Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

Un toc, toc en la puerta me alerta.

Después de que mi mamá salió, todo se quedó en silencio.

No me gusta lo que está pasando. No me gusta discutir con mis papás. Me siento mal por eso, frustrada.

No sé qué hacer para que cambien de opinión.

—¿Puedo? —pregunta mi tío Gael, asomándose por la puerta.

—Sí, pasa.

—¿Una herida de guerra? —dice, al ver la gasa que me puso mi mamá.

—Algo así —intento sonreír.

—Un día complicado, ¿no?

—Tengo dos raspones.

No sé qué decirle. No sé si viene en plan amigo o de parte de mis papás.

—Es Navidad. No creo que hoy sea un buen día para discutir.

—Díselo a mi papá.

—Cosset, Estiven está preocupado. Tus papás están preocupados.

Y, si soy sincero, yo también lo estoy. Anoche, cuando intervine para que te dieran permiso de salir hoy, no imaginé que regresarías así.

Incluso me siento culpable por eso —me ve con preocupación, y ahora me siento mal por él—.

Somos tu familia, te queremos. Dime, ¿cómo te sentirías tú si vieras llegar a Marcos tal y como tú llegaste?

—Le preguntaría qué pasó antes de acusar.

—Sabes que no es así, menos tú, que te pareces mucho a Estiven —sonríe—. Coco, solo quiero que te pongas un poco en su lugar.

—Lo sé. Y créeme que una parte de mí lo hace y los entiende. Pero no me escuchan; están juzgando a Theo sin conocerlo, y no se me hace justo. Fui yo la que le pidió conducir y le insistió hasta que aceptó. Es una buena persona, tío. Incluso creo que lo amarían si lo conocieran.

—Nadia me dijo que va a hablar con tu papá, supongo que algo le dijiste que la hizo cambiar de opinión. Ya conoces a tu mamá, así que… mientras vemos qué pasa, ¿qué te parece si bajas y disfrutamos un poco? Vemos películas, jugamos, comemos hasta explotar y abrimos regalos cuando sea la hora.

—No lo sé.

—Hey —me ve fijamente, y me preocupa que me vaya a regañar—.

Somos una familia pequeña, lo sabes muy bien.

No permitas que el enojo arruine este día; no es justo para ti, no es justo para tus papás, no es justo para Marcos…

y tampoco creo que sea justo para mí, que vine de tan lejos para compartir con ustedes.

—Esa es manipulación —sonrío.

—Puede que sí. —Guiña el ojo—. Pero solo quiero que la pasemos bien.

Sé que es complicado después de lo que pasó, pero ya estás herida, ya te regañaron, ya dijiste lo que piensas.

Ahora es tiempo de compartir. ¿O no te da curiosidad saber qué te compré este año?

O, mejor dicho, ¿no te da curiosidad saber qué le compré a tu papá este año? —pregunta con picardía.

Casi siempre suele regalarle cosas super extrañas. Consigue hacerme reír con eso… y convencerme.

Cuando bajo, todo parece más calmado y podemos compartir tranquilamente, como si nada hubiera pasado.

Comparto algunos mensajes con Clara y Susan durante la noche y luego salgo un momento al pórtico.

Mi papá me sigue.

—¿Quién iba a pensar que ahora te gustaría más estar afuera? Supongo que el frío ya no te molesta tanto —dice, sentándose a mi lado.

Ha sacado una taza de chocolate para mí también.

—Tenías razón, era cuestión de acostumbrarme.

—Es una Navidad diferente, ¿no?

—Bastante —respondo y le doy un sorbo a la taza.

No sé en qué dirección quiere que vaya esta conversación.

—Hablé con tu mamá —suspira—. Y… está bien, le vamos a dar una oportunidad a ese muchacho. Le puedes decir que venga a hablar conmigo cuando quiera, que esta vez lo voy a recibir —lo dice con cierta duda.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí.

Sonríe.

Es una sonrisa no muy convincente. Supongo que no está cien por ciento seguro, pero aun así ha cedido.

¡No lo puedo creer!

—Gracias, papá, gracias —digo, volteándolo a ver.

De no ser por el chocolate, estaría saltando sobre él, pero está caliente y no quiero quemarlo.

—Solo no me pidas que deje de ser tu papá, Coco. Si veo algo que no me agrade, te lo voy a decir, y no me va a importar si estás de acuerdo o no. Y espero que puedas escucharme de la misma forma en que ahora estoy intentando escucharte a ti.

—Claro que sí, papá —sonrío; es el mejor regalo que me ha podido dar—. Muchísimas gracias.

