Tenías que ser tú (Sempiterno 1) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Necesitada de aire, me acerco a la ventana y la abro un poco.

El frío de enero me da en la cara y cierro los ojos para disfrutarlo.

Cuando los abro, fijo la mirada en la calle, está mojada por la fuerte lluvia que acaba de cesar, el cielo está negro y el ambiente es nostálgico.

A juego con la terrible tragedia que acababa de ocurrir.

Observo a las personas, que desde mi piso se ven muy pequeñas, cómo andan sin parecer tener preocupaciones mientras yo lloro la muerte de mi queridísima tía.

Son tan ajenos a lo que está ocurriendo en mi hogar que me dan una envidia dolorosa.

Un cálido abrazo desde atrás consigue envolverme.

El perfume de Marcos inunda mis fosas nasales y una increíble tranquilidad se instala en mi cuerpo con su contacto.

Sus brazos están cruzados bajo mi pecho y me presiona contra el suyo, le acaricio los antebrazos con mis manos heladas y me regala otro tierno beso en la cabeza.

—Vamos, cariño, siéntate e intenta tranquilizarte. Sé que esto es muy duro para ti, se cuánto querías a tu tía y cuánto la echarás de menos. Pero tienes que ser fuerte, yo sé que lo eres. Y quiero que sepas que voy a estar aquí, contigo, en todo momento, porque te quiero como el primer día.

Sus palabras me calan tan hondo que casi me tambaleo.

Hace tan solo unos minutos pensaba romper con él porque estábamos muy distanciados y ahora me dice que me quiere como el primer día, provocando un huracán de sentimientos en mi interior.

Estas palabras son las que necesitaba para aclarar mis ideas, necesitaba saber y sentir que me sigue queriendo como me está demostrando en este momento.

Es tanta la emoción que siento que me derrumbo sobre su pecho.

Me giro entre sus brazos y apoyo la cara en sus pectorales, humedeciendo su sudadera con mis agrias lágrimas.

Su respuesta vuelve a conmocionarme. Pasea la mano con delicadeza por mi espalda, brindándome calor y protección con un simple movimiento de manos.

Con tranquilidad y paciencia, espera sin inmutarse a que el llanto cese un poco y, cuando por fin levanto la húmeda cara de su pecho, la coge entre sus manos y me besa la frente.

—Vamos con tus padres, ellos también necesitan apoyo.

Tiene razón, he intentado encontrar mi propio sosiego sin detenerme a pensar en cuánto estarán sufriendo ellos. Con los ojos y la cabeza cargados por el llanto y el sofoco, me dejo llevar por Marcos al salón. Mis padres siguen abrazados, pero mi madre ya no llora. Parecen un poco más tranquilos.

Después de una larga charla entre los cuatros, sin querer demorarlo más, cojo mi teléfono e informo a Jess y a Hugo de lo que acababa de ocurrir. Ambos, sé que dolidos porque tenían muy buena relación con la tía Mari, me aseguran que vendrán por la mañana para estar conmigo.

Marcos está en la cocina preparando chocolate caliente para todos, entre tanto, mis padres me explican que el entierro será en dos días y que tienen algo para mí que les dejó la tía.

Pensar que ella sabía que moriría en cualquier momento mientras estaba de bromas y risas conmigo, me parte el alma.

Me hubiera gustado saber lo que pasaba y así haber podido estar con ella en su último día.

Pero quizá eso era lo que no quería. La conocía muy bien y estoy segura de que quería morir siendo la mujer divertida que siempre ha sido.

Aun así, no puedo evitar sentir rabia porque se haya ido sin despedirse, tengo tanto que decirle...

Estoy tan sumergida en mis pensamientos que no escucho lo que dicen mis padres, asiento con la cabeza de vez en cuando para sentirme menos peor persona.

Pero ellos se dan cuenta en cuanto me asusto al sentir la mano de Marcos en mi hombro para darme una taza.

Me disculpo con una triste sonrisa y soplo un poco por encima antes de mojarme los labios con el espeso y delicioso chocolate con leche.

Una vez que Marcos se sienta a mi lado, empezamos a contar anécdotas de mi tía.

Por un momento, fijo la vista en él y disfruto de su sonrisa al escuchar las historias y de su gesto de tristeza cuando intenta consolarme al ver que lloro de nuevo.

Había olvidado lo cariñoso que es y lo bien que me siento entre sus brazos.

Tengo la sensación de que nuestra relación va a recuperarse y volveremos a estar como antaño.

Tras dos horas de charla y recuerdos muy dolorosos, trato de convencer a mis padres para que se queden a dormir, pero mis intentos son en vano.

También se lo ofrezco a Marcos, pero prefiere irse a su casa.

Sin rechistar, porque estoy demasiado cansada, acepto su decisión.

Lo que menos me apetece en estos momentos es rogarle a alguien que permanezca a mi lado.

Ya en la puerta, se detiene en el descansillo y yo me apoyo en el marco.

Lleva las llaves de su coche en la mano, las guarda en el bolsillo delantero de su sudadera y me mira triste.

Antes de marcharse, se acerca a mí con dos firmes pasos y me coge la cara entre sus cálidas manos.

Me besa y lo hace con pasión. Aprieta su boca contra la mía con fuerza y succiona mi lengua antes de finalizar el beso.

Con nuestras frentes pegadas, me promete volver para estar conmigo y ayudarnos con la organización del entierro.

Después de otro beso de despedida, pero esta vez más dulce, cierro la puerta y me voy derechita a la cama. Poco a poco mis párpados empiezan a cerrarse y lo último que veo, antes de caer en un profundo sueño, es la sonrisa de mi tía.