Te reto a no mirar atrás (A través de tus orejas 2) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Aitor rio y su risa…, su risa envolvió mi cuerpo entero.

Era bonito escucharle reír de manera tan despreocupada.

Fue la primera vez que le escuché reír así.

Real. Sin filtros. Creo que fueron su risa y sus ojos brillantes lo que hicieron que rompiera el espacio que nos separaba, buscara sus labios y le besara.

Nuestros labios encajaron como si hubieran sido diseñados para estar juntos.

Aitor me devolvió el beso y entreabrió su boca.

Nuestras lenguas se rozaron y sentí una explosión de calor que comenzó en mi vientre e inundó mi cuerpo entero.

Fue un momento alucinante. Fue él quien rompió el beso y escrutó mis ojos.

Los suyos albergaban un brillo especial que fue el culpable de que volviéramos a besarnos.

O tal vez fue que Aitor rompió la distancia entre nuestros labios con ansia y me besó otra vez.

Y otra. Y otra. El chico deslizó una de sus manos a mi nuca, la otra la dejó encima de mi prominente barriga.

Me tensé unos segundos, pero cuando noté la delicadeza con que me acariciaba la cumbre de mi vientre, me derretí.

No quería parar de besarle. Necesitaba esa proximidad con él.

Mi cuerpo me lo pedía. También mi mente.

Notamos a la niña moverse en mi vientre y Aitor sonrió en mi boca. Debería haber sido un momento bonito. Si él fuera el padre de mi hija. Si él y yo fuéramos algo. Pero no lo éramos. Rompí el beso y me alejé con rapidez de él, como si quemara.

—Lo-lo siento. Esto ha sido un error.

—Me gustas de verdad, Ádriel.

Contuve la respiración. En otro momento, eso habría sido suficiente para darle una oportunidad a nuestros sentimientos de ser, crecer, desarrollarse y ver a dónde nos llevaban. Pero ya no lo era.

Guardé silencio y Aitor cogió mi barbilla con delicadeza e hizo que nuestras miradas conectaran.

—Me importas, Ádriel. Me importa tu niña y ni siquiera la conozco.

Sé que será especial en mi vida. Sé que formará parte de ella.

Lo sé aquí. —Se señaló el pecho—. Y sé que sientes algo por mí.

Aunque no pares de repetirte que no debes sentir nada porque Alexis aún habita en tu corazón. Porque tu hija es mitad tú, mitad él.

Ojalá hubiera sido fácil para mí creer en sus palabras. Porque lo que dijo acerca de nosotras me tocó el corazón.

Me callé, sin saber qué decir, mientras las lágrimas se agolpaban en mis ojos.

—Él no está. Pero yo sí —añadió ante mi mutismo.

—¿Vas a ser un padre? —Le señalé con el dedo con mi voz a medio camino entre la frustración, el enfado y la emoción—. ¿O te irás cuando se ponga feo? Porque que a mí me hagas daño, duele, pero que se lo puedas hacer a mi hija, me mata.

—No me voy a ir. Da igual que seamos pareja o solo amigos. Voy a estar. Me importas tú, me importa tu hija y me importa la familia con la que vives.

Me aturullé y me sentí acorralada por sus palabras, mis sentimientos y mi batiburrillo interior. Necesitaba huir.

—Esto… esto es demasiado. Yo…

Aitor dijo cosas muy bonitas, cosas que hacía unos meses me habría creído sin rechistar. Pero eran solo meras palabras. Nada más. Se acabó para mí el creer en lo que la gente largaba por la boquita.

—Solo te pido que dejes de huir de mí y que te permitas sentir, Ádriel.

—Tengo miedo de sentir. ¿No lo entiendes?

—Que una vez salga mal, no quiere decir que todo a partir de entonces vaya a salir mal. Yo no soy él. Yo no me voy a ir. Pase lo que pase. Si quieres, te irás tú. Yo no. —Su voz sonó tan dura, tan entera, tan segura. Podría haberle creído.