—Bueno, por ahora te dejo. Supongo que vas a llamarlo para contarle. Ya lo vi en tus ojos —bromea—. Solo entra antes de que te congeles.

—Gracias, papá, de verdad, muchísimas gracias.

Estoy feliz.

Sé que está cediendo sin estar convencido, pero no me preocupa. Sé muy bien que es cuestión de días para que Theo lo convenza.

Y, tal como lo predijo, lo primero que hago es llamarlo para contarle la noticia.

Luego, como plus, se lo cuento a Clara y a Susan en el chat grupal que tenemos.

Por sus respuestas, me atrevo a pensar que Susan es la más feliz: ya no tendrá que mentir.

***

La conversación de Theo con mi papá fue muchísimo más corta que la que tuvo con William. Es claro que aún no está del todo de acuerdo con la situación, pero que haya aceptado hablar con él ya es un gran avance.

Eso sí, le sorprendió que Theo quisiera hacerlo justo el día después de haber aceptado.

Supongo que no contaba con que Theo no le daría tiempo de arrepentirse. Punto para Theo.

Marcos es el más feliz con la situación, y yo estoy anonadada: incluso creo que tiene un sexto sentido.

A William no lo podía ver ni en pintura y ahora Theo parece ser su mejor amigo.

Hasta pienso que, si mi papá no se convence de una buena vez de que es una buena persona por mí, terminará haciéndolo gracias a Marcos.

Dos días antes de Año Nuevo nevó con fuerza: fue la primera gran nevada en el pueblo. Aprovechamos para ir al campo de fútbol con Theo y Brisa; todo estaba cubierto, había varios centímetros de nieve y pudimos hacer muñecos.

Marcos no ha dejado de hablar de eso desde entonces. No lo culpo: es la primera vez que ambos vivimos algo así.

Eso sí, si no hubiera estado el tío Gael en casa, no sé cómo habríamos hecho mi mamá, Marcos y yo para palear la nieve que se acumuló en la puerta.

Mi papá estaba de guardia. Aunque tiene un trabajo administrativo, el pueblo no tiene tantos doctores como quisiera.

—Tío, ya estamos listos —digo en voz alta.

Lo busco en su habitación.

Quedamos en que iremos al cine, aprovechando que es nuestro último día libre. Mañana tenemos que volver a clases.

También hoy cumplimos un mes de novios con Theo, pero no está en el pueblo, así que celebraremos después.

—¿Estás bien? —pregunto.

Se ve bastante pensativo. Tiene una fotografía de una mujer entre las manos.

—Sí, todo bien —responde, aunque no suena muy convencido.

—¿Es alguien especial? —pregunto con curiosidad.

Sé que ha tenido muchas novias, pero jamás lo había visto conmovido por una.

—No… Mmm… llegó esto —dice, alzándome un sobre—. Estaba en la correspondencia. No sé si deba dártelo, es para ti.

Me sorprende leer el remitente: es de William.

No sé qué pensar.

—¿Es de tu ex?

—Sí… no sé, no entiendo nada. Hace mucho no sé de él, y eso que es el hermano de Susan.

—¿Quieres que la abra por ti?

—No, no es necesario. Dudo mucho que sea algo importante —digo arrugándola. Aun así, tengo mucha curiosidad.

—Dame eso. Si no la abres, vas a quedarte con la duda, y no creo que sea algo que quieras hacer —dice, y comienza a abrirla.

Tengo un sentimiento extraño. No sé… jamás creí que William volvería a aparecer, y mucho menos enviando una carta.

—Mmm… creo que él sabe muy bien que esto es raro.

Es lo primero que dice. También se disculpa por escribirte y dice que espera que, en algún momento, puedan volverse a ver y hablar.

Se vuelve a disculpar por haber escrito, pero menciona que encontró un boletín con información de universidades que alguna vez le mencionaste.

Dice que no quiso enviártelo con Susan para no incomodarla, porque sería aún más extraño.

Pero espera que leas la información. Y sí, viene un boletín con información de becas para universidades.

¿Te lo quieres quedar o lo tiro? En mi opinión, quédate con el boletín.

Es información que suele darse solo dentro de las universidades, y podría servirte.

—Sí, está bien —digo, y me quedo con el boletín.

Ni loca me quedaría con la carta.

Reviso la información y la agradezco; sí, es bastante valiosa, pero sigo sin entender en qué momento William se acordó de que existía. Y mucho menos por qué se tomó la molestia de enviarme una carta.

No sé qué pensar.