Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 31 #2
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Capítulo 31 #2

—Sí, me lo dijo, pero también dijo que es un regalo adelantado, porque no sabe cuándo te verá de nuevo.

Hasta donde sé, no has escuchado cuando viene; las veces que ha llamado a tu casa, le responde alguien más.

Y, dado que no tienes celular y yo no sé si vendré a verte ese día exactamente, diría que está siendo precavido —no me lo dice, pero sé que sabe que he estado evitándolo—.

Además, supongo que es porque esto —me toca el yeso— no va a durar toda la vida.

Y las clases ya casi terminan. ¿No te ha respondido ninguna universidad?

—No he estado haciendo aplicaciones, Clara, y tampoco he revisado.

Si en caso sale algo, será por las aplicaciones que hice antes, pero con esto que pasó, difícilmente logre tener buenas notas.

Ya perdí tres semanas y dudo mucho que pueda regresar pronto.

Algunos profesores me han estado dando tiempo, pero, sinceramente, tampoco tengo muchos ánimos.

—Quizás, si consiguiéramos una silla de ruedas, podrías ir.

Bruno y yo podemos venir por ti todos los días para que ya no sigas faltando.

Y lo de las universidades, yo que tú revisaba el correo electrónico —dice, con una risita pícara—.

Hasta donde sé, has hecho muchas aplicaciones —agrega, deslizando la laptop por las sábanas de la cama.

La veo desafiante. ¿A qué se refiere?

—Theo las ha estado haciendo por ti —me aclara.

—No debería. Clara, sabes que ir a la universidad significa irme de aquí. No sé si estoy lista para eso.

—Bueno, si te sirve de consuelo. Bruno me contó que don Adrián ya se enteró de todo lo que estuvo haciendo Theo y este año se tiene que graduar sí o sí.

Y, hasta donde sé, las aplicaciones no solamente han sido para ti, sino que también han sido para él —sonríe con picardía—.

Por cierto, ¿al fin vino Susan a verte? Me dijo que vendría —pregunta dudosa.

—No, pero sé que ha estado enviando fotos de todos sus apuntes al celular de mi tío, porque casi todos los días me imprime lo que envió. No la he visto desde el día del accidente —respondo, mientras abro mi computadora para revisar los emails.

—Supongo que es porque ha estado muy ocupada en el restaurante. No sé si te conté, pero operaron a su mamá la semana pasada.

—¡No! ¿De qué?

—No sé exactamente. Creo que de una úlcera o algo así.

No he hablado mucho con ella. Pero supongo que no fue nada grave, porque a la escuela solo faltó un día y no la he visto preocupada.

Eso sí, no ha salido con nosotros porque dice que debe trabajar en el restaurante —agrega, sin quitar la vista de la pantalla.

—Me alegra que no haya sido nada grave.

Recién entro a revisar el email, me sorprende la cantidad de mensajes de universidades que tengo.

Theo ha hecho mucho más de lo que pensaba.

Algunos dicen que necesitan más información; supongo que ha llenado solo las que ha podido, por los datos que ya sabe de mí. Y otros son solo la notificación de que la aplicación fue recibida.

—Por cierto… me dijo Theo que tampoco le respondes los correos. Supongo que ahora sé por qué, pero... ¿está todo bien? ¿Estás bien? —pregunta—. Sabes que, más que amiga de Theo, soy tu amiga.

—Lo sé —exhalo—. Tú sabes que lo quiero, pero… a mi familia no le gusta nuestra relación, Clara. No deja de parecerme injusto, pero… sí sé que, de no haberme enamorado de Theo, posiblemente Marcos estaría bien ahora —digo.

Aprieto mis labios. Me cuesta escuchar lo que yo misma estoy diciendo.

Una cosa es pensarlo y otra escuchar mis propias palabras.

—No digas eso. Tú sabes bien que fue solo un accidente.

Incluso mi papá lo dijo, así que no tienes que sentirte culpable por eso.

El único culpable fue el conductor del auto que se fugó.

Ojalá en algún momento lo encuentren. Pero mientras eso sucede, ya no te culpes más, y mucho menos culpes al amor tan bonito que tienes con Theo —dice con una sonrisa en los labios, como si aún nos tuviera esperanza.

—Cosset —dice mi papá, abriendo la puerta de mi cuarto.

Por su gesto, me atrevo a pensar que creyó que también estaba con Theo. En otra época hubiera tocado antes de abrir, pero hasta eso es muestra de lo mucho que ha cambiado todo.

—Hola, señor —saluda Clara, con una sonrisa de oreja a oreja—.

Qué bueno que lo veo. Vine a dejarle a Cosset información de universidades y justo le estaba diciendo que, si conseguimos una silla de ruedas, Bruno y yo podemos venir todos los días por ella para llevarla a la escuela y así ya no se siga atrasando.

Sé que debe guardar reposo, y por eso pensé en la silla.

Además, sé que ustedes no pueden llevarla por el tema de Marcos, pero es último año.

Quizás no va a ser muy cómodo, pero es preferible a que siga perdiendo clases. ¿Qué le parece? —pregunta con ánimo.

Admiro tanto la manera en la que habla.

—Hola, Clara —saluda un tanto confundido. Clara dijo tanto en tan poco que no me extraña que haya desarmado cualquier excusa. Sé bien que no quiere que vuelva a la escuela para evitar que vea a Theo—. No sé, lo de la silla de ruedas...

—Con que dé su autorización es suficiente. Yo me encargo de conseguirla. A mí me gusta dar soluciones, no problemas —interrumpe con una sonrisa, antes de que mi papá siquiera se atreva a poner una excusa.

Ella, más que nadie, sabe cómo están las cosas en casa.

—Si te sientes bien para ir, no veo por qué no puedas hacerlo —dice mi papá, mientras me mira.

—Sí, papá. Lo prefiero a tener que seguir haciendo tareas que a veces no entiendo porque no escuché la explicación. Las fotos que me envía Susan me ayudan, pero no es lo mismo —digo con cierta sutileza.

Si algo debo de aprender de Clara, es a pedir las cosas con perspicacia.

—Bueno, entonces ya está. Gracias, Clara —responde un tanto inseguro.

—Por cierto, sé que Cosset no tiene celular y hay clases que no tenemos juntas.

¿Podría llamarle a usted o a la doctora Nadia para avisar cuándo esté de camino o en dónde nos veamos en la escuela para traerla de regreso?

Y así usted llama a la escuela para que alguien la busque y le diga.

O bueno, creo que en la escuela puedo llamarle a alguien, que esté contigo —voltea a verme—, pero cuando vengamos por ti por las mañanas…

Mmm… creo que podemos llamarte al número de la casa, qué boba, lo había olvidado. O a tu tío Gael, como lo hace Susan…

—Basta —la interrumpe mi papá un tanto hostigado—. No tienes que preocuparte por eso. Recién regrese a clases, Cosset tendrá su celular de vuelta para que puedas comunicarte con ella —dice y se va.

Ambas sonreímos. Sé muy bien que todo ese palabrerío es una de las armas más poderosas que tiene Clara, y vaya que le funciona.

—Gracias —sonrío.

—No tienes por qué darme las gracias. Sabes que tu papá me cae bien, pero no estoy para nada de acuerdo con lo que le hizo a Theo y con lo que te está haciendo a ti, haciéndote sentir culpable de lo que pasó. Así que… aunque sea hablando bastante, me desquito —dice, sin poder contener la risa.