Tenderloin (Thriller del FBI de Abby Kane 2) CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
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CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

En un instante, la mano izquierda de Malcolm salió disparada y se cerró con fuerza alrededor del cuello de Julio. Elan observó cómo Julio luchaba inútilmente por liberarse, tirando del brazo de Malcolm con ambas manos. Un horror gélido le recorrió el cuerpo.

—¡Suéltalo! —gritó. Una y otra vez le ordenó a Malcolm que parara, pero nada de lo que decía parecía surtir efecto.

Malcolm siguió apretando, y los movimientos de Julio empezaban a ralentizarse. Elan se volvió hacia el exgeneral de las FARC, solo para descubrir que todo aquello le divertía.

—Señor Zapata, sus hombres... ¡Ordéneles que ayuden! —suplicó Elan.

Zapata lo ignoró, con la mirada clavada en el espectáculo que se desarrollaba ante él.

—Este es el debut de Malcolm —dijo Zapata—. Quiero que mi dinero haya valido la pena. Y siendo sincero, tu hermano es tan molesto como un mosquito.

El color del rostro de Julio se desvanecía mientras Malcolm le arrancaba la vida, literalmente.

Elan estaba desesperado por hacer algo, pero ¿qué? Y antes de que pudiera formular otro pensamiento, antes de que pudiera dar otro paso o pronunciar otra súplica, Malcolm dio un tirón seco al cuello de Julio.

Elan lo sintió en el centro del pecho: el sonido sordo del hueso al quebrarse. Al mismo tiempo, vio cómo el cuello de Julio se torcía en un ángulo antinatural.

Malcolm sostuvo a Julio un momento más antes de dejar caer su cuerpo sin vida al suelo frío. Mientras se desabrochaba la última correa que lo sujetaba, una amplia sonrisa le cruzó el rostro. Libre de sus ataduras, caminó hacia la ventana de observación y fijó la mirada en Zapata.

—Era el más débil de los dos, ¿no te parece?

El general respondió con un lento asentimiento.

Durante la hora siguiente, más o menos, Malcolm y Zapata conversaron.

Malcolm habló de su secuestro y de cómo, al principio, temía por su vida y hacía todo lo que le ordenaban.

Pero cuando le inyectaron la droga, su sumisión se desprendió de él como el agua que se escurre de un paño.

De repente tenía opiniones propias, necesidad de hacerse oír, de expresar sus ideas.

La droga potenciaba un atributo que los Ortega nunca habían considerado: la confianza.

—Toda mi vida fui un seguidor —dijo Malcolm—. Por una vez, me siento como el macho alfa, ese al que todos quieren seguir.

Siguió contándole a Zapata sus días en el laboratorio, centrándose ahora en sus habilidades recién adquiridas, que estaba encantado de exhibir.

El general ordenó que metieran un escritorio en la habitación, con la promesa de que Malcolm no haría daño ni mataría a quien lo trajera.

A cambio, Zapata presenció una demostración de fuerza: Malcolm destrozó el escritorio con sus propias manos.

El espectáculo continuó, incluso con el cuerpo de Julio tirado en el suelo. De vez en cuando, Malcolm pasaba por encima de él como si fuera un juguete olvidado. Elan parecía ser el único al que aquello le perturbaba.

Finalmente, Zapata quedó satisfecho.

—Es letal y rápido. Y sigue vivo.

Le dio una palmada en la espalda a Elan.

—Buen trabajo. Quiero una buena cantidad de la droga para mañana. Ah, y una cosa más: ni una palabra a nadie. ¿Entendido?

Elan seguía con la mirada fija en el cadáver de su hermano, pero logró asentir.

—Nuestro jefe se alegrará de oír esto —dijo Zapata. Cuando estuvo lo bastante lejos para que Elan no lo oyera, hizo una llamada.

—Ha sido un éxito —dijo Zapata.

—¿Vive? —respondió El Monstruo.

—Sí, y le encanta matar. Los Ortega me hicieron una demostración personal. Por desgracia, solo nos queda un científico, pero es el más listo.

—Muy bien. Preparémonos para partir. Quiero comenzar la operación cuanto antes.

—Empezaré a hacer los preparativos.

—Eres un hombre rico, Faro. Pero pronto tendrás una riqueza inimaginable. Una cosa más: ¿podemos confiar en que este científico mantenga la boca cerrada?

—Me encargaré de ello.

—¿Y su esposa? Deberíamos ocuparnos de ella también.

—Perdona, pero se te debe de haber olvidado: está casado con mi hermana.

—No se me ha olvidado.