Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 31
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Capítulo 31

El frío poco a poco ha comenzado a desaparecer.

No he salido más que al hospital estos días, pero por el verde que se comienza a asomar sé que la primavera está llegando. Aún es tímida y no se revela por completo.

Sé que se debe a las estaciones, pero mi vida ha cambiado tanto que me gusta pensar que sabe del invierno que llevo por dentro y, en un acto considerado, está esperando a que me sienta mejor para mostrarse.

Aunque sé que no será así.

Tarde o temprano cumplirá su ciclo y terminará vistiendo al pueblo con sus colores vivos. Ya viví un otoño aquí, así que puedo imaginarlo.

Pero mientras tanto, ese ligero verde que veo desde la ventana de mi habitación también representa la tranquilidad que he tenido al saber que Theo está libre.

Mi papá cumplió con lo que le pedí. Retiró la denuncia el mismo día que me llevó a ver a Marcos.

Eso sí, me advirtió que no habrá más oportunidades.

Me siento tan perdida y sola.

Ha sido una semana eterna, con días muy largos y teñidos de grises.

Por más que lo intento, no puedo sacarme de la cabeza la imagen de Marcos… me desgarra solo de recordarlo. Y me siento mal por querer olvidarlo. ¿Cómo puedo siquiera intentar hacerlo, cuando él sigue en el hospital?

Mi tío me dijo que se ve mejor. Se ofreció a llevarme hoy a verlo, pero no quise.

No me atrevo a hacerlo.

No puedo hacerlo mientras me siento tan culpable.

Le pedí tantas veces que mintiera por mí que… si hubiera sabido que esto pasaría, jamás lo habría hecho.

Ya ni siquiera veo a mis papás. Los he visto quizás por instantes cuando vienen a bañarse, cambiarse y quizás dormir un poco.

Apenas me saludan, y siempre es un saludo agrio.

De otro modo, siempre están en el hospital.

Si no están trabajando, están cuidando a Marcos.

Ese «déjenme en paz» que tanto deseé se cumplió, pero no era esta la manera en la que lo deseaba.

Mi tío Gael es el único al que aún siento cercano, pero también se la pasa en el hospital. Así que la mayor parte del tiempo estoy sola.

Y la poca movilidad que tengo me hace sentir como una prisionera, pagando su condena. Incluso ir al baño se ha convertido en una odisea y parte del castigo.

Aun así, nada de lo que yo estoy viviendo se puede comparar con lo que está viviendo Marcos.

De repente, unos pequeños golpes, como piedritas que chocan con la ventana, me alarman.

Halo la muleta que tengo cerca y, con cuidado, me acerco.

Y entonces, lo veo… es Theo.

Está parado, viendo hacia mi ventana, con una sonrisa que me devuelve la vida.

—Abre la ventana, por favor. Voy a subir —dice.

No sé ni cómo, o de dónde saco fuerzas y el ingenio para hacerlo, pero con la ayuda de la muleta, que me sirve como cuña, logro levantarla y abrirla.

Sube por el pino y, en cuestión de segundos, ya está arriba.

Entra por la ventana. Apenas lo hace, lo abrazo con todas las fuerzas que mi único brazo libre me permite hacerlo.

—Te extrañé mucho —me dice, y también me abraza.

Es un abrazo cálido, que rompe todo el invierno que he tenido por dentro.

—Theo —lloro. Aún no puedo creer que esté aquí—. Perdón, perdóname, por favor —suplico.

Lo extrañaba tanto.

—No tengo nada que perdonarte. Te amo, Coco, te amo.

Me abraza con más fuerza, pero esta vez resiento el yeso y me quejo.

—Lo siento, lo siento —se disculpa de inmediato—. ¿Tú cómo estás? ¿Estás bien? ¿Te duele? —pregunta, mientras me escanea como si fuera mi doctor.

—Sí, sí. ¿Y tú? —pregunto, al notar que también tiene enyesado el brazo hasta el codo.

Lleva puesto un suéter gris, que no me permitió notarlo a primera vista.

—No fue nada. No te preocupes —dice, y mueve el brazo como si nada para que me quede tranquila.

—Subiste hasta acá así de lastimado. ¿Estás seguro de que estás bien? —cuestiono.

Por más que intente hacerme creer que está bien, sé que, de estarlo, no tendría el yeso.

—Ahora lo estoy —sonríe, me acaricia el rostro y nota la cicatriz—. Te amo mucho, mucho —dice, y me da un beso en la frente.

Hasta este momento, a lo último a lo que le he puesto cuidado es justamente a esa cicatriz, justo sobre el puente de mi nariz. Casi como una línea que conecta a ambas cejas.

—¿Puedo? —pregunta.

—Claro que sí —respondo, y me besa.

Es un beso que me estremece, un beso que necesitaba.

—Te amo mucho, Theo, mucho. Realmente siento mucho lo que ha pasado. Marcos no está bien, y vi a tu papá apuntándole a mi tío. Theo, no sé qué hacer, no sé qué vamos a hacer —digo con desesperación, como si el aire nuevamente comenzara a faltarme.

Mis lágrimas empapan mi rostro.

—Coco —dice mientras me mira fijamente y limpia mis mejillas—. Ambos conocemos a Marcos, y sé que en algún momento va a salir de esta. No te preocupes, ¿sí? Y por lo de mi papá y tu familia… ¿acaso no querías un amor como el de las películas?

Sonríe.

—No es gracioso, Theo.

¿Cómo se le ocurre bromear con eso?

—Lo sé —suspira y me abraza—. Lo sé, pero confío en que estaremos bien.

