Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

Lo amo, lo amo y necesito que lo sepa.

Necesito que sepa que él tiene razón, y que lamento todo lo que pasó ayer.

De pronto, al lado de mi ventana veo uno de los buses, y recuerdo las veces que fui a verlo. El corazón se me vuelve a agitar, pero esta vez se carga de dudas.

—Siempre fue por amor, Coco, no olvides eso —dice Clara.

Supongo que balbuceé y por eso responde justo lo necesario.

Sus palabras son como bálsamo que abraza a mi corazón y me vuelve a llenar de valor.

Sí, fue por amor. Siempre fue por amor.

Y hoy, no me estoy escapando, solo estoy yendo a verlo para despedirme de él, pero de la manera que merecemos hacerlo: con amor.

Un nervio me recorre todo el cuerpo al ver que hemos llegado. Me entumo.

El taller está abierto, pero parece que no hay nadie.

—Debe estar adentro, porque allí está su moto —señala Bruno, mientras se estaciona.

Clara me ayuda a bajar del auto, pese al equilibrio que ya tengo con la muleta.

—Yo las espero aquí —dice Bruno.

Siento cómo cada fibra de mi piel se tensa, estoy temblando.

Theo sale unos cuantos segundos después y se sorprende al verme.

Pero más me sorprendo yo, al ver que Karla sale tras él.

—No estaban solos —dice Clara, intentando aclarar la situación.

Y sí, veo a dos personas más que se asoman.

Aun así, no entiendo qué es lo que hace ella aquí.

Pero más que eso, me inquieta Theo.

Hay algo en la manera que me ve que no comprendo. Es como si… como si no estuviera feliz de verme.

Es una mirada muy distinta a la que vi ayer.

Por un momento sus pies se mueven, pero luego se contiene.

Siento la mirada penetrante de Karla, como si le molestara que haya llegado y los interrumpiera.

—Hey, ¿ya estás trabajando? Theo, no te han quitado el yeso —dice Clara, intentando romper la tensión.

—No, no, solo estoy observando y hago lo que puedo.

Se relaja un poco con ella.

—Coco vino a despedirse.

Ella también se ve confundida. Creo que tampoco esperaba esa actitud.

—Sí, ya veo —responde con cierta indiferencia, y ve hacia el piso.

—Creo que es mejor que se vayan —dice Karla.

Lo dice con tanta autoridad que me molesta.

Theo se queda callado. ¿Por qué? ¿Por qué no dice nada?

—Tú no te metas —interviene Clara—. Theo, Coco se va hoy y vino a despedirse porque ayer fue un poco extraño —dice un tanto confundida.

Él sigue inerte, con la mirada clavada al suelo.

—Theo, ¿estás bien? —pregunta Bruno, acercándose.

No responde.

—Theo —intento acercarme—. Vine porque…

—No te acerques —dice antes de que termine de hablar.

Pero no me ve, sigue con la mirada fija en el suelo.

—Theo, hermano, ¿qué pasó? —cuestiona Bruno otra vez.

—Es mejor que se vayan, no es un buen momento —interviene Karla, nuevamente.

—Theo, yo solo vine porque tienes razón… no podemos simplemente terminar y ya, al menos no así —digo con dificultad.

No entiendo su actitud, no es lo que esperaba.

—Ya se los dije, es mejor que se vayan —insiste Karla.

Theo no se mueve. Está prácticamente plantado en la tierra.

—Theo… ¿qué está pasando? —cuestiono—. Si fue por lo de ayer, perdóname, yo…

—Cosset, vete —me interrumpe Karla.

Y la nula acción de Theo me confunde aún más.

—Theo —digo, esperando una respuesta, pero no llega.

No me ve, no se mueve. Nada.

Bruno y Clara también están confundidos, lo veo en su reacción.

—Creo que es mejor que nos vayamos —digo muy confundida.

—Claro que no, Coco, no viniste para esto. Y tú no te metas, Karla, que por cierto no sé qué estás haciendo aquí —advierte Clara—. ¡Theo! —le reclama.

Pero sigue inerte.

Clara hace un gesto que me invita a insistir, pero no quiero hacerlo.

No debo.

¿Para qué? Aunque lo hiciera, no es mucho lo que puedo hacer.

—Theo, ¿en serio vas a hacer esto? Vino a verte, hermano, está aquí —agrega Bruno, con cierta frustración en sus palabras que me alertan aún más.

—No lo entenderías —responde entre dientes.

Y ahora estoy aún más confundida.

—¿No lo entendería? ¿Entender qué? —pregunta Bruno—. Theo, Coco está aquí. ¿Acaso no es lo que querías?

—Ya no insistas Bruno, creo que nos queda claro cómo están las cosas aquí entre Theo y Karla. Creí que eras diferente —dice Clara.

Y escucharla quiebra mi corazón. ¿Acaso volvieron? ¿Están juntos?

—Yo… yo no tengo nada que hacer aquí —digo y me doy la vuelta lo más rápido que puedo.

Camino hacia el auto, con un nudo en la garganta.

Desearía poder caminar más rápido, pero no puedo. La muleta me lo impide.

