Temporada de cosecha (Masacre 2) SOMBRA INTENSA
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SOMBRA INTENSA

SOMbrA INTENSA

Nolan

Estoy tumbado en la cama de Harper, que descansa la cabeza en mi pecho; su respiración es profunda y regular.

La luz de mi teléfono es lo único que le ilumina la piel.

Las lámparas están apagadas. La luz del pasillo sí que está encendida, pero apenas se adentra medio metro en la habitación a través de la rendija de la puerta abierta.

Aunque ella duerme profundamente y yo también debería hacerlo, he estado cotilleando el Discord de los Buscasabuesos como un obseso.

No he encontrado nada, por mucho que me haya esforzado en desenterrar detalles sobre el documental de Sam en varios canales.

Sam guardaba sus secretos con celo, igual que hizo conmigo cuando le hablé sobre La Pluma y el documental.

Dejó caer pistas para incentivar la especulación, pero nunca confirmó nada.

Al menos, no a mí y tampoco encuentro nada en el servidor.

Reviso la última notificación que ha llegado hace treinta minutos. KnightofTruth ha subido la misma foto de ayer en la que sale Harper en la calle principal, de espaldas a la cámara y con una bolsa al hombro.

KnightofTruth: Voy a averiguar quién es esta chica. A lo mejor es la clave de lo que le ha ocurrido a Sam.

Sam no debió de contarle muchos detalles sobre lo que estaba haciendo, pero está claro que estaba más unido a este usuario que a otros si le envió una foto de Harper días antes de morir.

Y quién sabe qué más podría tener en su poder, listo para alimentar a los seguidores que parecen gravitar a su alrededor como si fuera el próximo líder de los Buscasabuesos.

Podría tener más imágenes. Más teorías. Quizá incluso es igual que Sam: una persona que sabe cómo contar una historia para emocionar a sus seguidores.

Cierro los ojos con fuerza. A lo mejor sabe tan poco como deja ver en internet.

Sin embargo, mi instinto me dice que es un cazador y que solo es cuestión de tiempo que siga el rastro que lleva hasta nuestra puerta.

Y, entonces, ¿qué? ¿Cuánto tardará en encontrar a Harper y hablar con ella, igual que hizo Sam en el teatro?

Si eso pasa, estará a un paso de hacer que toda su frágil vida se desmorone.

Cierro la aplicación de Discord y entro en la de mensajería; abro el último intercambio que tuve con mi hermana, Amelia.

Ey, Caramierda. Espero que te vaya bien en tu retiro junto al mar. Pilla rayos de sol. Hasta puedes echarte novia. Te acuerdas de lo que es eso, ¿verdad?

Pensativo, doy unos golpecitos en el extremo del móvil.

Sé por qué me ha escrito. Se acerca el aniversario del accidente.

Y he dejado claro que nunca estaré en casa en esa fecha.

Siempre he estado «de vacaciones», tachando otro nombre de mi lista.

En realidad, no soporto la angustia en el rostro de mi familia.

No saben lo de mis cacerías anuales, por supuesto, pero sí que no consigo quitarme de encima la culpa de haber sido el que sobrevivió.

Mucho menos en esta época del año. Da igual lo que digan o lo fuerte que me abracen o cuánto me animen con sus sonrisas cansadas: sus intentos por tranquilizarme nunca me aportan paz.

Aunque me planteo dejar el teléfono, me trago la incomodidad y le escribo una respuesta.

¿Los rayos de sol? Sí. Me acuerdo de lo que son.

Siempre ha sido un ave nocturna, así que mi hermana responde de inmediato.

Serás bobo. Sabes que me refería a lo de la novia. ¿Cuándo fue la última vez que echaste un polvo?

No quiero hablar de esto con mi HERMANA PEQUEÑA.

Bueno, yo tampoco quiero hablar de ello con mi HERMANO MAYOR, pero me preocupa que hayas huido para meterte a monje o que te estés tirando a una de tus ex en un alarde de desesperación.

Por favor, que no sea Gisèle. CUALQUIERA menos Gisèle.

Suelto una carcajada, lo cual hace que Harper se remueva a mi lado.

No voy a volver con ninguna de mis ex. Y tampoco voy a meterme a monje.

… ¿¿¿Eso significa que has conocido a una chica???

MADRE MÍA, deberías invitarla a la boda de Corrie el 24 de julio. Porque vienes, ¿verdad?

Joder. Tengo menos ganas de pensar en volver a Tennessee que en los Buscasabuesos o la búsqueda o Yates. Es como si todo el mundo intentara sacarme de aquí a empujones o gritos, y yo lo único que quiero es quedarme con Harper.

El corazón me araña las costillas cuando entro en bucle.

Le mando un rápido «buenas noches» a mi hermana, luego me obligo a dejar el móvil en la mesita y me esfuerzo en no pensar en las cosas que no puedo cambiar en una sola mañana.

Así que me centro en lo que sí puedo ver y tocar, cosas que son reales y están presentes. Como Harper.

Me la quedo mirando fijamente durante un buen rato, aspirando su aroma y consolándome con su respiración regular. Sé que ella verá la misma notificación de Discord cuando se despierte. Igual que sé que está preparada para luchar contra los lobos que acechan, aunque debería salir corriendo.

