Te odio: La reina del burdel de Londres 3
52%

3

—¿Qué te perturba, Hughie? —preguntó John North mientras pedía otra ronda.

Hugo respondió con un gruñido. Al apuesto hijo de los North no se le escapaba una, llevaban un buen rato en silencio, bebiendo cada uno de su pinta con el ruido de la taberna de fondo, sin decir nada.

—¿La señorita Remington? —volvió a preguntar John mientras arqueaba una ceja.

Esta vez Hugo sí reaccionó.

—¿Qué pasa con Emma? —preguntó mientras bebía su pinta recién servida.

—Lo que ocurre es que, este fin de semana, alguien va a disfrutar de la agradable compañía de la señorita Remington, y esa persona puede ser el imbécil de Seymour… o puedes ser tú.

Hugo bufó ante aquel comentario.

—No es tan sencillo, Johnny.

—Sí que lo es, lo que pasa es que estás acojonado.

—¿Yo? Me he enfrentado a cosas peores, puedes creerme…

John ladeó la cabeza en señal de desaprobación.

—Créeme, amigo, no hay nada peor que el amor no correspondido.

—Pareces saber mucho sobre el tema, Johnny.

John North suspiró.

—Eres mi amigo y no me gustaría verte sufrir —dijo John forzando una sonrisa—. Por eso voy a ayudarte a conquistar a tu amada.

Hugo calló durante un momento. John tenía razón.

Su mayor temor había ido cambiando con los años y, en aquel momento, era, sin duda, perder a Emma.

¿Aunque cómo podía perder algo que jamás había tenido?

Hugo sabía que nada tenía sentido desde que vio la hermosa imagen del rostro de la joven Remington.

Pero había otra cosa que Hugo temía, y era la ira de Juana.

Si todo salía como él pensaba, acabaría embelesando a la pulcra y educada joven londinense. ¿Pero cómo domaría a la fiera de Juana? ¿Saldría vivo cuando esta se enterara de que su Huguito amaba a otra mujer?

Poco le importaban a Hugo aquellas preguntas. Desde que tenía uso de razón sabía que él no era una buena persona, adoraba pecar, y no le importaban las consecuencias de sus actos. No iba a preocuparse ahora por aquellas sandeces.

—¿Cuál es el plan? —preguntó Hugo mirando fijamente a John.