Te odio: La reina del burdel de Londres 4
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—No me gusta este plan… —murmuró Hugo.

—Es un plan sin fisuras, querido Hughie —replicó John con una sonrisa.

Acababan de llegar al Epping Forest . Charles Darwin daba indicaciones a sus ayudantes para que fueran descargando todos sus pertrechos de investigación; mientras, los alumnos se estiraban y charlaban alegremente.

Hugo había visto cómo Emma se había incorporado al grupo de las chicas de clase, apartándose del imbécil de William. Hugo estaba feliz, aunque también le hacía sospechar que algo pasaba entre ellos dos.

—No es la primera excursión de Charles. Me he informado de lo que vamos a hacer y de cómo nos va a distribuir: siempre lo hace por parejas —mencionó John.

—Entonces nos pondrá a mí y a ti juntos —señaló Hugo frunciendo el ceño.

—No, idiota —contestó John entre dientes—. ¿Acaso los árboles no te dejan ver el bosque?

Hugo se encogió de hombros.

—Sarah y Margaret son inseparables, y Ada siempre se junta con Dorothy. Por lo que Emma se va a quedar sola —apuntó John señalando al grupo de chicas.

—Ya lo sé, y también sé que se irá con William.

—No, algo ha pasado entre ellos. Llevan todo el camino sin dirigirse la mirada, y el otro día en clase igual. Se sientan juntos, pero ni se hablan. William… irá conmigo.

—¿Cómo? —preguntó Hugo sin entender nada.

—Arthur irá con James y Bartholomew con Harold. Solo quedamos tú y yo… por lo que yo iré con William y a Emma solo le quedarás tú. Un plan perfecto.

Hugo estaba aterrorizado, y eso que la noche anterior había hablado largo y tendido con su madre sobre Emma. Rose apoyaba su malvado plan, pero no sin reprocharle y mencionarle a Juana cada dos frases. Hugo sabía que tenía que confesar, y pronto.

—¿Y si no sé qué decirle en toda la excursión? —preguntó Hugo con nerviosismo.

—Vamos a observar animales y apuntar sus rutinas. —John le dio un codazo a su amigo—. Eso se te da bien.

Hugo tragó saliva y asintió.

Una parte de él añoraba los días en los que no tenía nada que perder; en los que ahogarse en un río helado no era un mal plan.

Ahora tenía tanto por lo que luchar. Su valentía, su picaresca, su astucia…

, todo aquello había desaparecido. Se había convertido en una persona más, era uno más del montón.

¿Qué haría si Emma lo rechazaba? ¿Sería ese su trágico final?

¿Qué sabía Hugo Belrose? Nada, y cuanto más aprendía, menos sabía.

¿Dónde había quedado el astuto, intrépido y decidido Hugo Salamanca? ¿Acaso había muerto en las frías aguas del Tormes?