Se me vuelven a ir los ojos al móvil. La tentación de buscar todo lo que pueda sobre la milagrosa huida de Harper de la casa de Harvey Mead me atormenta de manera constante.

Ya he cruzado demasiadas veces la línea cuando se trata de ella.

La he espiado por la ventana. La he seguido por toda la ciudad.

Lo de la puta cabeza en el comedero para pájaros a lo mejor fue un golpe bajo.

Pero, por alguna razón, cotillear su historia pública me parece una violación.

Los detalles que en realidad quiero saber (que necesito saber) son los que solo están en su cabeza.

¿Cómo se escapó de la casa de Harvey Mead?

¿Adónde fue cuando se marchó Lubbock? ¿Qué sucedió después de que nos cruzáramos en Maryland y cómo tiró por la borda su antigua vida una vez llegó a Cabo Masacre?

Sam debe de haberle seguido la pista a parte de esa información.

KnightofTruth podría hacer lo mismo, si no lo ha hecho ya, mientras nosotros vamos diez pasos por detrás.

Estrecho a Harper un poco más fuerte, como si un adversario invisible pudiera arrebatármela en medio de la noche. Y al final, después de un buen rato, me duermo.

A la mañana siguiente, me despierto en una cama vacía.

Me enderezo de golpe y toco el sitio donde debería estar ella. Las sábanas están frías. Estoy a punto de pronunciar su nombre cuando la oigo maldecir en la planta de abajo y suelto el aire que tanto tiempo he estado conteniendo.

Cuando llego a la cocina, ya ha hecho su café y mi té. Está sacando un plato de gofres del horno, donde debe de haberlos mantenido calientes.

—Estaba a punto de despertarte —dice mientras echa tres gofres en otro plato, que me pasa por encima de la encimera—. He pensado que te vendría bien comer algo antes de ir a la búsqueda.

—Gracias.

Le doy un beso en el pelo y llevo los dos platos a la mesa de comedor; ella me sigue. Aunque me dedica una sonrisa débil cuando se sienta en la cabecera de la mesa a mi lado, debajo todavía hay estrés: reluce bajo la delgada máscara que lleva puesta.

—Imagino que te has puesto al día con Discord.

—Sí —confirma, y coge el sirope de arce para cubrir su plato de gofres con el líquido ámbar—. No puedo decir que me haga mucha ilusión.

—A mí tampoco. Creo que lo mejor es dejar el hueso de Bryce donde está, por ahora. No sabemos los planes que está haciendo la gente en privado para venir a Masacre y sin duda tu casa va a ser como un imán para ellos, ya que es el lugar donde se cometió el último asesinato conocido de La Pluma.

Harper asiente. Frunce el ceño.

—Oye, y si dijera: «Ey, a lo mejor es un buen momento para marcharse del pueblo», tú me responderías… —Me callo cuando Harper me lanza una mirada asesina—. Ya, eso me parecía. ¿Y si te llevas a Arthur a unas vacaciones largas?

—Nunca se va de vacaciones. «Los turistas son odiosos y no quiero estar entre ellos» —dice alardeando de su mejor imitación del viejo antes de apuñalar un trozo de gofre—. Por qué ser un turista cuando puedes quedarte aquí y matarlos por diversión, ¿verdad?

—Cierto… Excepto cuando hay varias personas desaparecidas, una búsqueda activa para encontrarlas y unos detectives aficionados van a venir al pueblo en tropel. Creo que, en este caso, estaría justificado hacer un crucero.

Ella se encoge de hombros.

—No va a pasar en la vida.

—Me lo temía.

Le doy vueltas a la leche del té y dejo que la cuchara repiquetee contra la cerámica como el insoportable paso del tiempo. Harper entrecierra los ojos porque le molesta el sonido.

—Tenemos que sacar de aquí algunas de las pruebas y empezar a encauzar la búsqueda hacia donde nos interesa.

—Justo estaba pensando lo mismo —concuerda ella—.

La camisa de McMillan está escondida en el cobertizo.

Iba a dejarla en el lago Loon antes de que Yates me jodiera los planes.

Pero sí que saqué el maletín de Arthur y la ropa de Evanston y los oculté en un lugar seguro en uno de los edificios anexos de la destilería.

—Ya suponía que tenías algo de McMillan; por eso entretuve a los voluntarios en el lado este, donde el arroyo desemboca en el lago.

Si me das la camiseta, puedo colocarla en la orilla oeste durante la próxima comprobación rutinaria.

Esperemos que así Yates asuma que McMillan se metió en el lago en esa zona y nunca salió.

Harper le da vueltas a la idea con la boca llena de gofre y luego asiente.

—¿Y qué me dices de Evanston? —pregunto.

Ella se encoge de hombros.

—Creo que deberíamos dejarlo en paz por ahora.

Sería un tanto sospechoso que dos prendas de ropa aparecieran de repente en poco tiempo, aunque sea en zonas completamente diferentes.

Más allá del Loop, el terreno es bastante duro.

Si te alejas del camino, solo hay kilómetros y kilómetros de bosque denso.

Muchas ciénagas y lugares en los que te puedes perder.

Respondo con un «ajá» y me echo hacia atrás en la silla.

—No me convence demasiado la idea de que la gente perderá la motivación si no encuentra nada.