Te odio: La reina del burdel de Londres 1
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Hugo volvió a desvelarse: era difícil dormir con los ronquidos de Magda.

Abrió los ojos, aunque no veía nada. La oscuridad que envolvía la estancia seguía allí, inerte como un cadáver bajo tierra. La habitación, al igual que un ataúd, no tenía ventanas y discernir si era de día o de noche era una ardua tarea para el ojo humano.

El aire del cuarto contenía un olor que emborrachaba los sentidos y cuyos ingredientes eran eructos, flatulencias y vino. Aquellos olores provenían de la húmeda bodega en la que se cobijaba el grupo de Hugo, ubicada bajo tierra, en una ciudad portuguesa llamada Gaia, al sur de Oporto.

Hugo volvió a abrir los ojos y miró hacia donde se suponía que debía estar el techo de la bodega, pero seguía sin poder ver nada. Todavía debían de faltar un par de horas hasta que Belrose volviera con los billetes para zarpar hacia Londres, así que Hugo mató el tiempo recordando.