—Quiero creerte. Pero las palabras… se pierden.

—Te lo demostraré. El tiempo que haga falta. El resto de mi vida, si me dejas.

Mi corazón se hinchó de sentimientos bonitos por sus palabras. Unos meses atrás habría caído rendida a sus pies. Aitor era dulce, cariñoso, quería comprenderme, quería apoyarme. Pero en aquel momento no iba a caer rendida. Ya no más.

—Tener un hijo no es sencillo. Te lo pintan como que es todo mágico y bonito.

Y no lo es. —Remarqué—. A veces es un caos, complicado, noches sin dormir, jugar aunque estés exhausto, no tener vida si no es para el niño.

Y yo, estoy embarazada. No soy solo yo, también lo es ella. —Señalé mi vientre—. Y Gelo y Angelito.

—Lo sé —contestó serio—. No he tenido una vida fácil, ¿sabes?

De pequeño me atormentaba saber que no había sido lo suficiente para mis padres biológicos y que por eso me dieron en adopción.

No me querían y se deshicieron de mí. Desde que tengo uso de razón, me he esforzado por ser el mejor para que mis padres no me abandonaran.

Pero lo hicieron, aunque esta vez no porque ellos quisieran.

El caso es que me dejaron aquí, sin ellos.

He tenido que cuidar de Cristian y cuando conocí a mi abuela, no me fiaba de ella.

Nada. ¿Cómo iba a hacerlo? Seguramente me volvería a abandonar.

Tal vez ni siquiera me quisiera en su casa.

»Tenía muchos demonios encima contra los que batallar.

El amigo de mis padres, Javi, me pagó un psicólogo.

Nosotros no teníamos suficiente dinero para que fuera dos veces en semana y para él, mi salud mental era lo primordial.

Gracias a mi psicóloga, he empezado a ver las cosas de otra manera.

Sigo teniendo una herida, sigo siendo adoptado, sigo habiendo perdido a mis padres, sigo teniendo problemas de confianza en los demás.

Pero quiero seguir adelante. Y por primera vez, siento que puedo confiar en alguien que no sea mi hermano, o mi abuela.

Tienes algo que me hace confiar ciegamente en ti.

Que vivas con tu mejor amigo, que hayas adoptado a su hijo o que estés embarazada no lo veo como un obstáculo para mí.

Yo solo quiero, por primera vez, dejar que mis sentimientos tengan cabida.

Quiero ser yo. Y a mí, me gustas. La vida complicada no me importa si es porque la elijo yo así.

—Gracias por abrirte a mí. Sé que eres buena persona. Tus palabras… me encantan. Pero…

—Me gustaría que nos vieras como yo nos veo a nosotros.

—¿Y cómo es eso?

—Encajamos.

—Encajar no es suficiente —dije entristecida.

Ojalá lo fuera. Ojalá fuera tan sencillo. Ojalá pudiera borrar el pasado, el daño y confiar ciegamente en él. Pero no podía.

—Te demostraré que estaré siempre. Es una promesa —murmuró antes de besarme en la mejilla.

Quise parar el tiempo justo ahí. Al menos unos minutos.

Poder sentir una y otra vez todo lo que sus palabras me hicieron sentir.

Me perdí en su mirada y, por primera vez, mi corazón no paró de sentir cosas por Aitor, de recordar cada roce mientras hacíamos palomitas, dejando al fin relegado a un pequeño hueco lo que sentí por Alexis.

Y mi cabeza… No dejaba de repetir una y otra vez nuestros besos.

Malditos besos. Quería otro. Y otro. Y otro.

Pero mi cabeza, también me repetía que había hecho bien en poner distancia entre los dos.

Que debía luchar contra lo que sentía por él porque podía herirme.

No era momento de más daño. Había construido un muro mientras sanaba para no volver a sufrir. No debía dejar caer el muro.