Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Despierto con la mente hecha un nudo.

No sé qué debo hacer o cómo actuar con Theo ahora que sé la verdad, y me preocupa mucho la actitud de mi papá. Jamás habíamos discutido y nunca le había levantado la voz. Aunque tengo la esperanza de que hoy esté menos molesto y que todo lo que dijo ayer haya sido solo por enojo.

Entiendo que no tenga un buen concepto de Theo, tal y como me pasaba a mí, pero confío en su buen juicio y espero que se dé la oportunidad de conocerlo.

—Buenos días, Cosset —dice mi mamá, entrando sin tocar.

Supongo que se debe a la discusión con mi papá.

—Buenos días, mamá —respondo, levantándome de la cama para comenzar a arreglarme para ir a la escuela.

—Escuché lo que sucedió anoche. No quise intervenir, pero me gustaría saber qué fue lo que pasó.

—Si te soy honesta, yo también quisiera saberlo. Entiendo que mi papá estaba molesto por lo que hice, pero de eso a que termine diciéndome que no puedo ver a Theo porque su papá está en la cárcel… me parece absurdo e injusto. Theo no tiene la culpa de eso.

Me irrita tan solo recordarlo.

—Hablaré con él —suspira—. No es fácil para mí estar en el medio. Así que mantente un poco alejada de ese muchacho hasta que las cosas se calmen, por favor.

—¡No! —grito—. Lo siento, mamá, pero no. No voy a alejarme de Theo. Él no ha hecho nada malo.

Me irrita que siquiera lo proponga.

—Cosset, yo también estoy preocupada. Mírate. Me acabas de gritar. Es la primera vez que lo haces.

—Discúlpame, es que…

—Nos has estado mintiendo sobre tu relación con él y no entiendo por qué —interrumpe—.

Siempre te hemos dado confianza, pero te has estado comportando de una manera que nos extraña.

Es por eso por lo que creemos que no es una buena persona para ti.

No se trata de lo que digan los demás, sino de lo que hemos visto en tu actitud.

—Es que…

—¿Tampoco sabías lo que había pasado con su mamá? —agrega.

—No, no lo sabía. Pero tampoco entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.

No me parece justo que juzguen a Theo por lo que pasó con su familia.

Al contrario, deberían sentir empatía por eso.

No la ha tenido fácil. Inclusive yo estoy tan impactada con la noticia que no sé qué debo decir o qué debo hacer ahora.

—No es que lo estemos juzgando por lo que hizo su familia, sino por lo que hace él.

—¿Y qué hace, mamá? Estudia, trabaja, cuida a Brisa.

—Sí, es cierto. Pero no olvides que es mayor que tú.

—William también es mayor y nunca fue un problema.

—Las cosas eran diferentes. Él no estaba repitiendo clases, sino que comenzó un año después…

Cosset, este muchacho no es una persona que tenga futuro.

Y no es la primera vez que te vas con él sin permiso.

La otra vez que no avisaste estabas con él, y una de las enfermeras del hospital me dijo que te vio con él en la feria del otro pueblo el día que fui con Marcos al aeropuerto por tu tío Gael.

¿De verdad crees que alguien que te enseña a mentir puede tener buenas intenciones contigo?

—Es que él no me enseña a mentir, solo no lo dije por qué…

—¿Qué quieres, salir embarazada y arruinar tu futuro? —pregunta.

—¿Embarazada?

Esa palabra me aclara todo.

No están juzgando a Theo por su familia; tienen miedo de lo que pueda estar pasando entre nosotros.

—¡Ay, mamá! —exclamo con un suspiro, bajando la voz—. No está pasando nada de lo que piensas —digo—. Theo y yo… nunca hemos… ya sabes. Ni siquiera me lo ha propuesto. Incluso para besarme suele pedir permiso —digo, sonriendo.

Su rostro también se relaja.

—Aun así, quiero que tengas mucho cuidado.

Cosset, sé que ahora no lo entiendes, pero, como tus papás, lo único que queremos es lo mejor para ti.

Y, sinceramente, no creemos que ese muchacho lo sea.

No te había dicho lo de sus papás porque entiendo que es un tema difícil.

Sin embargo, debió contártelo, pero no lo hizo.

Supongo que algo sí te debió haber dicho y con eso ya sabes que te mintió.

¿Cómo sabes que no te ha mentido en algo más?

Me deja sin palabras. Confío en Theo, pero no sé cómo refutar lo que dice.

Y eso me enfurece porque, mientras yo dudo, ellos afirman.

Y cada silencio mío es una prueba más para ellos de que tienen razón.

Antes de salir de casa, mi papá me quitó el celular y las llaves del auto, así que ahora no tengo manera de comunicarme con Theo ni de movilizarme por mi cuenta.

No quiero contarles a las chicas lo que sucedió todavía, y pedirles prestado su celular sería encender una alarma que prefiero evitar.

Así que solamente resuelvo sus dudas sobre cómo fue conocer a doña Carmina y sí les menciono que mi papá se molestó porque llegué tarde.

No digo nada sobre que me prohibieron ver a Theo.

Mi única esperanza es que venga a la escuela hoy, pero difícilmente lo hará. Es martes. Y cualquier ilusión se disipa cuando le pregunto a Bruno y me confirma que está en el taller, terminando un trabajo.

Y, aun así, mis papás se atreven a decir que es un vago.

La orden fue clara: de la casa a la escuela, y de la escuela a la casa. Mi tío Gael ha quedado designado como chaperón.

