Te odio: La reina del burdel de Londres 2
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—¡¿Qué?! ¡¿En serio?! —preguntó Emma excitada.

—No te alteres, querida… que ahora viene lo malo —dijo Ada mirando hacia los lados.

—¿Qué ocurre?

—William va por ahí alardeando…

—No.

—… de que irá…

—No.

—… contigo al baile.

Emma permaneció callada; estaba furiosa con William, pero también consigo misma. Debía haber cortado aquello desde un principio, ahora era irreversible.

Un baile.

Llevaba años soñando con asistir a un baile con un joven galán. Cuando caía la noche, Emma se acurrucaba en la cama bajo la luz de un candil, leyendo novelas de Jane Austen y fantaseando con ellas, y ahora el idiota de Seymour lo iba a estropear todo, le iba a fastidiar su primer baile.

¿Cómo podría deshacerse de él?

Su padre se iba a enterar de lo del baile y si Emma no iba con William sabía que le iba a caer una buena bronca, además de muchas preguntas. William llevaba días observándola, fijándose en la nueva y sospechosa relación que Emma mantenía con Hugo a raíz de la excursión al bosque.

Hugo se había vuelto alguien más cercano a ella.

Emma se pasaba las noches recordando el beso que él le había robado de forma fugaz cuando se toparon con la serpiente; sabía que ella no solo no se había apartado al instante, sino que le había devuelto el beso.

Había sido su primer beso con un chico, un momento especial en la vida de toda mujer, un recuerdo inolvidable.

Luego estaba el hecho de que el intrépido Belrose era una misteriosa caja de sorpresas.

En ocasiones era tan educado, caballeroso y mostraba tal conocimiento de las mujeres que parecía ser un hombre casado; pero en otras era un pícaro descarado que aprovechaba la mínima ocasión para fulminar con la mirada las propiedades femeninas del cuerpo de Emma.

¿Qué pretendía Hugo con ella? ¿Acaso buscaba algo serio con la heredera de los Remington? ¿Era ella un fruto prohibido para él? ¿O acaso era él un fruto prohibido para Emma?

Emma no tenía respuesta a sus preguntas. Lo que sí sabía era que preferiría haber ido al baile de la mano de Hugo que de la de William, pero ya poco podía hacer, salvo cruzarle la cara a William en cuanto lo viera.

—¿Dónde está William? —preguntó entre dientes Emma.

—Lamiendo el culo de algún profesor, supongo —respondió Ada.

—¿Con quién irás tú?

—Bart me lo pidió y le dije que sí. Más vale pájaro en mano que ciento volando.

—¿Stanley? No sabía que le gustabas.

—Este baile no es cuestión de gustos, señorita Remington —dijo Ada dándole un golpe en la frente con los dedos—. Es un baile de aristócratas. Lo organiza la familia de John. Asistirán muchas personas importantes, es más, se rumorea que irán hasta Victoria y Alberto. Ya que es en su amado edificio…

Emma se llevó la mano a la boca para ahogar un grito de entusiasmo.

—No me digas que el baile es en…

—Sí, en el Crystal Palace .