Capítulo 24 #2
—Solamente digo la verdad —agrega doña Carmina con una sonrisa y va a la cocina.
Estoy encantada de conocerla y de conocer a su pequeña familia.
En algunos aspectos, se parecen bastante a la mía: el bullicio en la cocina, las risas, las interrupciones de Brisa a la mitad de una historia, tal y como lo hace Marcos.
Pero lo que más me gusta es que, poco a poco, empiezo a entenderlo un poco más.
A comprender por qué Theo es así como es.
Especialmente esa parte suya tan protectora, tan discreta, que casi nadie nota… salvo yo.
Todos se encargan de hacerme pasar una tarde muy amena.
Me hacen sentir bienvenida, como si me conocieran desde hace mucho tiempo, como si no fuera una invitada, sino parte de su familia.
Doña Carmina tiene muchas historias y cada una la cuenta con una mezcla de sencillez y nostalgia que atrapa.
Y, aunque su apariencia es la de una mujer de costumbres humildes, hay algo en la forma en la que se mueve y habla que me hace entender lo que Theo quiso decir cuando mencionó: «Hubo buenos tiempos».
Cuando llego a casa, encuentro a mi papá afuera.
Ya pasa de las ocho de la noche y mi celular ha estado apagado, así que sé que está molesto.
Se me fue el tiempo conversando y, si no hubiera sido por doña Carmina, que preguntó hasta qué hora tenía permiso, creo que habría amanecido con ellos.
Theo me ofreció llamar desde su celular, pero por lo tarde que era, preferí esperar hasta llegar.
Sabía que existía la posibilidad de que estuvieran molestos y quería ahorrarme el regaño por celular, especialmente después de la otra vez, cuando tampoco avisé y me lo advirtieron.
Claro que le dije a mi tío Gael que saldría, pero no especifiqué adónde.
—¿Puedo saber por qué llegas a esta hora? Te fuiste a las cuatro de la tarde, Cosset —dice mi papá.
Me mira con el ceño fruncido y los brazos cruzados. No necesita levantar la voz para que yo entienda que está molesto.
—Lo siento, lo siento. Es que se me olvidó avisar y mi celular se descargó —digo, mostrándoselo.
—Perdone, señor. Su hija estaba conmigo —dice Theo, extendiéndole la mano—. Lamento mucho que esté llegando a esta hora. Nos entretuvimos tanto en mi casa con mi tía y mi hermana Brisa que se nos pasó por alto el tiempo.
Theo me siguió en su moto para acompañarme.
—¿Tú quién eres? —pregunta mi papá, muy sorprendido.
Ya lo había visto, pero nunca le había hablado.
—Perdone, señor. Mucho gusto. Theo Fedrick —responde, extendiendo su mano.
—¿Fedrick?
La cara de mi papá se desencaja.
—Sí, señor —responde con firmeza.
—Es mi novio, papá —digo, intentando calmar los ánimos.
El tono de voz de Theo no ayuda mucho, que se diga.
—De acuerdo —responde.
Se queda pensativo, pero no estrecha su mano.
—Solo les pido que, si van a estar saliendo, tengan la decencia de avisar.
Su gesto es extraño. No sé cómo interpretarlo. Ya había visto y escuchado de Theo, así que supongo que le sorprende que no le hubiera dicho que era mi novio.
—Entendido, señor —responde Theo con seguridad, como si la actitud de mi papá no lo intimidara—. Le aseguro que esto no volverá a pasar.
Justamente esa seguridad es la que me gusta de él. Incluso estando frente a mi papá, viendo que claramente está molesto, no titubea.
Mucha diferencia con el miedoso de William, que estaba temblando cuando habló con él.
Entiendo que son personas diferentes, pero, haciendo un balance, mi papá estaba bromeando cuando conoció a William.
Ahora, en cambio, está enojado. Y ambos sabemos que tiene razones para estarlo.
—Muy bien, muchacho. Feliz noche —dice, y extiende su mano—. Coco, adentro.
Theo responde el saludo.
Entro a la casa de inmediato.
Sé que me espera un buen regaño, pese a que no ha gritado. Lo supe desde el momento en que lo encontré afuera de la casa.
—No quiero que salgas con ese tipo —dice muy enojado, apenas entra a la casa y cierra la puerta.
—¡¿Por qué?! —Me esperaba un regaño, no algo como esto—. Papá, Theo es un buen muchacho.
