Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

«Después de la tormenta, llega la calma».

He escuchado decir a mi papá eso tantas veces que perdí la cuenta, pero sinceramente, a estas alturas dudo mucho que sea verdad.

Se supone que ya aceptó que Theo y yo seamos novios, pero basta con que lo mencione o diga que saldré con él para que se invente tareas u obligaciones de última hora.

Y cuando no sabe qué pedirme, me llama o me escribe cada cinco minutos —aunque esté en el hospital—, sobre todo desde que supo que el papá de Theo regresó.

En este punto, desearía que volviera a ejercer como antes. Al menos cuando operaba, había veces que se perdía por horas. Ahora, aunque sigue teniendo turnos, al igual que mi mamá, supongo que, por ser un pueblo, el trabajo administrativo le deja más tiempo libre.

Ya no protesta tanto, pero basta con que vea sus gestos para saber que mi relación sigue sin gustarle. Así que, de una u otra forma, he vuelto a las mentiras a medias. Descubrí que cuando ignora que estoy con Theo, me da más libertad.

—Susan, ayer ya no llegaste, te estuvimos esperando —digo, justo cuando suena el timbre de salida.

En todo el día no he tenido oportunidad de hablar con ella.

Ayer Theo y yo la invitamos, junto a Clara y a Bruno, a comer helados después de clases.

Cumplimos tres meses de novios y queríamos compartirlo con ellos, que han sido nuestros cómplices, ella especialmente.

Pero, aunque en el momento aceptó, nunca llegó ni respondió el celular cuando Clara y yo le llamamos.

Ni siquiera los mensajes.

Ha estado algo extraña estas últimas dos semanas.

Clara me dijo que debe ser porque terminó con Javier y no nos ha querido decir.

También lo sospecho, pero prefiero no decir nada para no indisponerla.

Quiero que me diga qué pasa cuando ella quiera hacerlo.

Aunque me hace sentir mal que no sienta la confianza de contarnos.

—¡Ah, sí! Es que tuve algo que hacer —responde, levantándose del escritorio para irse.

Me queda claro que le molesta que me haya acercado.

Hoy, apenas, en Historia se sentó con nosotras, y eso aun sabiendo que Clara y yo hemos acordado que, en clase, aunque Bruno o Theo estén, nos sentaremos con ella.

Javier no tiene ninguna clase en común con nosotras, así que fue nuestro acto de lealtad como sus amigas.

—¿Estás molesta conmigo? —pregunto.

No quiero seguir con la duda.

—No —responde con indiferencia, caminando hacia la puerta.

—¿Tienes algún problema? Susan… somos amigas, sabes que puedes contar conmigo —digo, cuidando que nadie nos escuche.

Por suerte, la mayoría ya ha salido del salón.

—¿Sabes qué? Sí, sí tengo un problema, Coco. Y es un problema muy grande —responde molesta—. Estoy cansada de tener que estar mintiendo por ti.

No entiendo a qué se refiere, pero me lo explica de inmediato:

—Sabes muy bien que tus papás no están de acuerdo con tu relación con Theo, y siempre que los veo es solo para preguntarme por eso.

Aun cuando se supone que ya te dieron permiso.

Y, para colmo, William también me pregunta por ti, y me molesta tener que mentir o ser un tipo de informante de tu vida cuando incluso ya casi no salgo contigo, porque o estás en tu casa o estás con Theo.

Sabes que te quiero, eres mi amiga, pero tu relación ya no me agrada.

No cuando me siento en medio de todo. Así que la próxima vez que hagas un plan en el que Theo no esté, con gusto iré —dice, y se va.

No me da la posibilidad de responder, y aunque me la hubiera dado, no habría sabido qué decir.

Escucharla me confunde. Entiendo todo lo que dice respecto a mis papás, pero…

¿William? No entiendo qué tiene que ver William.

Supongo que solo el hecho de ser la hermana de mi exnovio ya lo hace complicado.

Cuando llego a casa con Marcos, mi mamá está a punto de salir a su turno.

—Coco, hice carne asada y puré de papa para que almuercen, y dejé la cena lista también. No olvides decirle a Marcos que se cepille bien antes de dormir. Se duermen temprano, por favor —dice mamá—. Tampoco se vayan a quedar esperando a su papá, porque sale tarde y mañana tienen que estudiar.

—Gracias, mamá. ¿Y mi tío Gael? —pregunto.

—Salió, no dijo a dónde, pero conociéndolo no sé si volverá hoy. Ya lo conoces, se va y regresa cuando se le ocurre. Ya no sé si se mudó con nosotros, está de vacaciones o de visita —dice, sonriendo.

—Le prometí a Marcos llevarlo a jugar hoy. Dijo que no tiene tareas. ¿Está bien?

—Sí, te lo agradezco —suspira aliviada—. Solamente no tarden y con mucho cuidado, por favor.

—Sí, mamá. Igual te envío un mensaje cuando salgamos y cuando estemos de vuelta.

—Perfecto —dice, y se va rumbo al hospital.

Me siento mal por mentirle sobre la salida con Marcos.

Sí lo voy a llevar a jugar, pero omití la parte en la que Theo nos va a acompañar. Aun así, conociéndola, sé que es lo mejor y por eso puede irse tranquila.

Varias veces los he escuchado interrogar a Marcos sobre nuestras salidas, pero no saben que justamente Marcos es nuestro mayor cómplice. Ama a Theo, así que nunca les dice cuando lo ve. Gracias a él tenemos un poco de tranquilidad en casa.

—¿A dónde vamos a ir hoy? —pregunta desde la parte de atrás del auto, abriendo su lonchera.

