Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 28
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Capítulo 28

—Sabes que no me gusta hablar de esto —digo.

Theo me ha dado un folleto con información de varias universidades. Él mismo lo hizo. Supongo que le dieron celos cuando le conté sobre la carta de William y le mostré el boletín que me envió.

Eso sí, también me aconsejó que lo guardara porque era información importante.

Es el cumpleaños de Brisa, y vine a su casa en compañía de Marcos.

Doña Carmina horneó un pastel, y justo ahora le están ayudando a decorarlo.

No hay más niños, pero creo que es suficiente, porque juntos parecen seis.

—Lo sé —responde—. Pero sabes que yo daría lo que fuera por ir a la universidad. Por ahora no puedo, así que hazlo tú, por los dos. Esto es importante —insiste.

Theo me ha estado ayudando a llenar solicitudes.

Incluso hoy, parece más que vine a eso y no al cumpleaños de su hermana.

—¿Cómo le vamos a hacer cuando me vaya?

Trago saliva. No es algo que quiera pensar, pero es lo que más me preocupa.

—Fácil, te iré a ver.

—Theo, este año cumplo dieciocho años, ¿y si nos casamos? —pregunto, un poco desesperada.

Él sonríe.

—Sabes que te amo, pero por mucho que te quiera, no es algo que debamos tomar a la ligera. Primero tenemos que lograr que tus papás me acepten.

—Mi papá ya te aceptó.

—Sabes que no es cierto. Una cosa es que nos haya dado permiso de ser novios y otra muy distinta que me haya aceptado. Escuché muy bien cuando Marcos dijo que le costó convencer a su papá para que le diera permiso de venir. Es niño, no miente. Además, Coco, tienes que estudiar y prepararte.

—Suenas como mi papá —rezongo con fastidio.

—Soy tu papá, tu papi chulo —ríe.

Se sonroja de inmediato, y baja la mirada. Es raro verlo así, pero me encanta cuando pasa.

Es un loco… un loco al que quiero con todo mi corazón.

—Te amo, Theo.

—Yo te amo más, Cosset Challer —suspira, abrazándome con calidez.

Es la primera vez que subo a su habitación. Es mucho más grande que la mía, pero, como en toda la casa, hay pocos muebles: solo una cama, una mesa y una repisa.

Eso sí, se ve que son de buen material y, más que nunca, me queda claro que, en algún momento, esta fue una casa llena de lujos.

También me queda claro que Theo es bastante ordenado.

—Sabes, tienes la sonrisa de tu mamá —digo mientras observo una fotografía sobre la repisa.

Es una foto de él, Brisa, su mamá y su papá.

Brisa era apenas una bebé.

—Mi tía siempre dice eso —responde, orgulloso.

También se parece un poco a su papá, especialmente en el gesto.

—Sé que no te gusta hablar del tema, pero… tus papás se veían felices. No entiendo cómo pasó… —guardo silencio.

No sé por qué se me ocurrió decir eso.

Theo nunca habla de la situación, y justo yo vengo a mencionarlo.

—Éramos felices, Coco. Éramos muy felices. —Sus ojos se cristalizan—. Sé lo que ibas a decir, pero ya te lo he dicho: mi papá no lo hizo. Mi papá está en la cárcel injustamente, y yo soy testigo de eso —dice con certeza.

—¿Testigo? ¿Cómo que testigo? ¿Cómo?

—No quiero hablar de eso, hoy no. Perdón. Brisa estaba recién nacida cuando eso pasó, y hoy es su cumpleaños, así que… prefiero no hablar de eso.

Lo abrazo con fuerza y le doy un beso en la mejilla. Theo es fuerte, pero está claro que ese tema todavía le duele. ¿A quién no?

—Sabes, me gusta mucho estar contigo. Haces que sienta paz —susurro.

—Entonces ya somos dos, porque tú me das paz a mí —responde.

—¡Coco, ya está listo el pastel! —grita Marcos.

La señal perfecta para bajar corriendo.

Conociéndolos, no podemos tardar más, a menos que queramos encontrar el pastel mordisqueado.

Brisa y Marcos son igual de traviesos.

***

Desde que mi papá me dio permiso de ser novia de Theo, solemos ir más al mirador. Bueno, los días que el clima nos lo permite. Eso sí, alguna que otra vez nos ha tocado usar mi auto y caminar desde la carretera hacia adentro.

Aún no puedo creer que no reniegue del frío, sobre todo ahora que hemos estado en la época más helada del año.

Aunque, si hay algo que amo del pueblo, es que no suele nevar tan seguido como creí; más que todo llueve, pero lo constante aquí son las temperaturas bajas.

A veces salimos con todos los chicos.

Susan es la que menos se involucra. Javier, su novio, no es tan amigo de Theo ni de su grupo, pero eso no impide que sigamos siendo amigas y que compartamos en la escuela.

Aunque, de cierta forma, últimamente me he vuelto más cercana a Clara. ¿Y cómo no? Si Bruno y Theo son mejores amigos.

Hoy, en especial, Theo me citó en el centro del pueblo.

No me dijo a dónde iremos, así que supongo que será una sorpresa.

Como si nada, ya llevamos setenta y dos días de novios.

Theo siempre es quien me lo recuerda, porque a mí se me olvida.

Bromea diciendo que él sí se acuerda de cada día porque es el que más quiere.

—¿En dónde están los demás? —pregunto.

Creí que Clara y Bruno también vendrían.

—¿Qué haces aquí? —la voz de Theo se endurece de inmediato.

Es Karla.