—No, no lo es.
—Lo es, claro que lo es, papá. Lo conozco bien.
—Cosset… si tu novio fuera el muchacho del restaurante, o cualquier otro, yo no tendría ningún problema con eso. Pero estás saliendo con ese muchacho del que lo único que sé es que anda de vago todo el tiempo.
—Eso no es cierto. Son solo chismes, papá. Theo trabaja, trabaja en un taller. No es un vago como lo estás diciendo.
Me sorprende que diga algo así.
—¡Sí lo es! —alza la voz—. Basta con que preguntes en la calle para que te lo digan. ¿O me vas a decir que no lleva varios años repitiendo una materia en la escuela?
—Sí, pero… papá, sus razones son hasta entendibles y, además, trabaja en el taller.
Te aseguro que, cuando sepas por qué ha repetido tanto, incluso lo vas a entender.
Tú, más que nadie, sabes lo que es que te cueste seguir estudiando.
Tú mismo has dicho que, de no ser por mi tío, quizás nunca te habrías graduado después de que mi abuela murió.
—¡No me interesa, Cosset! Lo que sé es que es un vago y te quiero lejos de él. Así que lo que sea que tengas con ese muchacho termina hoy mismo.
Su tono es fuerte. Está muy molesto, y eso me confunde. Entiendo que esté enojado porque no avisé adónde iba, además de que llegué muy tarde y mi celular estaba apagado. Pero no entiendo la actitud que está tomando. Jamás ha sido una persona que se deje llevar por chismes.
—¡No, papá! ¡Perdóname, pero no! —alzo la voz. Es la primera vez que lo hago—. No voy a permitir que me separes de Theo por chismes de la gente. Theo no es lo que estás diciendo y tú nunca has sido del tipo de persona que juzga a alguien sin conocerlo.
—¿Y tú sí lo conoces? Dime, ¿ya te dijo que su papá está en la cárcel? Supongo que no… ¿o me equivoco? Así que dime, Cosset, ¿qué esperas de un tipo así?
—¿En la cárcel? —pregunto, helada.
No esperaba saber algo así.
—¿Qué? ¿No te lo había dicho? —insiste.
—No —titubeo.
Estoy perpleja. No sé qué decir. Sabía que su papá los había dejado, pero no tenía ni idea de que estaba en la cárcel.
—Cosset, el papá de ese muchacho mató a su propia esposa y por eso está preso. Así que ese muchacho no es alguien que te convenga.
—¡¿Qué…?! —Estoy más que sorprendida—. Deben ser chismes, papá.
—No, no lo son.
Está muy seguro de lo que está diciendo.
—Igual eso no tiene nada que ver con Theo. Papá, él no tiene la culpa de nada. Y ¿sabes qué? Ahora lo quiero más por saber que no la ha tenido fácil, y tú, en vez de juzgarlo, deberías darte la oportunidad de conocerlo —digo, y me voy a mi habitación.
No tengo ganas de seguir discutiendo con él.
Cuando subo, por fortuna no me encuentro a nadie. Supongo que mi mamá está con Marcos en su habitación y prefirió no intervenir. Y mi tío Gael no lo haría, aunque quisiera.
Estoy muy sorprendida por la actitud de mi papá. Nunca pensé que reaccionaría así al saber que Theo es mi novio, y mucho menos que se dejara llevar por lo que dice la gente para negarse a aceptar nuestra relación. Aunque lo que más me impacta es saber que el papá de Theo está en la cárcel.
Supongo que no me lo dijo porque debe dolerle mucho, especialmente si lo que mi papá dijo es cierto. Y me enoja que él me lo haya soltado así, sin importarle nada, como una excusa para alejarme de Theo. Sin embargo, lo único que logró es que ahora lo admire más.
No quiero ni imaginar lo que debe sentir al saber que su papá mató a su propia mamá. Y peor aún, que personas como mi papá lo juzguen como si el criminal hubiera sido él.
Espero estés bien. Lamento
haberte ocasionado problemas.
Leo un mensaje de él, recién enciendo mi celular.
Por la hora en la que lo envió, fue justo después de que se fuera.
No te preocupes, todo
salió bien. Te quiero.
Respondo.
Abrazo su gorro para dormir. Desde que me lo prestó el día que fuimos a la poza, nunca se lo devolví. Y, al menos esta noche, lo único que quiero es sentir que lo tengo cerca.