Tartessos o Nazzis: El misterio de las estatuillas desaparecidas 5 El fotógrafo omnipresente
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5 El fotógrafo omnipresente

De toda la información facilitada por Sofía sobre aquellas misteriosas estatuillas, a Pablo le llamó poderosamente la atención el hecho de que, más de medio siglo después, las piezas pudieran estar todavía en Huelva. ¿Qué motivos o miedos habían llevado a su poseedor a ocultarlas durante tantos años? Y, sobre todo… ¿qué le incitaba ahora a deshacerse de ellas?

Sentado en su mesa, Pablo ojeaba despacio toda la documentación. Encendió un cigarrillo mientras intentaba buscar un hilo del que tirar para deshacer la madeja. En uno de los informes facilitados por Sofía, observó que las estatuillas fueron inmortalizadas por un fotógrafo italiano llamado Pietro Valdini.

El nombre quedó flotando unos segundos en su cabeza.

Decidió buscar información en los antiguos archivos obrantes en las dependencias de la Comandancia. Recordó que, en aquella época, todos los extranjeros residentes en España tenían una ficha con todos sus datos y copia de sus documentos de identidad.

Llamó al guardia Quintanilla.

─Necesito acceso a la sección histórica del archivo.

Subió a la azotea. Allí se guardaban los documentos históricos y demás objetos perdidos en el tiempo. Y, probablemente, algunos secretos que alguien llevaba demasiado tiempo intentando ocultar.

La estancia era enorme. Apenas ventilada. Solo una pequeña ventana, en el extremo opuesto a la puerta, dejaba entrar una luz mortecina. Cientos de carpetas cubiertas de polvo se apilaban sin orden aparente. Libros encuadernados descansaban en estanterías de madera.

Aquello no era un archivo. Era un lugar detenido en el tiempo. Como si alguien lo hubiera abandonado… de repente.

─Tenga cuidado con las ratas, mi sargento ─advirtió Quintanilla en tono jocoso.

Pablo no respondió.

En una de las estanterías pudo leer, no sin antes retirar parte del polvo que ocultaba la inscripción: “Fichas y documentos de extranjeros residentes. Años 1942 al 1948”,

─¡Bingo!─ exclamó Pablo. Cogió la carpeta, de un grosor considerable, y la colocó sobre una pequeña montaña de libros y cajas, a modo de improvisada mesa. Comenzó a buscar la ficha de Valdini. No hubo problemas en encontrarla, la profesionalidad y el rigor de los guardias de aquella época eran intachables.

Pablo quedó un poco perplejo ante la información obtenida. Nunca había oído hablar de la “Abwehr”. Tomó nota de todo lo visto y colocó de nuevo la ficha en su lugar. Ahora necesitaba saber qué había sido de Valdini. Si seguía vivo tendría unos ochenta años aproximadamente. También aparecía un nuevo personaje en escena, el tal Klauss, pero aunque buscó incesantemente la ficha en la carpeta, misteriosamente esta no se hallaba con las demás. Revisó los números de registro. Todo encajaba. Excepto uno. Faltaba el número 66 del lote de 1943.

Pablo se quedó inmóvil. Mirando el hueco.

«Alguien se la ha llevado, pero quién y, lo que es mas importante, por qué», pensó.

Cerró la carpeta despacio. Al bajar, devolvió las llaves a Quintanilla. Pablo le preguntó de manera despreocupada.

─Por cierto… Quintanilla, ¿quién más tiene acceso al archivo?

El guardia dudó un instante.

─Pues… que yo sepa, solo yo, mi sargento. Bueno… quizá el capitán tenga un juego de llaves. Por si falto algún día. Pero no estoy seguro.

Pablo asintió.

─Lo que sí estoy seguro es de que hace años que nadie sube allí, puede verlo usted mismo en el libro de visitas al archivo.

Pero, mientras se alejaba por el pasillo, una idea empezó a tomar forma. Si nadie había subido allí en años… ¿quién demonios había cogido esa ficha?