Temporada de cosecha (Masacre 2) III.PERENNE
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III.PERENNE

III. PERENNE

Yates

Tiempo después…

He aprendido muchas cosas a lo largo de esta extraña vida que he llevado.

A ser policía, por ejemplo. No sabía nada sobre el oficio antes de que me abriera paso hasta la comisaría de Cabo Masacre a base de mentiras y fuera subiendo de rango.

Al principio, lo sentía como la máscara que era.

Pero, de manera gradual, esa careta se me ha cosido a la carne y me ha cubierto entero.

Es otra adaptación, un camuflaje perfecto.

La frontera entre el monstruo y las leyes creadas para controlarlo se han vuelto indistinguibles con el tiempo.

Tiempo. Otra habilidad que he aprendido a dominar. Desde la paciencia de su paso implacable hasta una destreza práctica que he descubierto hace poco: arreglar relojes.

Fuera, los relámpagos parpadean, seguidos de una perla de trueno que retumba en las ventanas del dormitorio de Harper mientras me saco el estuche del bolsillo con cuidado y lo abro, me lo acerco a la oreja para escuchar el tictac rítmico de un TAG Heuer Autavia.

El deje del olor a engrasante todavía flota en el aire.

Sonrío y lo coloco en la cómoda, con cuidado de evitar las huellas que sé que están en el cristal partido.

Eso ha sido una tarea especialmente difícil, no solo porque Autumn puede haber descubierto que ha desaparecido y porque yo no sabía nada sobre reparación de relojes cuando vi la reproducción de la cámara oculta y se me ocurrió la idea, sino por la precisión que requería evitar emborronar las huellas de Rhodes.

Al final, tuve que reemplazar el mecanismo original.

Pero ahora funciona a la perfección, tras el eco de su pasado.

Primero abro el cajón de abajo y saco todos los pantalones y las bermudas de Rhodes; los meto en su propia bolsa. A continuación, las camisas y los jerséis. No extiendo la ropa de Autumn en el espacio vacío… Lo dejo libre como un recordatorio más de la ausencia de Nolan.

Por último, guardo los calzoncillos. Pero, esta vez, coloco un cargador de relojes automático en el hueco libre del cajón de la ropa interior.

Con la sierra de copa que he traído, hago un agujero en el fondo de la cómoda y paso el cable del cargador por él para enchufarlo.

El dispositivo empieza a zumbar en silencio; da vueltas para mantener el reloj automático cargado y en funcionamiento.

Compruebo que la fecha y la hora del TAG sean correctas al momento presente y luego, con cuidado, dejo el reloj dentro.

Por un instante, me quedo observando a través del cristal cómo el motor silencioso hace que giren los engranajes; el latido constante del movimiento es como el de un corazón vivo.

La sensación de haber creado una obra de arte prístina me llena el pecho y me agudiza los sentidos.

El arte debe liberar las verdades fundamentales de la humanidad «trastornando los sentidos» de manera sistemática, le expliqué a Vinny antes de matarlo.

Y ahora estoy usando la precisión de este cronógrafo bellamente roto para trastornar los sentidos de Autumn Bower de manera sistemática y exponer sus verdades fundamentales.

Hablando de verdades…

Desbloqueo el móvil y voy a la aplicación de Discord; navego por el canal general: está muy animado con las conversaciones sobre las últimas… aventuras de KnightofTruth. Sin duda, se ha convertido en el líder profesional, una fuerza maleable de caos.

Abro la conversación privada que tengo con él en mensajes directos y le doy de comer el siguiente bocado de cebo.

SusurradorInterno: Tengo una teoría de lo que les pasó a Sam y a Vinny.

No creo que en realidad sea culpa del sheri ff.

Yo apostaría a que hay una tercera per sona implicada de la que Yates no tiene ni idea.

Y la mujer de la foto que te envié podría saber algo.

En la comisaría hay algunas cosas que Sam encontró en una granja abandonada y creo que está todo relacionado. Avísame cuando puedas hablar.

Otro relámpago baña la habitación con un instante de luz, seguido de otra carga de truenos.

Autumn Bower no puede correr. No puede esconderse. Y una vez se desprenda de la crisálida que ha construido y de la moralidad a la que se aferra, se convertirá en mi legado.

Se me ensancha la sonrisa cuando le echo un último vistazo al reloj y cierro el cajón. Se me queda pegada a los labios mientras recojo el resto de las pertenencias de Nolan Rhodes y luego salgo de la habitación.

—Que la vida dura poco —recito de camino a las escaleras— y el tiempo exige el final.