Siento como el corazón se me sale ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? Hay mucho ruido en mi cabeza y tanto silencio afuera.

—Te amo, Coco. Te amo, eso nunca lo dudes —escucho tras de mí.

Es Theo.

Volteo y allí está.

Pero no entiendo su mirada.

Me ve con frialdad, con dolor, pese a que acaba de decir que me ama.

Sus ojos están rojos, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por no llorar.

— Yo también te amo —digo, intento acercarme, pero él se aleja.

Me ve de una manera que no entiendo. ¿Es dolor? ¿Amor? o una mezcla de ambas.

—Yo también te amo, Theo —repito—, y tienes razón. Perdóname por lo de ayer y por todo lo que…

—Es que ya no tiene caso —me interrumpe—. Si te digo que te amo, es porque no quiero que creas —hace un gesto de queja— que esto no fue importante… pero, como dice Karla, es mejor que te vayas.

Una lágrima se le escapa y ahora entiendo menos.

—¿Qué está pasando, Theo? —pregunto al borde del llanto.

Es su mirada la que me duele.

No me importa si está con Karla o me quiere a mí.

Me importa saber qué es lo que está pasando, qué es lo que le está pasando.

—Esto jamás debió ser, tú y yo jamás debimos conocernos —responde, pero no me ve a los ojos.

Sus palabras son como estacas en mi corazón.

—¡¿Qué estás diciendo?! —reclama Clara—. ¿Cómo puedes decir eso, Theo? ¿Cómo le puedes decir que la amas y luego decirle eso? ¡¿Qué te pasa?! Tú sabes muy bien por qué terminó contigo, ¿en serio vas a ser así de patán?

Bruno solo la sujeta para tranquilizarla.

—Sí, quizás sí, Theo, y tienes razón… esto jamás debió ser —respondo con la voz entrecortada—.

Es el pensamiento que más me ha atormentado todo este tiempo, porque sé que de no habernos enamorado, las cosas serían diferentes.

Así que lo entiendo, entiendo que lo digas.

Pero, aunque lo sepa, eso no cambia las cosas, ni lo que yo siento por ti.

Levanta la vista y me ve:

—Es que yo te amo, Cosset, te amo, pero… —se contiene.

—Theo, sabes que puedes decirme lo que sea que esté pasando. Sabes que te quiero y estoy aquí para ti, no me importa lo que digas, no me importa si ya no me quieres o me odias, pero dime, ¿qué es lo que te está atormentando?

He sucumbido. Por más que lo intente, no puede verlo así. No quiero verlo así.

—Pero es que ya terminó, Coco, esto ya terminó.

Aunque te siga amando, me recuerdas… ¡Dios!

—grita, como si pidiera auxilio, y su voz se quiebra, como si hubiera algo más, algo que no quiere o no puede decir.

Una verdad que se traga justo antes de salir—.

No puedo, Coco. Te amo, pero no puedo —dice, y se va.

Bruno va tras él.

Estoy fría.

—¿Qué pasó aquí? —pregunta Joel, que recién va llegando.

—No es nada —responde Clara—. Nosotras ya nos vamos.

Me ve con nostalgia y me acompaña al auto.

—¿Hiciste algo otra vez? —escucho que cuestiona a Karla.

—Claro que no, no molestes Joel —responde, pero ya no volteo y subo al auto.

—Te juro que no lo entiendo, no entiendo qué pasó —dice Clara.

Ya ni siquiera tengo lágrimas, estoy en shock.

Era su mirada, ese sentimiento contenido lo que me deja más dudas que respuestas y me confunde más. Dijo que me ama, pero… no fue amor lo que vi en su mirada, o sí, pero había algo más. Era como si no quisiera verme, y…

—¿Te dijo algo? —pregunta Clara, recién Bruno regresa.

—No —suspira—, discúlpame, Coco, realmente no creí que fuera a pasar esto. Te juro que no lo entiendo, ayer todo estaba diferente. No sé qué fue lo que pasó —responde.

Enciende el auto y nos comenzamos a alejar.

—¿Crees que está enojado con Coco por lo de ayer?

—No lo sé, Clara, no tengo ni idea y no se me ocurre nada.

—Pero ¿por qué Karla estaba con él? No entiendo qué estaba haciendo allí, y mucho menos por qué se metía. ¿Con qué derecho? —cuestiona.

—Está trabajando en una venta de repuestos. Seguramente fue a entregar un pedido.

—¡Tenía unas ganas de quitarme un zapato y tirárselo por la cabeza! —exclama Clara, y consigue hacerme sonreír.

No sé si lo dijo con esa intención, pero agradezco tanto que esté cerca.

—¿Estás bien? —pregunta volteándome a ver.

—Sí, sí, estoy bien. Es solo que… no sé —respondo.

Tengo tantas dudas.

No sé qué decir, qué pensar, qué sentir.

No me duele lo que dijo; me duele lo que calló.

Sé que algo pasó, algo que lo hizo replantearse todo lo que ayer creía.

Me dijo «Te amo», y sé que me ama, pero su mirada… su mirada decía otra cosa.

¿Por qué?