Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 17
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Capítulo 17

Vaya semanita de cojones he pasado en Madrid con Crystal, menos mal que hoy cogemos el vuelo de regreso.

Tengo tantas ganas de largarme, de empezar a trabajar para poder perderla de vista que son las ocho de la mañana y ya lo tengo todo listo.

Aún hay tiempo para desayunar y llegar al aeropuerto.

Íbamos a utilizar mi jet privado, pero molestar a Crystal es lo único que hace que pueda soportar toda esta mierda.

Después del desayuno, decidimos salir y en la calle me encuentro a un hombre tirado sobre cartones con un perro que lo acompaña; como era de esperar, Crystal pasa por delante y ni lo mira.

En cambio, yo vuelvo a entrar en el hotel, le compro algo para comer y le dejo algo de dinero, que espero que no utilice mal, en una bolsa.

Hay gente, como nosotros, que nacemos en familias sin ningún tipo de problemas económicos, y otras que no tienen nunca qué llevarse a la boca o que su mayor manjar es un trozo de pan duro, por lo que no me supone nada ayudar a quién lo necesita.

Suelo donar dinero a organizaciones para personas desamparadas u otros hospitales que no tienen tantos recursos.

Necesito que mi dinero se utilice para una buena causa y no solo para comprarme relojes caros.

—Cada día te entiendo menos. No regales tu dinero, y menos a gentuza.

Miro al frente, observo a la gente ir y venir, los coches circulando y cómo las cafeterías se llenan de gente trajeada.

En realidad, no somos tan diferentes. Echo un vistazo a Crystal, que va acompañada de una chica a la que ha contratado para que la peine y maquille esta semana.

La joven se llama Ivonne y es delgada, tímida y educada; da gusto hablar con ella.

Dejo escapar el aire y vuelvo a mirar al frente.

—Algún día tendrás compasión y empatía, al menos espero que así sea.

Crystal no me responde y sigue caminando hasta que llegamos al coche que hemos alquilado, abre la puerta para subir y cierra de un portazo. Pido disculpas a Ivonne, que no sabe dónde meterse, y le abro la puerta.

Cuarenta y cinco minutos después llegamos al aeropuerto, donde nos sentamos a esperar nuestro vuelo. Ivonne y yo hablamos de sus planes de futuro, y me sorprende saber que quiere ser diseñadora de moda; al parecer, toda la ropa que ha usado esta semana ha sido confeccionada por ella.

En cuanto Crystal nos ve charlando, se sienta sobre mis piernas y empieza a acariciarme el pelo, su mano va hacia mi cara y me roza la mejilla hasta llegar a mi ojo izquierdo.

Molesto, le aparto la mano con brusquedad.

No sé a qué coño ha venido que haga tal cosa, ni qué quiere conseguir con ello, pero me ha hecho enfadar.

Me muevo para que se quite de encima y consigo que se siente en otra silla, no quiero tenerla cerca en este momento.

Sabe muy bien que no puede tocar esa zona de mi cara, nadie lo ha hecho, y mucho menos quiero que lo haga ella.

Cruzo una pierna sobre la otra, observando el aeropuerto y a todas las personas que van con sus maletas en la mano.

En la puerta de la tienda que hay a unos metros delante de mí observo a una chica cargada de revistas, donuts y una bolsa.

Desde aquí me parece ver que tiene los ojos claros, aunque su pelo corto le cubre parte de la cara.

Sonrío mientras veo cómo intenta llevarlo todo en las manos mientras camina esquivando a la gente para no chocar y llega hasta un grupo de asientos donde la espera otra mujer.

Aunque esta se gira, no puedo ver bien su cara, pero sí su larga melena negra y que ríe por algo.

Me quedo embobado, sus movimientos me atraen, son ligeros y parecen suaves, el pelo se le mueve con sus gestos y creo que es fascinante.

Me parece una mujer suave incluso en la distancia, tiene que ser tan dulce...

Me siento como si fuese una abeja que tiene delante toneladas de miel.

Estoy loco. No puedo ver a una mujer y, sin conocerla de nada, querer tocarla solo para sentir que está ahí.

No puedo tener una conexión tan fuerte con alguien que no conozco de nada... ¿O sí?