Tenebrae: La muerte de la máscara (Eximere 2) Capítulo 12
35%

Capítulo 12

Los días se sucedían para Nora en una especie de duermevela de la que era incapaz de despertar.

Las intrigas y conjuras de la oficina le parecían ahora más insustanciales que nunca.

Incluso había tenido que batallar en la agencia para poder asistir al sepelio de Salvatore, como si el mero hecho de perderlo no hubiera sido ya el golpe más devastador de su vida.

Estaba cerrando la puerta de su despacho cuando una mano intrusa se interpuso en el último segundo, frenando el mecanismo.

–Nora, no creas que no soy consciente de que el fallecimiento de ese anciano vecino tuyo te está pasando factura –el hecho de que Garrett nombrara a Salvatore con esa desidia frente a ella le exigió un esfuerzo titánico para mantener su ira bajo control–.

Últimamente tu rendimiento se ha visto reducido.

Sabes perfectamente que la campaña de Navidad es de las más importantes para Goldart y te necesitamos dando tu máximo potencial.

Además, cabe mencionar ese cambio de look radical bañado por ese negro tan intenso; las uñas oscuras…

Hace algún tiempo que hasta las camisas de seda son negras.

Bien sabes que hay un dress code en esta oficina.

Cualquiera pensaría que ha sido debido al fallecimiento de tu vecino, pero ambos sabemos que la transformación se realizó antes del fatal suceso.

No puedo volver la vista a otro lado como si esto no estuviera sucediendo.

Serías el eslabón que acabaría por romperse en esta cadena tan sólida, y todo se sumiría en el caos.

Nora apenas había colgado la gabardina azul petróleo cuando se giró con una parsimonia letal, acomodándose en el borde de su escritorio.

–No sabes cuánto lamento que mi nuevo aspecto físico sea el causante de tantos quebraderos de cabeza para ti, Garrett…

–Su voz era tan cortante y fría como la hoja de un bisturí recién estrenado–.

Pero consciente de que este momento podía llegar, de que esta conversación sería inevitable…

me tomé la molestia de releer los estatutos de Goldart y mi contrato laboral.

No hallé, en toda la lectura, cláusula alguna que me obligue a vestir bajo esa directriz tuya de colores "radiantes y llamativos".

Nora tomó aire antes de liberar la hiel acumulada bajo la tiranía de Garrett durante tantos años.

–Y referente a tu comentario acerca de mi bajo rendimiento…

Supongo que te refieres a que he dejado de realizar el trabajo de tu "querido"…

–Nora realizó una pausa dramática, paladeando el dulce sabor del miedo que había empezado a emanar de Garrett–…

de tu "querido" pupilo, Conrad. Me he cansado de enmendar los errores de la persona que usurpó mi puesto gracias a ti.

Alguien que, sin preparación ni estudios de ninguna clase, juega con las cuentas más grandes de la agencia; esas que yo capté con tanto esfuerzo durante años.

Si esto te supone algún problema, te aconsejo que hables con recursos humanos.

O mejor aún, con tu suegro, el todopoderoso CEO de Goldart.

Ahora, si no te importa, tengo tareas pendientes. Cierra la puerta al salir. Gracias.

El silencio de Garrett fue absoluto.

Salió de la estancia tambaleándose, como el superviviente de un atropello que ni siquiera ha visto venir el golpe.

–A trabajar. Todo el mundo. ¡Ahora mismo! –bramó hacia el resto del equipo que había presenciado la contienda, intentando camuflar el temblor de su voz.

Se encerró en el baño de hombres con una única prioridad: reconstruir los escombros de su autoridad. Buscaba reajustarse esa fachada de líder infalible que Nora le había destrozado de un zarpazo, limpio y letal, con sus recién estrenadas uñas.

La jornada transcurrió sin ninguna otra incidencia.

Al llegar la hora del almuerzo, Nora abandonó la oficina.

En siete años, jamás había salido a comer fuera, aunque nada se lo impidiera; siempre comía algo rápido encerrada en su despacho o se resignaba a la presencia de algún grupo de compañeros cuya invitación no había logrado declinar.

Después, regresaba de inmediato al trabajo sin importarle no haber consumido la totalidad de su descanso.

Tras lo acontecido con Garrett, necesitaba tomar distancia de Goldart y aunque el día era lluvioso, con previsión de nevadas, el incendio interior que Nora arrastraba desde el inicio de la mañana la volvía inmune al frío.

Entró en un restaurante frente al edificio.

A pesar de distinguir a varios compañeros en la sala, declinó sus ademanes con la cabeza y escogió una mesa solitaria junto al ventanal.

Se deleitó con la comida como si aquel almuerzo fuera el mayor lujo que hubiese disfrutado nunca.

Mientras saboreaba la última cucharada de su Cranachan, dejando que se derritiera en el paladar e inundara sus papilas con una suavidad dulce y alcohólica, su mente viajó de nuevo hasta el 7B.

Era incapaz de evitar que las lágrimas brotaran sin previo aviso cada vez que el señor Giuliano acudía a su memoria. Sin embargo, lo que de verdad la consumía en ese instante era el hermetismo de los agentes acerca de su muerte.

Había logrado hablar con Evranna el día del entierro, pero desde entonces le había resultado imposible volver a contactar con ella. Por más que había insistido frente a su timbre y esperado en el gélido descansillo, jamás conseguía dar con la médium.

Latte, por su parte, permanecía en paradero desconocido. El detective Revenant había interrogado a los primeros agentes que se personaron en el piso de Giuliano, pero ninguno admitía haber visto a un gato, a pesar de que el interior de la vivienda albergaba un arenero y comederos recién utilizados.

Nora había salido cada noche armada con una linterna en busca del pequeño felino, merodeando bajo los vehículos y entre los arbustos.

Había distribuido imágenes suyas por todo el vecindario; instantáneas que ella misma había capturado con su cámara analógica durante las muchas tardes compartidas en casa de Salvatore.

No podía permitirse que el legado más preciado del señor Giuliano deambulara perdido y asustado por las calles de la ciudad.

Latte, daré contigo, no te preocupes. –musitó para sí misma mientras solicitaba la cuenta con un sutil ademán.

Las previsiones climáticas finalmente se cumplieron y la primera nevada del año se desplomó sobre la ciudad.

Nora tenía prisa por clausurar aquella jornada que había comenzado de forma tan conflictiva; necesitaba retomar la búsqueda de Latte cuanto antes.

Bajo el manto de la nieve, el rescate no admitía más demora.