Tenderloin (Thriller del FBI de Abby Kane 2) CAPÍTULO SESENTA Y SEIS
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CAPÍTULO SESENTA Y SEIS

Cuando regresé a la oficina, dejé mis cosas en el escritorio y fui directamente al despacho de Reilly.

Estaba detrás de su escritorio, con la mirada fija en el portátil.

Las gafas de lectura se le balanceaban precariamente sobre el puente huesudo de la nariz.

Se las quitó y las dejó sobre el escritorio antes de recostarse en la silla. —Siéntate.

No iba a esperar a que él atacara. Pasé a la ofensiva.

—Retirar el equipo de seguridad fue decisión tuya, una cuestión de presupuesto.

Estuve de acuerdo. Era solo un día, y no teníamos constancia de amenazas contra su vida.

No pretendíamos resolver el caso por la DEA, solo asesorar, y cumplimos con creces nuestra parte del trato.

—Abby, no me preocupa el pasado ni lo que hicimos o dejamos de hacer ni si seguimos el protocolo o no. Lo que me preocupa es qué vas a hacer para encontrar a nuestro hombre desaparecido.

—¿Yo? Lo dices como si yo hubiera metido la pata. No metí la pata en nada. Quiero encontrarlo tanto como tú, pero no me gusta que insinúes que soy la responsable.

Reilly me sostuvo la mirada sin pestañear. Yo también. Los segundos parecían horas, pero no iba a dejar que me presionaran hasta admitir culpa alguna. Ya había tratado con muchos Reillys a lo largo de mi carrera.

Relajó la postura. —Lamento si di esa impresión.

—No pasa nada. Los dos queremos lo mismo.

Lo observé removerse en la silla. Retorcerse sería más exacto. Se notaba que sabía que se había pasado de la raya, pero esa era toda la disculpa que iba a recibir.

—¿Ideas sobre cómo proceder?

—El agente Cabrera me ha contactado.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Llamó después de que colgara contigo. —Le conté lo que Cabrera me había dicho.

—¿Tiene a alguien que pueda corroborar su versión?

Abrí la boca, pero no me salieron las palabras. Reilly no aflojaba con Cabrera. Daba igual que fuera agente de la DEA o que hubiéramos trabajado juntos en el caso. Lo consideraba sospechoso.

—Sabes, Abby, lo que siempre he admirado de ti es tu capacidad para ir al grano y no tragarte las gilipolleces. No eres de las que deja que las emociones interfieran en su trabajo.

Tenía razón. A decir verdad, yo también tenía esa sensación persistente de que las acciones de Cabrera no cuadraban, pero le había dado un margen por nuestra relación. Tenía que empezar a ver los hechos con objetividad.

—¿Hay algo entre vosotros dos?

¡Mierda! Un montón de respuestas me pasaron por la cabeza, pero ninguna era la adecuada. ¿Lo niego? ¿Se lo cuento? Antes de que pudiera soltar alguna evasiva, unos golpes en la puerta me salvaron. Era Cummings, de Protección de Testigos.

—Tenemos un resultado del número de móvil que nos diste.

Cómo no. —Hablé con él hace poco. Viene de camino al puerto.

—¿Puerto?

—Dijo que había alquilado un barco y que estaba pescando en la costa.

—Interesante. La señal del número proviene de un almacén en Hunter's Point.