2
Era lógico.
¿Cómo no iba a serlo? ¿Qué chica no preferiría al William Seymour antes que al tostado Hugo Belrose?
¿Quién querría ser su Melibea, su Julieta? ¿Sería capaz Celestina de entretejer los hilos de Emma y los suyos?
No.
Hugo no estaba prestando atención a la lección de matemáticas del profesor Augustus De Morgan, ya que su mente estaba de nuevo en el teatro, en Emma.
Sus miradas no solo se habían encontrado, sino que, además, Hugo había sorprendido en más de una ocasión a la señorita Remington mirándole con descaro.
¿Acaso Hugo no era lo suficientemente digno como para asistir al teatro?
¿Era su ralea tan deleznable que no podía deleitarse con Shakespeare?
Hugo habría disfrutado de las miradas de su amada, pero aquellas miradas estaban impregnadas de odio; y, cuando habían vuelto a coincidir en clase, Hugo había vuelto a recibir las miradas acusatorias de Emma, llenas de indiferencia.
—¿Qué podemos deducir de lo siguiente? —preguntó De Morgan a sus alumnos.
Emma Remington levantó la mano y el profesor asintió mientras la miraba por encima de sus gafas redondas.
—Que algunos A son también B —contestó Emma.
—Correcto, señorita Remington. —De Morgan se disponía a escribir la respuesta en la pizarra cuando unos golpes en la puerta llamaron su atención.
—Pase —ordenó.
Un hombre de larga barba blanca entró. Era el profesor de ciencias naturales: Charles Darwin.
—¿Qué desea, Chuck? —preguntó De Morgan.
—Siento interrumpirle, Gus. Solo será un momento.
De Morgan asintió y permitió el acceso a su compañero.
—Damas y caballeros, solo pasaba por aquí para anunciaros que este fin de semana voy a organizar una excursión al Epping Forest .
Saldremos el viernes tarde y estaremos allí hasta el domingo por la tarde.
Hay muchas cosas interesantes que ver, estudiar y analizar.
Por lo que la asistencia es obligatoria.
—¿Algo más, Chuck?
—Sí, ¿unas pintas luego en el Red Lion? —preguntó Charles mientras se dirigía hacia la puerta.
—¿Unas pintas en el The White House? —le preguntó John North a Hugo.
Tanto Hugo como De Morgan contestaron, lógicamente, lo mismo.