Temporada de cosecha (Masacre 2) II.RAÍCES
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II.RAÍCES

II. RAÍCES

Yates

Tiempo después…

—Bueno —digo mientras me subo hasta la frente el ala del sombrero empapado de lluvia—, al menos eres coherente con eso de guardar las cosas bajo los tablones del suelo.

Autumn es una criatura sentimental. Me ha resultado útil. Una sorpresa inesperada. Pero también es una capa de su crisálida que debo arrancar para que se transforme.

Meto la mano en el escondite de la habitación de invitados de la casa anexa y saco los objetos escondidos.

Encuentro un mapa de Oregón; detrás hay garabateadas partidas de tres en raya.

Salió en el vídeo treinta y seis de las camperaventuras de Autumn y Adam, cuando Goonie se averió en el camping de la costa.

Hay una taza de las cuevas de Carlsbad con el logo del murciélago y el borde mellado.

Adam la usaba en casi todos los videoblogs después de que pasaran por Nuevo México, incluso después de romperse.

Una caja de zapatos llena de pases de aparcamiento.

Recibos de campings. Hasta una tira de fotos en blanco y negro de un fotomatón, cuatro instantáneas de amor en una línea.

Retazos de lo que era su vida antes del catalizador que provocó su metamorfosis. Harvey Mead.

He visto muchas mierdas a lo largo de mi vida.

Aunque Cabo Masacre fuera un pueblo «normal», seguiría teniendo una buena ración de momentos turbios.

Muertes y accidentes, peleas en público y violencia escondida tras puertas cerradas.

Y yo tengo mis propios pasatiempos para añadirle color al paisaje de muerte que me rodea.

Mis asesinatos son arte. O lo eran, antes de que sacrificara mi estilo para permanecer oculto.

Pero Harvey Mead… era un monstruo diferente.

Tosco. Cruel sin propósito. Un bruto, poco más que un animal que mataba impulsado por una necesidad atávica.

Observo las fotos que sujeto con la mano enguantada; no aparto la mirada de la sonrisa reluciente de Autumn. Y luego me las guardo en el bolsillo interior de la chaqueta a cambio de un recuerdo mío.

—Se diría que la bruma tu mirada vela —recito en voz alta. No tengo que leer el poema escrito en el relato del barquito que surcó los mares hacia la gloria rompiendo el récord de La Nube Voladora—. ¡Misteriosa, atenta centinela! ¿Es azul, gris o verdemar?

Guardo las pertenencias de Autumn en la mochila y cierro la cremallera; luego coloco la alfombra sobre los tablones con una palmadita.

—Tierna, soñadora y cruel a su vez, reflejo de la lánguida palidez del cielo.