Capítulo 12
Para mi dulce Ava:
Si estás leyendo esta carta que te escribo entre lágrimas es porque ya no volveremos a vernos.
Nunca he querido dejarte, ni a tus padres tampoco, pero he luchado con todas mis fuerzas para estar a vuestro lado todo el tiempo posible y quiero que sepas que, aunque no esté presente, estaré en tu corazón para el resto de tu vida.
Ya serás conocedora de lo que te dejo y quiero explicarte por qué lo hago.
Cuando era joven y estudiaba en la universidad, un privilegio para los jóvenes en aquellos años, conocí a un hombre maravilloso que se apoderó de mi corazón con tan solo una bonita sonrisa.
Cuando empezamos a conocernos más y nos volvimos inseparables, él tenía que volver a su país y teníamos que despedirnos para siempre.
Algo que ninguno queríamos. Con todo el dolor de mi corazón le dije adiós antes de que partiera en su viaje y estuve tres meses sin saber de él hasta que recibí su primera carta, donde me decía cuánto me añoraba y amaba.
Sus palabras me aclararon todas las dudas que había tenido durante el tiempo que habíamos estado incomunicados y, sin pensar en nada más que en mi felicidad, pues eran tiempo duros y mis padres eran muy severos conmigo, decidí reunir dinero y marcharme junto a él cuanto antes.
Ni qué decir tiene que, cuando supieron mis planes me lo prohibieron, pero ya nada ni nadie podía detenerme.
Quería estar con mi amor costara lo que costara.
Para mi suerte y sorpresa, conseguí convencer a mi madre para que me ayudara a escapar y una noche, mientras mi padre dormía, me fui.
Cuando llegué a Nueva York y vi que mi amor me esperaba con los brazos abiertos no dudé ni un segundo en dejar mis maletas para correr hacia él. Después de mi llegada todo fue perfecto y precioso.
Tras muchas horas de sacrificio y trabajo, encontramos un edificio con algunos pisos en alquiler y venta en Times Square, que ya te digo que en ese entonces nada tenía que ver con ahora. He bicheado en internet la zona y me he quedado petrificada al ver cuánto ha cambiado.
¡Si mi querido y adorado Teodoro pudiera ver el cambio!
Pero, por desgracia, me arrebataron muy pronto al amor de mi vida y, apenada y desolada, me volví a España, donde nunca pude volver a encontrar el amor en ningún otro hombre. Aquel lugar lleva muchos años cerrado, aunque por eso no te preocupes, pues una gran amiga mía lo cuida.
Te dejo mi antiguo hogar a ti, porque eres lo más preciado y parecido a una hija que tengo.
Te he querido y te seguiré queriendo con toda mi alma aunque ya no esté, y nadie mejor que tú puede darle vida a ese piso abandonado.
Y también porque sé cuáles son tus sueños y que aquí no encuentras el momento ni el lugar donde llevarlos a cabo.
Por eso quiero que consideres la posibilidad de probar la vida allí y sí, sé lo que te estoy pidiendo y es por tu bien.
Aunque si decides no hacerlo, no te preocupes porque no me defraudarás, jamás podrías hacerlo.
Llevo tiempo pensando que te hace falta un cambio en tu vida, deshacerte de lo que no te aporta (como Marcos, que, si bien le tengo cariño, sé que no es para ti), olvidarte de lo que te preocupa y empezar a vivir tu propia vida de una vez.
Ojalá encuentres también un amor puro, pasional, duradero y verdadero como el que yo encontré con mi adorado Teodoro.
Si te vas, mi querida niña, no creas que abandonas a tu familia, pues ellos nunca lo pensarán.
Tú no eres de dejar atrás a nadie, vayas donde vayas sé que nos llevas siempre contigo.
Tan solo piensa que despliegas las alas y vuelas hacia un lugar donde crees que te irá mejor y que siempre podrás volver a tu antiguo hogar.
Pídeles a tus amigos que te acompañen. Mis niños bonitos, qué pronto os dejo, pero qué feliz me habéis hecho todos estos años. Sé que os cuidaréis entre vosotros y que os tendréis siempre. Sabiendo eso, me voy tranquila.
Llega la hora de despedirme, mi hermosa niña. Espero que logres tus metas como hasta ahora. Déjate guiar más por tu corazón, es grande y bondadoso, y estoy segura de que te llevará por buen camino.
Sé feliz siempre, Ava.
Te quiero.
Tu tía Mari
Estoy llorando a mares, pero no me preocupo en dejar de hacerlo.
Estoy sola en casa y necesito desahogarme, liberarme de toda la presión que está instalada en mis músculos desde que mi tía no está.
Seco el folio con la manga de mi jersey porque se han caído algunas lágrimas en él, lo aprieto con cuidado sobre mi pecho y lo abrazo, balanceándome despacio en el sofá, acunándome a mí misma.
Esta carta me ha abierto un poco los ojos.
No me ha sorprendido mucho que mi tía piense que necesito un cambio de aires, porque si algo teníamos en común era saber cuándo algo apestaba en nuestras vidas.
La única diferencia era que mi tía lo tiraba a la basura sin pensarlo y yo le doy mil vueltas antes de actuar.
Pero esta vez va a ser diferente. Tiene que serlo.
Un poco más tranquila, y habiendo dejado de llorar, dejo la carta a un lado y cojo el otro sobre más pequeño.
