Capítulo 25 #2
—¿No fuiste a la universidad solo por Brisa y tu tía, cierto? —pregunto con cautela.
—Fue una de las razones… Si me iba, el dinero que gana mi tía no alcanzaba para seguir pagando al abogado. Estamos muy cerca de que pueda salir libre. No podía irme por ellas, pero tampoco por él.
Me gustaría preguntar más cosas, pero no quiero presionarlo.
No sé exactamente qué fue lo que pasó con sus papás, pero cuando Theo dice que su papá es inocente, lo hace con una convicción imposible de ignorar.
Le creo.
—Te amo, Theo. Te amo, y te admiro más que nunca —digo.
Lo amo. No sé en qué momento sucedió, pero lo amo.
—Yo también te amo, Coco. Te amo más de lo que imaginas —responde y me abraza con fuerza.
Incluso empapados, su abrazo me da calor. Como si confesara más amor que cualquier palabra.
—No voy a dejar que mis papás nos separen, Theo. Te lo prometo.
Lo abrazo con más fuerza.
Nunca he tenido tanto miedo de perder a alguien como lo tengo ahora. Tal vez estoy exagerando y a mis papás pronto se les pase el enojo… pero tengo miedo, miedo de perder a Theo.
«Las cosas buenas también terminan», dijo mi papá.
Recuerdo sus palabras con total claridad, y me aterran. Me aterra pensar que esto pueda terminar.
—No llores. Todo estará bien. Nos queremos, y eso basta. Incluso creo que es buena idea que vaya a hablar con tus papás, para que sepan cuáles son mis intenciones contigo y se queden tranquilos. Pero ahora vamos adentro para que te seques un poco —dice.
Me está consolando, cuando debería ser al revés.
—Bésame —digo, casi suplicando.
Escucharme me calma.
¡Qué vergüenza!
¿Por qué soy tan ridícula? Yo no era así.
¡Ya qué!
—Siempre he querido un beso de película… así, bajo la lluvia —añado, saliendo a la intemperie e intentando sonar más juguetona.
La idea de que vaya a hablar con mis papás puede ser buena… pero no ahora.
—Coco, te vas a enfermar.
—Por favor, antes de que me congele como Jack —digo.
Y no es broma. El frío comienza a calar.
Vuelve a sonreír y, aunque no parece encantado con la idea, lo hace. Me besa.
Y lo hace como siempre: con un amor que me estremece hasta el alma.
Amo a Theo de una manera que jamás imaginé. Sé que llevamos poco tiempo —once días—, pero no necesito más para saber que lo amo.
—Bien, monstruito. Sabes que te amo. Pero no quiero que te enfermes. Ven, tengo un cambio de ropa. Te va a quedar grande, pero no quiero que te resfríes —me hala hacia adentro del taller.
Me da un suéter, un pants y una camisa.
Me deja sola para que me cambie.
Agradezco su caballerosidad.
Mi mamá lo amaría si viera cuánto me cuida.
Y lo admiraría, igual que yo.
Theo siempre tuvo sueños, como todos.
Quería ser futbolista. Quería ir a la universidad.
Tiene el talento para haberlo logrado, pero si no lo hizo fue por la historia de su familia.
Fueron las circunstancias las que truncaron sus sueños, no él.
La única diferencia entre Theo Fedrick y los demás es que él prefirió sacrificar sus sueños por quedarse con su familia.
Ahora sé quién es en su totalidad…
Y lo amo aún más.
El tío Gael llega por mí después de que lo llamo.
No se baja; solo toca la bocina. No me habla de camino a casa, pero tampoco me regaña, y eso ya es algo.
Cuando llegamos, sigue indiferente. Conociéndolo, sé que está molesto, pero tampoco tengo ganas de tenerlo de enemigo. Siempre ha sido el consejero.
—Tío… —digo.
—Ni lo intentes. Tus papás se enteraron y vienen para acá. Sabes que siempre puedes contar conmigo, pero no estoy de acuerdo con que te salgas de la escuela sin permiso y sin avisar. Bien hubieras podido esperarme y pedirme que te llevara; sabes que lo hubiera hecho —agrega.
Y ahora lamento haber intentado hablar.
Aunque agradezco saber que mis papás se enteraron. Al menos ya sé para qué prepararme. Subo a cambiarme.
Lo último que necesito es que me vean con ropa que no es mía. Mi tío suele ser bastante distraído con eso, pero mis papás no.
—¡Cosset! —escucho los gritos.
Mis oídos están preparados para lo que viene.
—¡Cosset! —grita mi papá, entrando a mi habitación.
Tiemblo cuando lo hace. Supongo que subió corriendo.
—Perdón —digo, agachando la cabeza—. Prometo que es la última vez.
—Estiven, ya hablamos —interviene mi tío Gael, entrando tras él.
—Coco —mi papá baja la voz—. Sabes que nunca te hemos prohibido nada, pero es justamente este tipo de acciones las que tu mamá y yo no comprendemos. Solo queremos cuidarte.
—Necesitaba preguntarle lo de su papá. Ahora lo sé… y sé que es inocente.
—¡¿Inocente?! —repite mi tío, sorprendido.
Ambos se miran, desconcertados.
Los entiendo. Yo también me confundí cuando Theo lo dijo.
—Sí, incluso están pagando a un abogado para que pueda salir. Papá, todo es un malentendido.
—¿Saldrá? —cuestiona mi tío.
—Eso no es lo que importa, Cosset. Pudo decirte cualquier cosa para convencerte —responde mi papá.
—Habría que revisar bajo qué cargos —agrega mi tío.
—Exacto. Mi tío es abogado, papá. No podemos juzgar a nadie si no sabemos la verdad.
—Estiven, creo que no es buen momento para hablar sobre esto —dice mi mamá.
Se ve tranquila.
Mi papá voltea a ver a mi tío Gael, y parece que finalmente tengo un punto a favor, porque ambos salen.
Aunque sé que sigo castigada.