Las horas en la escuela se me hacen eternas. Susan y Clara ayudan a que sea más llevadero, pero es difícil. Ni siquiera presto atención a lo que dicen los profesores. Tengo tantas preguntas, tantas dudas. Me siento acorralada. Estoy molesta. Es como si me asfixiaran.

Así que, antes del último período, lo único que se me ocurre es escaparme. Tengo que ver a Theo. No puedo esperar hasta mañana.

La escuela no tiene mucha seguridad, así que no me resulta difícil salir. El clima me preocupa un poco; hace frío y ha comenzado a lloviznar. Pero no voy a dejar que eso me detenga.

Camino hacia la parada del bus más cercana.

No tengo idea de cómo funciona el sistema, pero no creo que sea muy complicado.

Tarda en llegar, pero al fin aparece. Subo y le pregunto al chofer si voy en la ruta correcta hacia el taller —Theo me lo mostró ayer, cuando íbamos de camino a su casa—.

Me dice que sí, que debo bajarme en el centro y que allí encontraré otros buses que me dejarán prácticamente en la puerta. Me alivia saberlo.

Tengo dinero en efectivo, así que no es un problema.

Solo quiero verlo. Necesito hablar con Theo antes de volver a casa. Lo único que quiero es abrazarlo y escuchar la historia completa. Quiero tener argumentos para poder defenderlo.

Cuando llego al centro, encuentro fácilmente el bus del que el chofer me habló. Justo va uno saliendo. Al subir, repito mi destino y, por la expresión del nuevo conductor, parece ser un lugar conocido. En quince minutos estoy ahí.

Apenas el bus se aleja, lo veo. Al otro lado de la carretera, en el taller. Sigue lloviznando y él está un poco sucio, pero no importa. Al fin lo tengo cerca.

Theo parece sorprendido de verme y también un poco preocupado.

—¿Dónde está tu papá? —pregunto.

Es lo primero que se me viene a la cabeza.

—¿Cómo llegaste hasta acá? ¿Y tu auto?

Me abraza.

—Te lo cuento luego, Theo… ¿en dónde está tu papá? —insisto.

No quiero reclamar, pero necesito saber la verdad.

—Ya te lo conté. Se fue —responde, algo confundido.

La lluvia comienza a arreciar.

—¿Adónde, Theo? ¿Adónde se fue tu papá?

—Coco… es mejor que entres. Está lloviendo. Te vas a mojar.

—¿Por qué se fue?

No quiero enojarme, pero me frustra que no me responda.

—No entiendo tu pregunta. Te estás mojando. Vamos adentro.

—¿Por qué me mientes?

La lluvia cae con más fuerza. Pero no me importa.

—No te estoy mintiendo. Coco, vamos a hablar adentro. No hay nadie. Nos estamos mojando y te puedes enfermar.

—Dime dónde está tu papá, Theo.

Estoy molesta. No con él, exactamente. Estoy molesta por la situación.

Porque, aunque no lo quiera aceptar, mi mamá me sembró la duda:

¿Qué otra cosa me ha ocultado?

—Si lo estás preguntando, es porque ya lo sabes —dice, con la mirada confundida.

—Solo quiero que lo digas tú.

—No voy a hablar de eso.

—¿Por qué no? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Qué otra cosa me has ocultado?

Me siento terrible por hacerle esas preguntas.

Me ve con frustración.

—Theo…

—¡¿Para qué?! ¡¿Para qué tendría que habértelo dicho?! —alza la voz, pero no me grita a mí.

Más bien, parece cansado.

—Para que hubiera podido defenderte cuando mis papás te acusaron de mentirme —digo.

Estamos empapados.

Hay frío, pero nada de eso tiene importancia en este momento.

—¡Ay, por Dios, Coco! —exclama, bajando la voz—. ¿En serio crees que es fácil decir que mi papá está preso, acusado de haber matado a mi mamá?

Me ve con frustración y su voz se quiebra.

Y ahora me siento peor por haberlo puesto en esta posición.

—No. No debe ser fácil. Perdóname, Theo. Perdóname —lo abrazo.

Me abraza también y me guía hacia una parte techada.

—No quise mentirte, Coco —traga saliva.

—Lo sé… y lamento mucho haberme enterado así.

—Aun así, quiero que sepas que mi papá es inocente —dice, mirándome a los ojos—. Si no te lo dije antes, es porque es un tema delicado. Y tampoco quería perderte.

¿Perderme?

¿Cómo puede pensar eso?

—He lidiado con los señalamientos todos estos años. No quería lidiar con el tuyo.

—¿Por qué piensas eso? No sería capaz…

—Creíste que estaba drogado el día que te tapé los ojos en la fiesta —me interrumpe—. Coco, hasta las personas más buenas son capaces de dudar cuando algo así sucede.

Tiene razón. Lo hice. Dudé. Creí cosas de él sin conocerlo.

—Pero ahora te conozco, Theo —digo, viéndolo a los ojos—. No me importa lo que digan los demás. Ni siquiera mis papás. Y si tu papá fuera culpable… tú no tienes nada que ver con eso.

—No lo es, Coco, no lo es. Y eso es lo que la gente no entiende. No entienden que yo siga defendiendo su inocencia por encima de lo que dice la ley. Nunca lo han hecho. Pero sé que lo harán… el día que mi papá salga libre. Entonces todos tendrán que disculparse.

Lo dice con dolor, pero también con una esperanza firme. Supongo que eso es lo que lo ha sostenido todo este tiempo.