Te reto a no mirar atrás (A través de tus orejas 2) Capítulo 57
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Capítulo 57

Seremos más fuertes cuanto más unidos estemos, y más débiles cuanto más divididos.

–Harry Potter y el cáliz de fuego, J. K. Rowling

Cuatro años después.

C ristian comenzó a ir a Finca Deva por las tardes para practicar con los caballos y yo, cuando podía, me escapaba con él.

A veces, Verona y Angelito se asomaban por la ventana para vernos practicar.

Era una maravilla estar tan cerca de mis animales y de mi familia.

Poder escaparme junto a mis caballos en cualquier momento.

Gelo irrumpió en mi cuarto, donde por primera vez en años, dormía sin los niños. Aitor, que había pasado la noche conmigo, debía estar con ellos. Gelo pegó un gran portazo que me obligó a incorporarme de manera abrupta y abrir los ojos de par en par.

—¿Qué pasa?

Cuando mis ojos enfocaron su cara desencajada, mi instinto me dijo que algo malo había pasado.

Gelo se sentó en el borde de mi cama y me tendió su móvil de manera mecánica.

Fuera lo que fuera, le había dejado lívido.

Encontré, frente a mis ojos, la conversación de WhatsApp con Laura.

En ella solo hablaba Gelo. Le explicaba algunas cosas de Angelito y le mandaba las fotos que le había hecho el día anterior mientras montaba a Spirit.

—No entiendo Gelo… —comencé. Y entonces caí y llevé mi mano libre a mi pecho—. Le ha dado un me gusta —murmuré al borde de un ataque de pánico.

Era la primera contestación por parte de Laura que Gelo recibía en casi diez años. Me entró el miedo. De que ella volviera, de que me separara de Angelito, de que les volviera a hacer daño. De… todo.

—¿Estás asustado?

Gelo negó y yo me comí el «yo sí».

—Es lo máximo que ha hecho en casi diez años. He intentado llamarla, pero no me lo ha cogido. Tal vez me he precipitado… —murmuró esto último.

—¿Ha-hablar con ella para qué? —pregunté alterada.

—No sé. Es la madre de Angelito…

Que llamara a Laura madre me dolió como si me clavaran un puñal por la espalda.

—¿Crees que te llamará?

—Me gustaría poder hablar con ella. Ya no somos unos críos. No tiene que huir de un bebé.

Sus palabras me dejaron una sensación agridulce en el cuerpo y se asentó dentro de mí un sentimiento de inquietud y malestar. ¿Y si volvía Laura? ¿Qué papel desempeñaría ella? ¿Y yo?

—¿Quieres que vuelva? —No sabía si estaba preparada para saber la respuesta.

Gelo suspiró y se pasó las manos por el pelo.

—No lo sé. Quiero dejar de hablar solo, estoy harto de no obtener respuesta.

A los dieciocho me convertí en padre y me cambió la vida para siempre.

Pero Laura parece vivir en una realidad aparte donde no tiene esa responsabilidad.

Casi han pasado diez años. Quiero dejar atrás esto.

Quiero olvidar o tenerla en mi vida. —Se sinceró con voz compungida—.

Cada día me siento más estúpido mandándole fotos y vídeos, contándole cómo está Angelito sin que ella diga nada.

Hasta hoy. Ha puesto corazones en las fotos.

Tal vez se esté preparando para empezar a formar parte de la vida de Angelito, si es que él quiere.

—Seguro que sí —dije con voz rota.

—No sé, Ari. Lleva un tiempo sin preguntar por ella.

—No quiero perderle —murmuré y Gelo negó.

—Laura puede venir a ver a Angelito cuando quiera, pero su vida está aquí —soltó tajante—, con nosotros —enfatizó ese nosotros .

Asentí pero el nudo que se asentó en mi estómago y el malestar no desaparecieron.

—De todas formas es solo un like . Nada más. —Le quitó importancia. Asentí, me besó la frente y se puso en pie—. Gracias por hablar conmigo, Ari. Estaba nervioso. Voy a preparar el desayuno.

Me dedicó una bonita sonrisa antes de dejarme sola en la habitación.

Me sentí abatida. Laura iba a volver. Y yo no iba a permitir que hiciera daño a mis chicos o me alejara de Angelito.

Fui a buscar a Aitor, quien me tranquilizó en cuestión de minutos con sus besos, sus palabras de ánimo susurradas y un pequeño baile que hicimos juntos de una de sus canciones preferidas.

Y después mi favorita de K&D. Aquel grupo de rap se había convertido en uno de mis preferidos por la crudeza y lo real que sonaban sus canciones.

Ocurrió algo inaudito: empezaron a reformar el chiringuito de nuestra playa. Alguien pagó el traspaso. Lo descubrimos en una de nuestras excursiones con los caballos a aquella playa.

—¿Quién habrá cogido el traspaso? Van a tener que tirarlo entero. Está hecho mierda —alertó Gelo mientras miraba el local frente a nosotros. No solo la fachada estaba tocada, también el tejado, las ventanas que estaban rotas y la tarima de la terraza que estaba llena de agujeros en la madera.

—Ni idea, pero tengo ganas de verlo abierto —comenté sin desviar la mirada del chiringuito.

Nos acercamos a cotillear. Había varias personas sacando escombros y cacharros viejos de la parte de dentro y ni corto ni perezoso, Marcos les preguntó si sabían quién había cogido el traspaso.

No tenían ni idea, pues trabajaban para una empresa de reformas de la zona.

Asentimos, le dimos las gracias y nos alejamos, haciendo cada uno sus elucubraciones sobre a quién pertenecía.

Volvimos por segunda, tercera y cuarta vez en un mes para ver la evolución del chiringuito mientras disfrutábamos del olor a salitre que flotaba en el ambiente, de la arena de playa y de los caballos.

Creo que le dimos tanta importancia a la reforma por los recuerdos que guardábamos del chiringuito anterior.

De nuestras tardes de adolescentes con un zumo de piña, problemas típicos de nuestra edad y muchos cotilleos que contarnos.