Tenderloin (Thriller del FBI de Abby Kane 2) CAPÍTULO OCHO
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CAPÍTULO OCHO

Estaba junto a mi cama, ordenando ropa y metiéndola en una maleta.

Hacía poco más de ocho meses que no me enviaban fuera de la ciudad por trabajo, pero Reilly insistía en que mi viaje sería solo una misión de reconocimiento y no duraría más de una semana, semana y media como mucho.

Mis órdenes eran reunir información y ayudar en su investigación, no resolverla por ellos.

—Aquí tienes, mami.

Lucy quería ayudarme a hacer la maleta y metió mi bañador dentro.

—No, mami no va a nadar. No es ese tipo de viaje —dije, sacando el bikini.

—¿Tienen zoológicos? Puedes ir al zoológico.

Le sonreí a Lucy.

—Sí, tienen zoológicos. Quizá tenga tiempo de visitar alguno.

Me devolvió una sonrisa radiante.

—Y puedes traerme un regalo.

—¿Un regalo, eh? Solo si prometes portarte bien mientras mami no está.

Le pellizqué la nariz antes de hacerle cosquillas.

Soltó un chillido y se retorció para zafarse de mí y recuperar el aliento.

Ryan asomó la cabeza.

—¿Miraste la información del campamento que te di?

¡Mierda! Me había olvidado por completo de buscar el campamento en internet. ¿Qué le iba a decir? No quería mentir, pero tampoco quería parecer la mala madre. Aquí estoy, intentando ser la madre buena.

—Lo siento, Ryan. Todavía tengo que mirarlo.

Hice una pequeña mueca al decirlo.

Ryan gruñó, pero se contuvo de patalear.

—Abby, cuando vuelvas va a ser demasiado tarde.

—No, no lo será —dije rápidamente.

—Sí lo será. Todos mis amigos van a ir. De verdad quiero ir.

—Ryan, te lo prometo: miraré lo del campamento en el vuelo.

—¿Y luego qué?

—Bueno, ya veremos.

Las vacaciones de verano se acercaban, y el primer plazo de inscripción ya había pasado.

Se nos acababa el tiempo. No sé por qué seguía postergándolo.

Por supuesto que sería seguro, y él se divertiría.

Podía permitirme el precio, así que ¿cuál era el problema?

Si soy sincera, conocía la respuesta: lo único que quería era unir más a la familia, y ahí estaba él, intentando escapar.

Ryan tenía la cabeza gacha mientras pateaba metódicamente la alfombra.

Supéralo, Abby. Carraspeé para llamar su atención.

—Está bien, puedes ir.

A Ryan se le abrieron los ojos como platos y se irguió.

—¿Puedo?

—Sí. Te inscribiré antes de irme al aeropuerto.

—¡Genial! ¡Tengo que contárselo a mis amigos!

Ryan desapareció antes de terminar la frase. No oí ningún «gracias», pero sabía que estaba agradecido. Crucé la mirada con Lucy; tenía una sonrisa enorme.

—¿Estás contenta por tu hermano?

—Sí. Porque ahora Ryan no puede acaparar el baño.

Sonreí a mi hija, tan abiertamente leal, mi pequeña sombra, siempre dispuesta a ayudarme con lo que necesitara. Cuando sea adolescente me odiará, pero hasta entonces, pienso disfrutarla.