Capítulo 26 #3
—Cosset, hija —dice mi mamá, colocando su mano sobre el hombro de mi papá para tranquilizarlo—.
Es solo que con ese muchacho no te espera ningún futuro.
Simplemente queremos que lo dejes antes de que algo grave pase.
Hoy tuviste un accidente, ¿mañana qué te espera?
No puedes decir que amas a alguien que apenas conoces.
Y tampoco puedes culparnos cuando solo intentamos cuidarte.
Es gentil al hablar. Aun así, no estoy de acuerdo con lo que dice.
—Lo sé, mamá, y lo agradezco. Realmente lamento mucho lo que pasó. No es que quiera mentirles, pero… —exhalo—. Tú, más que nadie, sabes que el tiempo no tiene nada que ver en las cosas del corazón. Tú y mi papá salieron muy poco tiempo.
—Eran otros tiempos, Coco —dice mi papá.
—Esto no se trata de tiempos, sino de tu negativa a entender que lo quiero.
Me has prohibido salir con él sin darme una razón válida.
¿Cuáles son tus razones? ¿Que el papá de Theo está preso?
Él no tiene la culpa de eso. ¿Que puedo quedar embarazada y arruinar mi futuro?
Theo ni siquiera me ha tocado en ese sentido, y ya se lo dije a mi mamá.
Aun cuando tú sabes perfectamente que muchos solo buscan eso, él no es así.
No hay una razón válida, papá. No hay una razón que justifique tu negativa; más bien, pareciera que el simple hecho de su existencia basta para ti —digo con tanta convicción que ni siquiera sé de dónde he sacado la valentía.
—Si no te ha tocado, es porque sabe que eres menor de edad y se metería en serios problemas. No es tonto, Cosset. Y nunca estaré de acuerdo con esa relación. Ojalá lo entiendas antes de que algo peor pase.
Me mira con frustración.
—Ojalá lo entiendas tú, papá. Lo quiero y no lo voy a dejar. Y mucho menos por una tontería como esta, que me pudo haber pasado en cualquier lugar. Incluso con el tío Gael, que también maneja moto —digo, y subo a mi habitación.
Estoy harta de su cantaleta. Entiendo que no le guste que mienta ni que haya vuelto raspada, pero detesto que no pueda ponerse en mis zapatos y ceder un poco.
—¿En serio lo quieres? —pregunta mi mamá.
Entra a mi habitación minutos después. Lleva con ella agua oxigenada, alcohol y algodón.
—Sí, mamá. Mucho.
—Déjame ver —dice, y procede a revisarme el raspón.
—¿Ves? No es nada grave —digo cuando se da cuenta de que es así.
Como si necesitara que me dé la razón, siquiera en eso.
—Llevan poco tiempo.
—Lo sé —sonrío—, pero es que… es especial, mamá.
No te imaginas lo bien que la pasamos juntos: es bastante agradable, me hace reír todo el tiempo.
Incluso saqué un nueve en un corto de Física gracias a él.
Lo veo y me gustan sus ojos, su pelo, lo serio que es y, al mismo tiempo, su gentileza al tratarme —continúo—.
Nunca pensé que podría llegar a querer tanto a alguien como lo quiero a él —la miro, buscando un poco de comprensión—.
Te juro que no estamos haciendo nada malo, como tú y mi papá piensan.
Theo es bueno y me encantaría que le dieran una oportunidad —suspiro.
—Me gustaría creerte, pero has hecho cosas que jamás creí que harías, y todo por ese muchacho. Antes de que salieras con él no eras así —dice, sin dejar de curarme el raspón—. Tenemos un buen ejemplo: la última vez que pasaste una Navidad con raspones, tenías cuatro años.
Lo dice con nostalgia.
—Me escapé tres veces: una cuando fuimos a la feria, pero en ese entonces los llamé para avisar y nadie me respondió; otra, cuando me fui sin avisar y llegué de noche; y la tercera fue cuando me escapé de la escuela.
Pero les expliqué que lo hice porque mi papá me quitó el celular y necesitaba hablar con Theo para preguntarle por qué me había mentido sobre su papá.
Después él intentó hablar con mi papá y fue mi papá quien se negó.
No me han dejado otra opción, mamá. Pero te juro que no hemos hecho nada malo.
Necesito que me crea.
—No llevas mucho tiempo con él para que digas que no te hemos dejado otra opción. Acepta que tenemos razón en que te has vuelto rebelde.
Me reta.
—No quiero seguir hablando de lo mismo, mamá.
—Solamente nos preocupa tu futuro, hija. Es eso. ¿Qué te puede ofrecer alguien como él? No tiene estudios, no tiene un trabajo estable…
—¡Su amor, mamá, su amor! —la interrumpo, deseando tanto que me entienda—.
Ya estuve con alguien que ustedes aprobaban y que te consta que yo también quería.
William podía ofrecerme mucho más que Theo, al menos en apariencia.
¿Y sabes qué hizo? Me botó, mamá. Me botó como si fuera basura, y tú fuiste testigo de eso —mis ojos se cristalizan—.
Theo me rescató y ahora estoy feliz. Estoy enamorada, mamá.
»Y tampoco es que me esté casando con él, porque estoy consciente de que debo terminar la escuela e ir a la universidad.
Incluso el mismo Theo me lo ha dicho. Y, si te soy sincera, es algo que me aterra…
y es lo último de lo que quiero hablar con él, porque no sé qué va a pasar o cómo le vamos a hacer para seguirnos viendo cuando me tenga que ir.
»Pero por ahora… por ahora necesito que le den siquiera una oportunidad para que lo conozcan y vean que es bueno para mí.
Estoy llorando. No sé qué más decir.
—Trataré de hablar con tu papá —dice y me da un abrazo.
Por primera vez, siento que me ha escuchado.