Temporada de cosecha (Masacre 2) TRILLAR #2
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TRILLAR #2

—La verdad es que ahí tengo que darte la razón —concuerda una voz desconocida.

Un vaso de té para llevar aparece en mi campo de visión.

Levanto la cabeza y me encuentro con los ojos de un hombre de treinta y tantos.

Es de piel clara, pero está rojo por el calor, y una capa de sudor le brilla entre los mechones de pelo castaño que ya va clareando—.

Dicen que bebes té. He pensado que a lo mejor te venía bien una taza.

El dolor de cabeza me suplica que beba un sorbo. Sea quien sea este tío, se ha ganado ese punto a su favor que sin duda está buscando.

—Gracias. Es todo un detalle.

—Eres Nolan Rhodes, ¿verdad?

—Sí. —Le tiendo la mano.

—Gracias por permitir que me sume a la búsqueda. —Siento su palma pegajosa cuando me estrecha la mano—. Soy Tylor.

Las alarmas se me disparan en la cabeza.

—Siento muchísimo lo de tu amigo.

—Gracias —responde, y me suelta la mano con una sonrisa débil y fugaz—. Te has enterado, ¿eh?

Me encojo de hombros, me acerco el té a los labios y soplo el vapor mientras decido cuánta información me guardo y cuánta puedo dejar caer.

—Es un pueblo muy pequeño. Todo el mundo se entera de todo enseguida —contesto después de darle un trago que me quema el paladar—. ¿Estás seguro de que quieres unirte hoy? Te garantizo que esto va a seguir en marcha durante un tiempo. No hace falta que te precipites.

Tylor sacude la cabeza, es un gesto definitivo. Decidido.

—No. Me voy a volver loco como me quede de brazos cruzados en el hotel, dándole vueltas a qué narices habrá sucedido.

Y esto es lo que Charlie habría querido.

—Sus ojos marrón claro escanean el espacio que hay a mi espalda, como si estuviera catalogando cada detalle antes de centrarse de nuevo en mí—. Llegar al fondo de la cuestión.

—«Llegar al fondo de la cuestión», ¿eh? —Suelto un silbido bajo que me recuerda un poco demasiado a algo que haría Yates—. Bueno, eso puede llevar un tiempo. Cabo Masacre no es el pueblo más sincero del mundo.

—Sí. Eso ya lo sé. Por cierto —dice, y se mete la mano en el bolsillo interior de la chaqueta. Saca un trozo de papel doblado. Ya sé lo que es antes de que me lo pase por encima de la mesa—, por casualidad no sabrás quién es esta mujer, ¿verdad?

Cojo la foto, le lanzo al chico una mirada suspicaz.

—¿Eres poli o algo?

—Estoy con los Buscasabuesos. —Me dedica una sonrisa recelosa, a juego con mi gesto interrogante—. Es un colectivo de investigadores online. Nos especializamos en resolver casos fríos. Creemos que esta mujer tiene algo que ver con el motivo que trajo aquí a mis amigos Sam y Vinny.

Miro la imagen de Harper alejándose de la cámara, la misma que estaba en el canal de Discord. Cada segundo que pasa tengo que esforzarme para no arrugar el papel con mi puño de hierro.

—No puedo decir que la conozca, no. ¿De dónde ha salido la foto?

—La tenía Sam —dice inexpresivo, como si no estuviera dispuesto a compartir más sobre los métodos poco ortodoxos de su líder caído.

Quiero preguntarle cómo ha conseguido la imagen…

si Sam se la envió antes de morir o si la ha obtenido por otra fuente, pero no lo hago, no me gustaría levantar sospechas fisgoneando demasiado.

—¿Se la has enseñado al sheriff?

A Tylor se le oscurecen los ojos.

—No, es que… —Mira a su alrededor antes de volver a centrar la atención en mí—. No estoy seguro de que lo que sucedió entre Sam y Vinny fuera como dice. Y tampoco de que se pueda confiar en él.

—¿Por qué no?

—Los conocía desde hacía años —explica Tylor; me clava los ojos en los míos como si me rogara empatía—.

El año pasado resolví un caso con ellos.

Sé cómo trabajaban juntos. Es que no me imagino un mundo en el que se volverían el uno contra el otro como afirma Yates.

No sé… —No termina la frase. Sacude la cabeza—.

A lo mejor quiere barrer debajo de la alfombra para no perder a los turistas. Pero hay algo que no encaja.

Miro una última vez la imagen de Harper y se la devuelvo a Tylor.

Tengo que luchar contra todos los instintos de mi cuerpo para no hacerla pedazos y metérsela por la garganta hasta que se asfixie.

Tiene razón en que Sam no murió como Yates parece creer, por supuesto.

Y no puedo negar que siempre me ha resultado bastante extraño que Vinny atacara a un sheriff con tanta brutalidad.

Hay algo que sí que parece fuera de lugar.

A pesar de que Sam me esposara y me apuntara con la pistola, no me dio la sensación de que quisiera matarme… solo conseguir la fama con mi muerte.

—Bueno —señalo con la cabeza el papel que Tylor se guarda en el bolsillo—, me temo que no puedo ayudarte con esa mujer. Pero te puedo incluir en el turno de voluntarios. Sígueme.

