. Debo reconocer que sueno más emocionada de lo que habría querido.

—Tendría que haber ido yo a por esos cafés —comenta haciéndome reír.

Sumidas en nuestra conversación, cogemos nuestro equipaje y avanzamos hasta colocarnos en la fila que se ha formado. Mientras camino detrás de ella, veo al hombre desconocido recibiendo un beso en los labios de una rubia espectacular.

Me quedo tan sorprendida que no puedo apartar los ojos de la escenita y acabo chocando de manera brusca con Jess, que, al parecer, se ha detenido.

El golpe es tan fuerte que mis maletas caen al suelo con un ruido sordo, logrando que todos a nuestro alrededor centren su atención en mí.

Y cuando digo todos, también me refiero a ese engatusador.