Te reto a no mirar atrás (A través de tus orejas 2) Capítulo 33
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Capítulo 33

Nada es más creativo o destructivo,

que una mente brillante con un propósito.

–Inferno, Dan Brown

M e desperté con una sensación rara en el estómago, estaba nerviosa. Froté mi barriga para calmarme y la niña me dio una patada. Sonreí de manera inconsciente. Miré por la ventana y me alegré de que aquel día de febrero estuviera despejado.

Fui hasta la yeguada y en cuanto traspasé la puerta con forma de arco, recordé mi adolescencia y la primera vez que me vi cerca de un caballo sin una valla que separara nuestros cuerpos.

Ángel, que me esperaba tras la puerta, me saludó.

Sonreí con timidez y dejé salir a Togo y Balto del coche.

Me propuso dar una vuelta y comenzamos a caminar por su yeguada.

Rebusqué en mi cabeza cómo empezar a hablar mientras observaba todo.

Cogí una gran bocanada de aire y empecé a hablar.

Le conté mi descontento, mis inseguridades, la pena que me daban los animales que veía a diario mal cuidados o tratados.

Ángel me escuchó sin interrumpirme y en su mirada pude ver comprensión.

Atisbé ciertos cambios en la yeguada y no pude evitar reflexionar sobre si crear nuevas vidas equinas era lo correcto. Añadí:

—¿Por qué crías caballos si sabes que la mayoría los abandonarán?

—Porque que haya gente que abandone a sus caballos, es un hecho. Yo doy una oportunidad a esos caballos de no ser revendidos hasta que fallezcan.

—¿Y por qué no haces eso con los caballos de otros? ¿Por qué metes en la rueda a nuevos caballos en vez de intentar ayudar a los que ya hay? —pregunté sin entender su punto ni un poquito.

—Mi pasión desde niño ha sido criar caballos. Cuidar de los padres, ver nacer a los potros, darles lo mejor que tengo y buscarles una buena familia.

—No será tan buena si luego te los devuelven —rebatí.

—No todos —argumentó Ángel.

Su voz sonó cortante y me abstuve de seguir cuestionando su punto de vista, pero empezaba a no ver clara su postura.

Tal vez fue por poder disfrutar de ellos en mitad del prado, por la libertad que transmitían, o porque yo a los míos los veía radiantes de felicidad viviendo allí.

¿Debería haber insistido? ¿O hice bien en parar antes de desencadenar un huracán?

—Entiendo que ahora seguir formándote en veterinaria equina no es tu prioridad. Pero deberías continuar para poder cuidar bien de tus caballos. Y de los míos. Y buscar la manera de que tu trabajo te llene. Porque los caballos jubilados son solo el principio.

Cuando me fui, lo hice con una sensación agridulce en el cuerpo. No había ido como me esperaba. Empezaba a no ver claro lo que Ángel hacía en la yeguada con el amor, valores y cariño que él me había transmitido por los caballos.

Es complicado entender el mundo del caballo y sus matices.

Cada dueño de un caballo piensa distinto.

Algunos te dirán que los quieren mientras los mantienen en un box; otros que son meros objetos con los que ganar premios, pero los respetarán.

Algunos intentarán hacer las cosas bien y aprender a entender a los caballos, a otros solo les interesará montarlos.

Algunos los abandonarán cuando dejen de montar, y otros los mantendrán en un prado, un paddock o un box .

Muchas veces se hacen las cosas mal por desconocimiento, otras porque en esa hípica se hacen de aquella manera.

Te tienes que adaptar a ellos y creer que eso es lo bueno.

Poco se sabe de que un caballo debe vivir en un prado, acompañado de otros de su especie; y que eso hace que descansen mejor, pues uno de ellos vigilará mientras los demás descansan.

Poco se sabe de que el caballo es un ser sociable, necesita tener a los de su especie cerca y crear manada.

Mantener a los caballos en un box es antinatural.

Se les priva de satisfacer sus necesidades vitales y por ello, muchos desarrollan estereotipias.

Todos los caballos deberían vivir en un prado.

No dejé de darle vueltas al tema hasta llegar a Finca Deva. Observé a mis caballos sin bajar del coche. ¿Por qué ellos eran unos privilegiados? Era injusto.