Encabezo la marcha hacia el mostrador de registro y me detengo delante de Maddison, la joven camarera de la cafetería que se ha estado encargando de la lista de voluntarios.

—Tengo uno nuevo para ti, Maddison. —Señalo hacia el hombre que tengo al lado—. Este es Tylor…

—Knightsbridge —dice él y por un instante me quedo inmóvil.

KnightofTruth; una luz se enciende en los oscuros recovecos de mi mente.

—Tylor Knightsbridge —repito. Muestro lo que espero que sea una sonrisa encantadora cuando Maddison pasa la mirada del uno al otro, intentando averiguar por qué esto ha sido raro.

Aunque estoy desesperado por clavarle los dedos a Tylor en el cuello y arrancarle la columna vertebral, necesito transmitir confianza, así que suavizo la sonrisa y dejo que se me escape un poco el acento al decir:

—¿Por qué no lo pones con el grupo de Simmons Loop? Les vendría bien una mano extra.

—Por supuesto, Nolan —dice Maddison, y el rubor le sube a las mejillas.

Me vuelvo hacia Tylor.

—Tengo que seguir con lo mío, pero estás en buenas manos. Gracias de nuevo por unirte a la búsqueda, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias.

No me quedo el tiempo suficiente para procesar lo que sea que haya respondido Tylor. Le doy una palmada en el brazo y me alejo para perderme en el caos de la muchedumbre.

Los voluntarios y sus preguntas. Los periodistas acechando como buitres.

El olor a perritos calientes y café amargo.

Por una vez, hasta estoy agradecido de que la señora Evanston haya traído a ese perro incansable.

Quiero distraerme de Vivian y de Tylor y del resto de mierda que parece amontonarse a mi alrededor.

A lo mejor me encantaría dejar de preocuparme un ratito sobre cómo sacarle a Harper el tema de que es posible que Arthur matara a su mujer.

Por desgracia, no funciona.

Durante el tiempo que me paso dándole vueltas a cómo abordar el asunto, me doy cuenta de que nunca esperé enamorarme de alguien tan complejo y tan amortajado en secretos.

Sus propios secretos. Los del pueblo. Los de su mentor.

Incluso los míos. Por alguna ingenua y absurda razón, pensé que el amor sería fácil…

un río tranquilo que serpentea por la vida.

No una tormenta en medio de la noche que te destroza.

La mayoría de los días, no sé si estoy en el buen camino o rumbo a mi condena.

Es lo último que pienso cuando agarro el pomo de la puerta y entro en casa.

Me recibe la música y el olor a comida que se mezcla con el incienso que arde junto al tablero de ajedrez.

Harper está cantando en la cocina. Dios, canta fatal, pero no le importa.

Me encanta eso de ella. Morfeo está haciendo ruiditos en la ventana abierta mientras ella le deja un trozo de cecina sospechosa; entonces, el pájaro me ve y grazna.

—Ay, Dios —exclama Harper al darse la vuelta y verme—. Casi me matas del susto.

—Lo siento —respondo, suelto la mochila y me quito las botas. Voy a la cocina a saludarla con un beso antes de sacar una cerveza Blackstone de la nevera. Engullo un amasijo de nervios con el primer trago—. ¿Cómo ha ido el resto del día?

Harper se encoge de hombros. Está rompiendo las hojas de albahaca en trocitos para esparcirlas por la pizza casera que ha sacado del horno.

—He hecho todo lo que he podido para arreglar los setos. Me ha llevado toda la tarde. La primera ronda del jurado es mañana.

—Estoy seguro de que han quedado genial. —Me apoyo en la encimera a su lado y ella me lanza una mirada vacilante—. Más geniales que antes.

—Eso es muy generoso por tu parte. Y también erróneo sin duda alguna.

—Harper lleva la pizza a la mesa y la sigo; cada latido es un golpe siniestro en mi pecho—.

¿Y tú qué tal? ¿Cómo te ha ido con Yates?

Estaba preocupada por ti. Menuda mierda no haber podido llamarte —dice señalando la caja sin abrir del nuevo teléfono, que debe de haber llegado mientras yo estaba en la búsqueda—.

Gracias por pedirle a Maya que me escribiera, por cierto.

—Claro. —Es lo único que consigo decir.

Harper me dedica una mirada de preocupación antes de centrarse en cortar la pizza.

Le doy un sorbo a la cerveza y me pongo un trozo en el plato, pero de repente se me ha quitado el apetito y me han entrado náuseas—.

Estoy bastante seguro de que el tal Tylor es KnightofTruth, teniendo en cuenta que su apellido es Knightsbridge.

Tienes que prometerme que no pasarás por el centro de mando hasta que se haya largado, porque es voluntario.

Harper abre los ojos como platos y las cejas le suben por la frente.

—¿En serio…? —pregunta, y asiento—. Joder. Qué suerte tuve en la tienda de Maya.

—Sí. Mucha. Y también me ha enseñado tu foto, la misma del servidor de Discord.

Harper resopla con la boca llena de pizza antes de bajarla dándole un buen trago a su cerveza.

—Como me hayas delatado, te rajo las pelotas.

Solo consigo soltar una risa débil ante su broma, pero ella parece que no se da cuenta, porque se queda mirando al centro del salón mientras masculla pensativa y en silencio.