—Theo, necesito hablar contigo —dice ella.

—Sabes bien que no tenemos nada de qué hablar.

Intenta ignorarla, pero Karla insiste:

—Necesito explicarte lo que pasó con Benjamín.

—Karla, eso ya no importa. No necesito ninguna explicación. Ahora estoy con Cosset, lo sabes.

Ella hace un gesto de fastidio y continúa, como si no lo hubiera escuchado.

—Cuando me fui con Benjamín, no lo hice porque quisiera. Él me obligó. Tú sabes que tú y yo ya habíamos planeado regresar al pueblo para casarnos y vivir con tu tía y Brisa. Él se enteró de algún modo y… —me mira con cierta duda—, sabía que había sido yo quien se robó el anillo.

—¿Fuiste tú? —pregunta, sorprendido.

Está perplejo.

Yo, en cambio, no entiendo bien de qué están hablando.

Y me está costando mucho elegir la paz en este momento.

Theo ya me había dicho que habían hablado de casarse, pero… ¿por qué decir eso ahora? ¿A quién le importa?

—Era el anillo de tu mamá, sabía que era importante.

—¿Por qué no me lo dijiste?

¿Está dudando?

—Por tonta… y sabía que, si te lo decía, no ibas a estar de acuerdo. Solo quiero regresártelo. Ya ha pasado el tiempo y la deuda fue saldada, es tuyo —dice, sacando una bolsita del bolsillo de su pantalón y extendiendo la mano para dárselo.

El gesto de Theo es de mucha confusión.

—Nunca quise dejarte, Theo. Me tuve que ir porque Benjamín me amenazó con culparte a ti del robo, y no podía permitir que te acusara.

Acababas de tener el problema con el policía, así que no podía arriesgarme.

Sabes que él siempre estuvo enamorado de mí, así que no fue difícil convencerlo para que no dijera nada.

Por eso me fui, Theo. Lamento mucho haberte dejado, pero nunca lo hice con la intención de lastimarte, sino que, al contrario, estaba intentando cuidarte.

—parece sincera, y sus lágrimas, reales.

Hasta siento pena por ella—. No regresé antes porque tenía miedo.

Pero cuando me enteré de que Benjamín se había ido por lo que pasó en la escuela, y que ese tema estaba cerrado, volví.

Theo no dice nada. Observa el anillo que le dio, y eso me aterra. Me aterra pensar que Theo la está escuchando y que eso puede despertar sentimientos en él.

—Te amo, Theo. Quiero que siempre lo tengas presente —dice.

Siento como si me prendieran en llamas. ¿Cómo se atreve? Y, de la nada, un miedo me invade. Jamás había sentido tanto miedo, y ahora lo tengo.

No le digas que tú también la amas, Theo, por favor, suplico en mi interior.

No seas tonta, Coco, él te ama a ti, intento convencerme al mismo tiempo.

—Siento mucho que todo haya terminado así, Karla —la mira a los ojos—.

Te agradezco por el anillo; nunca creí que podría recuperarlo, lo daba por perdido.

Así que realmente te agradezco. Sabes lo importante que es para mí, pero esto terminó, Karla.

Lo nuestro terminó hace mucho, y sabes bien que ahora estoy con Cosset —aprieta mi mano—, y la amo, Karla. La amo.

Siento cómo toda la sangre vuelve a circular por mi cuerpo. Es música para mis oídos.

Un alivio tan grande me recorre que ni siquiera siento pena por Karla. ¿Cómo se atrevió a decirle a Theo que lo ama frente a mí?

—Lo sé, es solo que necesitaba decirlo —dice, y se va intentando disimular las lágrimas.

Hay un silencio incómodo. Verla me quebranta otra vez. No me gustaría estar en sus zapatos.

Aun así, por primera vez me permito ser egoísta y no sentir lástima por ella.

Eso sí, cualquier sentimiento de victoria desaparece cuando Theo me mira y dice:

—Necesito hablar contigo.

Lo dice con un gesto serio.

—¿Qué?

Ahí va el miedo otra vez.

—Te amo, Coco. Eso no está en duda —nota mi expresión—. Pero no quiero volver a mentirte.

—No comprendo, Theo… ¿mentirme? ¿mentirme en qué?

—Mi papá salió hoy de la cárcel, Coco. Y viene para acá.

Está serio, pero en sus ojos noto que está feliz. Tienen un brillo especial.

—Me alegra —respondo.

No sé qué más decir. Hasta este momento no sé del todo si es algo bueno o malo.

—Coco, imagino que no va a ser fácil para ti, porque realmente nunca he hablado contigo sobre lo que sucedió. Pero te puedo asegurar que mi papá es un excelente ser humano.

—No me interesa lo que pasó, Theo. Si tú crees y confías en él, para mí es suficiente.

Supongo que cualquier otra persona en mi lugar dudaría, pero yo no puedo dudar de él.

—Lo sé, pero creo que ya es hora de que sepas la verdad. Nunca te he contado por completo lo que sucedió, y quiero que lo sepas. También quiero que entiendas lo que pasó realmente con Karla.

—En serio, no es necesario, Theo.

—Sí lo es. Lo es porque quiero cortar cualquier raíz de desconfianza o duda que pueda haber, o que pueda germinar en el futuro.

Sé que ahora que Karla vino y mencionó el anillo de mi mamá, no entendiste de qué hablaba.

Y es justamente eso lo que quiero evitar.

No quiero que nadie te deje con dudas, ni ahora ni después. Quiero que estés enterada de todo.

—Si es lo que realmente quieres, está bien.