Lo abro con el mismo cuidado y mimo que el anterior y en mi mano se desliza un collar de oro blanco con mi inicial colgando.
Además de una nota: Te regalo esta gargantilla, que antes fue mía, pero que ahora lleva tu inicial, para que siempre me lleves contigo .
Sin poder evitarlo, vuelven a caer las lágrimas por mis mejillas y, a pesar de ser una persona fuerte y odiar que alguien piense que necesito ayuda o protección, no reprimo ninguna.
Me he permitido llorar estos días delante de cualquiera, he dejado que me mimen y abracen porque en realidad lo necesitaba, y porque, aunque no quiera reconocerlo, sé que estoy rota y tengo que recomponerme.
Me echo el pelo a un lado y me coloco el collar con cuidado.
Después, cojo los folios y los meto en uno de los cajones del mueble que tengo debajo del televisor.
Vuelvo al sofá, me siento y le pido a los chicos que vengan a casa, necesito contarles lo que acabo de leer, pero cuando termino de enviar el mensaje me llega uno de Marcos.
Marcos: Cielo, ¿estás enfadada? ¿Por eso no me respondes? Vamos, no seas cabezota, entiende que he estado ocupado. Quedemos hoy, quiero verte.
No, no y no. Sé que lo repito una y otra vez en mi cabeza y que no soy capaz de decírselo, pero es porque no quiero hablar con él ni para rechazarlo. Por lo que abro su chat, lo leo y paso de su culo. ¿Acaso no ha pasado él del mío durante todos estos días?
Dejando a un lado el tema de Marcos, que sé que tengo que resolver cuanto antes, me meto en la cocina y preparo algo para picar, si algo les gusta a mis amigos es comer y beber cerveza.
Llevo las cosas a la mesa del salón y, cuando voy a volver a entrar en la cocina para coger los vasos, escucho el timbre de la puerta y abro con una sonrisa.
—Hola, bombón —dice mi hombretón antes de abrazarme.
Como siempre, Hugo huele increíblemente bien, va increíblemente guapo y es increíblemente adorable.
—¿Dónde está la más guapa?
Entre risas, Jessica me da un achuchón y entramos en mi casa. Hugo no tarda en tirarse sobre el jamón y Jessica se zampa casi todo el queso de una sentada. Charlamos sobre el trabajo, Jess nos cuenta que ha hecho un par de entrevistas esta semana y, de pronto, Hugo saca el tema importante.
Después de todas las especulaciones y cuentos de hadas que se monta Jessica, por fin deja que les enseñe el sobre donde está la carta. La leo en voz alta y me emociono cuando ambos se ponen sentimentales, querían mucho a mi tía. También les enseño mi collar y la nota que venía con ella.
Creen que pueden ocultarme su preocupación en cuanto a lo que han escuchado minutos antes, pero los conozco. De pronto, Jess se levanta del sofá y entre lágrimas se va al cuarto de baño. Hugo y yo la seguimos con la mirada hasta que se cierra la puerta, entonces, mi amigo me mira.
—Me hace muy feliz saber que nos quería tanto. Aunque...
Me siento sobre sus piernas, lo abrazo y dejo que me envuelva con cariño.
No hace falta que termine lo que iba a decir, ya sé qué es.
Me da algunos besos en la cabeza y, cuando creo que ya he mojado suficiente su jersey con mis lágrimas, me retiro un poco para mirarlo.
A pesar de no querer dejar atrás mi vida aquí, en Madrid, sé que esta oportunidad me vendrá muy bien y tengo que aprovecharla.
—Sabes que deseo con toda mi alma que vengas conmigo, ¿verdad?
Cuando las pupilas de Hugo se posan sobre las mías, se me encoge el estómago al ver su tristeza. Observo sus ojos todo el tiempo que puedo, guardándome en mi memoria hasta sus más pequeñas motas doradas.
—Ojalá pudiera ir, sabes que lo haría sin pensarlo, pero sé que eres consciente de que no puedo. No puedo dejar a mi madre...
Lo sé, claro que lo sé. Desde que su padre murió, la pobre mujer no ha levantado cabeza y a Hugo le preocupa su depresión. En alguna que otra ocasión ha tenido que vivir un tiempo con ella para que no estuviera sola.
—Lo sé —repito ahora en voz alta—. No voy a pedirte que lo hagas, pero sí que vayas de vez en cuando, sabes que mi madre estará encantada de visitarla.
Después de eso, me agarra por la nuca y me atrae hacia él, colocando mi cara en el hueco de su cuello para abrazarme con cariño hasta que la voz quebrada de nuestra sentimental amiga nos separa.
—¿Qué hacéis? —pregunta Jess con un pañuelo en la nariz.
—Despedirnos, Ava se marcha a Nueva York.
Sorprendida, Jessica sube las cejas y yo le abro los brazos para que se una al abrazo. Nos quedamos así durante un rato, disfrutando de nosotros hasta que Hugo, sin poder evitarlo, empieza a agobiarse entre nosotras. Cuando decidimos liberarlo, Jessica, con la voz cambiada por el llanto, declara:
—Huguito de mi corazón, también tienes que despedirte de mí.
Los tres reímos de felicidad. Sé que Hugo se alegra por nosotras, pero, a pesar de eso, la tristeza por tener que separarnos estará instalada en nosotros para siempre.