Te reto a no mirar atrás (A través de tus orejas 2) Capítulo 18 #3
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Capítulo 18 #3

Nos quedamos en silencio. Aitor miró con anhelo a Pegaso y yo a Cristian, que hablaba con Jonás. Era un silencio incómodo, donde yo no quería saber nada sobre su decisión y él no sabía qué cojones tenía que hacer para recuperar a su hermano pequeño.

Mientras, mi corazón me estuvo bombardeando: «Te estabas emocionando con él y mira.

Te lo dije. Que no te convenía. Aún te estás recomponiendo, no dejes que Aitor se acerque porque intentas empezar a sanar y esto solo te complicará la vida.

No merece la pena arriesgarse ahora. Fíjate lo que le ha hecho a su hermano y a su yegua.

Dista mucho de cómo piensas tú. ¿Cómo te va a gustar alguien que piensa tan diferente a ti?

». ¿Tenía razón o eran las cicatrices que dejó Alexis hablando?

Negué para quitarme aquellas palabras de la cabeza.

—Voy… voy a irme, ¿vale? —dijo Aitor. Su enfado conmigo había quedado a un lado y en aquel momento sonó devastado—.

Escríbeme cuando estéis en casa, por favor.

—Se pasó las manos por el pelo—. Yo… yo…

Necesito espacio. Aquí me estoy asfixiando.

No poder acércame allí… —Señaló a su hermano y Pegaso—. Me está matando. Tengo miedo.

No esperó respuesta por mi parte y se alejó de mí con pasos torpes y una tensión inusual en él vagando a su alrededor.

Antes de subirse al coche, se giró y buscó a su hermano, o tal vez fue a Pegaso.

Y después, me miró a mí. Pude ver los remordimientos en sus ojos y, sin saber por qué, eso me afectó.

Tal vez porque la culpa por todo lo que había dicho sin filtro alguno, empezó a carcomerme por dentro.

Me quedé allí como un pasmarote hasta que Aitor se fue.

Entonces me recompuse, eché a un lado la culpa y caminé hacia Jonás y Cristian.

Este último me dijo con tristeza que había intentado tocar a la yegua y esta le había lanzado un mordisco.

—Es normal —le consolé.

—Pero busca mi compañía —dijo frustrado.

—Porque te recuerda. Pero sabe lo que pueden hacer las personas. No sabe si puede confiar. Aún no lo sabe. Pero la enseñaremos.

—¿Se ha ido Aitor? —preguntó Cristian a medias entre confuso, enfadado y un sentimiento más que no logré distinguir. ¿Tal vez decepcionado?

Asentí y le dije que se podía quedar en casa unos días, pero que su hermano estaría al tanto de todo.

Cristian bufó, me echó una mirada furibunda y protestó con rabia.

Suspiré agotada, tanto física como anímicamente.

La pelea con Aitor me había dejado bajo mínimos.

No quería tener que lidiar con Cristian.

—Porque eres menor —expliqué—. Pero sobre todo, porque es tu hermano.

—No es mi hermano —escupió Cristian.

—En unos días tal vez lo veas todo desde otra perspectiva. —Le animó Jonás dándole una palmada cariñosa en el hombro.

Cristian bufó de nuevo y se deshizo de su toque.

—Lo dudo. Vendió a Pegaso. Se deshizo de ella. Ni siquiera me lo consultó. No hay otra forma de verlo. —Cristian se mostró obstinado—. Ella era importante para los dos, o eso creía.

Cristian tenía tanta rabia bullendo dentro que era imposible que entendiera lo que Jonás decía. Me alejé de ambos. Necesitaba algo de espacio para poder dejar apartados mis sentimientos y poder establecer con Ángel un plan de acción.

Cuando tuve mis sentimientos a raya, establecimos que teníamos que echar un vistazo a Pegaso con ojo veterinario y llamar a la nutricionista.

Era lo más importante. No me apetecía nada explorarla, prefería estar al lado de Cristian.

Entendía su dolor. Si algo así le pasara a Troya, me destrozaría.

Pero cuando Ángel me notó dudar y me dijo que podía llamar a Iván, hice de tripas corazón y dije que yo me encargaría.

Debía hacer mi trabajo. No quería volver a ser débil en ningún ámbito más de mi vida.

Ángel me comentó que debíamos evaluar si su comportamiento podía venir por alguna lesión que no se viera a simple vista y estuve de acuerdo.

Me acerqué a Cristian y le expliqué lo que iba a hacer.

Él asintió con sus ojos desprovistos de cualquier sentimiento. Parecía en trance.

Pegaso no me lo puso fácil y tras comprobar que parecía todo lo sano que un equino en ese estado puede estar, decidí dejarla unos días para que se adaptara antes de examinarla a conciencia.

Cuando cayó el sol, nos fuimos a casa. Al llegar, ya estaban todos avisados de que no iría sola. Balto y Togo vinieron a recibirnos y aquello le sacó una pequeña sonrisa a Cristian.

Durante la cena, Gelo nos dijo que contáramos con él para la reeducación de Pegaso.

—Gracias. Nos vendría genial que vinieras. Es… —Un escalofrío me recorrió la espalda—. No tiene instinto de supervivencia. No tiene… nada. La han transformado en un monstruo. No entiendo cómo alguien ha podido hacer eso.

—Volverá a ser caballo —dijo Gelo muy seguro de sí mismo y me dio la determinación que necesitaba.

Pegaso volvería a ser caballo. Costase lo que costase.

Aquella noche Cristian durmió en mi habitación, en una esquina de mi cama mientras yo dormía pegada a Ainhoa.

Me costó conciliar el sueño, dándole vueltas a mis sentimientos por Aitor.

El día anterior había sentido cosas, mi estómago me advirtió que algo se fraguaba en mi interior a pesar de las reticencias del corazón.

Y de la noche a la mañana, todo había volado por los aires.

Sentí que Aitor no era quien yo creía que era.

Que me había traicionado. Y aquello me jodió porque él me gustaba.

De verdad me gustaba. Pero no iba a volver a caer.