Le pregunté si quería comer en casa, pero dijo que no; prefiere comer en el auto.

—Vamos a ir otra vez a la pista de go-karts. ¿Recuerdas que Theo nos ganó? Así que hoy es nuestra revancha —respondo mientras me pongo el cinturón.

—Me parece bien. Hoy va a perder —dice, como todo un señorito.

Más parezco su chofer .

—¿Va a ir con nosotros en el auto? —pregunta.

—No, ya viste que no le dije a mi mamá que va a ir con nosotros y mi tío Gael no está. No quiero que nos vea juntos y le diga.

—¡Ah! —exclama—. Es un secreto. ¿Le dijiste a mi mamá a dónde vamos?

—No, solo que íbamos a salir.

—¿Y si me preguntan otra vez? ¿Qué les digo?

—Lo mismo de siempre: que te llevé a jugar go-karts. Ellos saben a cuál. Solo no digas que Theo fue con nosotros.

—Entiendo, entiendo —responde, y sigue entretenido con su comida.

Cuando llegamos, Theo aún no ha llegado, así que aprovechamos para curiosear un poco.

—Allí están —saluda Theo después de unos minutos.

—¡Theo! —exclama Marcos.

Siempre es el que más feliz se pone cuando lo ve.

—¿Y Brisa? —pregunto; creí que la traería.

—Le dolía el estómago, así que no pudo venir. Y tú, ¿estás listo para la revancha? —le pregunta a Marcos.

—Justo me dijo que hoy vas a perder —sonrío.

Me encanta cómo se llevan.

Solo hago dos carreras y para la tercera prefiero ser espectadora. Marcos se tomó muy en serio la parte en la que Theo va a perder, y difícilmente aceptará una derrota. Así que prefiero solo observarlos.

Me encanta.

Es imposible que Marcos le gane, pero finalmente Theo da su brazo a torcer y se deja ganar. Me sorprende que lo haga, no es ese tipo de persona, pero supongo que la persistencia de Marcos es demasiada y, de una u otra forma, gana o nos deja pobres.

—¡¿Viste eso, Coco?! ¿Viste? ¡Le gané! —exclama Marcos.

Está extasiado.

Río en complicidad con Theo; sé muy bien lo que pasó.

—Estás listo para la Fórmula 1, ¿eh? —lo anima Theo.

—¿Quieren que comamos algo? Supongo que están cansados, hicieron como cinco carreras —digo; conozco bien a mi hermano y con dificultad dirá que no.

—Sí, sí. Yo quiero papas fritas —responde Marcos, emocionado.

—Sí me gustaría, pero, Coco, creo que es hora de irnos. Ya es tarde y todo indica que va a llover —dice Theo.

Veo la hora en mi celular y tiene razón. Ha sido una tarde fenomenal, tanto que se nos pasó el tiempo. Tampoco puedo abusar de que mis papás o el tío Gael no están para llegar tarde, y menos cuando Marcos anda conmigo.

—Sí, tienes razón. Marcos, es hora de irnos —digo.

—Solo un ratito más —pide.

—No, no, va a llover y no quiero que Theo maneje bajo la lluvia.

—¿Al menos podemos comprar las papas para llevar?

Veo el kiosco y no hay fila, así que acepto. Eso sí, le compro las simples, porque son las que tardan menos tiempo en servir. Además, tampoco quiero que deje muchas migas en el auto. Una de las tantas tareas que mi papá siempre me pone es a aspirar los autos.

Por eso sé muy bien que no es algo fácil, así que trato de mantener al menos el mío limpio.

—No sabía que te preocupabas tanto por mí —dice Theo, luego de que Marcos sube al auto.

Me toma de la mano.

—Claro que sí lo sabes, me preocupo por ti todo el tiempo.

—Tienes la nariz fría —agrega, luego de darme un ligero beso.

—¿Por qué me besas la nariz? —río.

Me parece un gesto extraño.

—Porque te amo. ¿Lo sabes, cierto? —pregunta, como si no lo supiera.

Claro que lo sé.

—No, no tenía ni idea —respondo bromeando.

—Bueno, ahora ya lo sabes —sonríe—. ¿Nos vemos mañana o hasta el miércoles?

—Mañana —respondo sin pensarlo.

Lo abrazo con fuerza. Siento que ya lo extraño.

—Bueno, me avisas. Ahora sí —ve el cielo—, tenemos que irnos; iré detrás de ti —dice, mientras me abre la puerta del auto.

—Preferiría que vayas adelante, para poder verte. Voy en auto, es más seguro —digo; está bastante nublado.

—Está bien mamá… mamacita —sonríe al decirlo.

Por su gesto, se arrepiente de haberlo dicho. Y yo anhelo que jamás lo vuelva a decir.

Tenemos veinte minutos de camino, pero poco a poco se hace más porque comienza a llover. Me preocupa que Theo se enferme; lleva puesto el casco —probablemente con la visera abierta, para poder ver—. Su chaqueta de cuero puede que le ayude también, pero no es suficiente. Se está mojando igual.

—Está lloviendo muy fuerte —dice Marcos, sin dejar de comerse sus papas.

—Sí, bastante —respondo con un suspiro.

Las gotas golpean con fuerza el parabrisas.

El sonido constante me pone nerviosa. Realmente me angustia que a Theo se le dificulte seguir manejando, especialmente porque la ruta es montañosa. Aunque la conozca bien, va en moto, y eso siempre es riesgoso.

—¿La otra vez que salgamos puede venir Brisa? —pregunta Marcos, relajado.