Lo dice con un tono de inseguridad que me roba la esperanza.

—Theo, ¿y tu papá? ¿Está de acuerdo con esto? —pregunto, apartándolo.

—Él… él solo está preocupado por lo que pasó. Sabes muy bien que le agradas.

—¿Por qué no habías venido antes? —cuestiono.

Hay algo en su mirada que no me da total tranquilidad.

—Coco, sabes muy bien que mi papá estuvo en prisión.

Así que lo que pasó fue incluso más difícil para él que para mí.

Cuando salí, me pidió que esperara a que las cosas se calmaran.

Me pidió más tiempo, pero no podía esperar más, así que le conté que tu tío Gael fue a visitarme cuando estuve detenido, pese a que me pidió que no le dijera nada a nadie.

Bueno, ahora tú también lo sabes —sonríe—.

Me preguntó si realmente te quería; le respondí que sí, y me prometió que convencería a tu papá de sacarme.

También me dijo que no me preocupara por mi papá, que todo estaba olvidado.

Así que solo se quedó callado y… veme aquí —me abraza nuevamente—. Por eso confío en que estaremos bien.

—Mi tío es muy diferente a mi papá, Theo. Dudo mucho que él se vaya a quedar tranquilo. Te amo, lo sabes, pero también amo a mi familia, y por lo que está pasando con Marcos no han estado bien. Nuestra relación les molesta, y tampoco quiero perjudicarte a ti o a tu papá —lloro como una tonta.

Sé muy bien que mi papá me dijo que no habría más oportunidades.

—¡Ay, Coco! —suspira y me hala nuevamente hacia él—. Lo vamos a solucionar, te lo prometo —dice.

Pero sus palabras son inciertas. Ni él ni yo tenemos nada claro.

Cuando Theo se va, por primera vez no siento paz. Al contrario, me siento culpable.

Es como si una parte de mí se hubiera convencido de que justamente ese amor que siento por él es el culpable de todo.

Y ahora me odio. Me odio por amarlo.

Me odio por pensar que, si nunca me hubiera enamorado de Theo, Marcos ahora estaría bien.

Y me odio aún más porque sé que Theo no tiene la culpa.

Detesto ensuciar con mis pensamientos y mi culpa nuestro amor.

Pero es algo que no puedo evitar, no cuando recuerdo muy bien a Marcos postrado en una cama sin poder moverse, en lugar de estar en la sala como siempre, en sus entrenos de fútbol o simplemente jugando videojuegos con mi tío Gael.

—¡Coco, ¿estás despierta?! —oigo la voz de mi tío.

Recién ha llegado. Escucho sus pasos subiendo la escalera.

Han pasado una o dos horas desde que Theo se fue.

—¡Sí! —grito para responder.

Me limpio las lágrimas de inmediato.

—Hey, supongo que no has almorzado —dice tras la puerta—. Traje comida china. ¿Quieres que te la suba o prefieres bajar a comer?

—Gracias, tío. Si me ayudas, prefiero bajar.

En otro momento me escondería y preferiría quedarme encerrada, pero no hoy.

Necesito salir de esta habitación de cuatro paredes que tanto me ahoga.

—¿Todo bien? —pregunta al entrar para ayudarme.

—Sí, solo tengo un poco de alergia —respondo.

No sé si mi respuesta basta, pero al menos funciona para que no me pregunte nada más.

Apenas comienzo a bajar las escaleras, siento el olor de la comida china y me rugen las tripas.

—Mañana, antes de irme, cuando te suba el desayuno, te voy a dejar algo más para que comas antes de que regrese. Son las cuatro de la tarde, no es bueno que pases tanto tiempo sin comer —dice, mientras me ayuda a bajar.

—Gracias, tío. ¿Cómo está Marcos? ¿Cómo le fue hoy? —pregunto, con un hueco en el estómago que teme lo que pueda responder.

—No está siendo fácil, pero… confío en que pronto su actitud va a cambiar y estará convencido, al igual que yo, de que cuando inicie las terapias físicas, volverá a caminar.

Es el único de la familia que se mantiene positivo.

—¿Realmente lo crees? ¿Crees que es posible que vuelva a caminar?

—Claro que sí —responde con ánimo—. Coco, tiene una lesión parcial en la médula —dice, mientras me ayuda a sentarme en la silla del comedor—. Eso quiere decir que, con las terapias, en algún momento podrá volver a caminar. Sabes que no soy médico, pero es lo que entiendo —agrega.

Allí está ese tío que conozco, el que siempre intenta buscarle lo positivo a todo.

—¿En cuánto tiempo? —pregunto.

Lamento ser la pesimista.

—Eso sí no lo sé, Coco. Tampoco quiero mentir.

Supongo que pasará un largo tiempo antes de que eso ocurra.

Pero, como su familia, debemos aferrarnos a la esperanza que sí tenemos, especialmente si queremos volver a ver al Marcos alegre de siempre.

Prueba, esto está rico —dice, cambiando de tema y dándome un poco de pollo agridulce.

Sé que sabe que estuve llorando, pero no indaga en eso.

No tiene ni la menor idea de cuánto lo valoro.

***

—Esto también es para ti —dice Clara, dándome un folleto—. Lo mandó, ya sabes quién… dijo que es un regalo de cumplemes.

Ha venido a visitarme casi toda la semana, y siempre trae mensajes de Theo.

—No sé por qué insiste —digo. Hago el folleto a un lado—. Y cumplimos cuatro meses en tres días —reniego.

Es un nuevo folleto con información de universidades.