Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

—Me va a llevar a su casa —chismoseo el lunes a la salida de la escuela.

Theo no vino a estudiar.

El sábado se quedaron con Brisa hasta las cuatro. De ahí me quedé todo el fin de semana en casa con Marcos. Mi papá y el tío Gael regresaron de madrugada el domingo por el frío, así que incluso ellos decidieron no salir. Y mi mamá suele ser bastante hogareña, así que todos estuvimos en casa.

—¡¿En serio?! Coco, eso es algo bueno. Quiere decir que lo tienes loco. Hasta donde yo sé, ni siquiera a Karla la llevó a su casa. Sé que sí conocía a la tía, pero nunca fue a su casa… o no sé.

Muerde su paleta.

—Clara, no menciones a Karla en este momento, por favor —dice Susan mientras guarda algo en su bolsón—. Me da mucho gusto por ti, Coco.

—Perdón, perdón. No lo dije con mala intención, solo quise dar una referencia. Yo sé que Coco no sabe porque no estaba aquí, pero lo que él tuvo con ella fue intenso. Sin embargo, yo jamás lo había visto tan enganchado como lo veo contigo —agrega Clara, mirándome con cierta picardía.

—Eso es cierto, Coco. Theo no sería como es contigo si no te quisiera, y menos estando Karla aquí —confirma Susan.

—¿Así, tan rápido? No llevamos mucho de novios —digo. Me arden las mejillas.

Ambas se ríen.

—Eso piensas tú, pero ustedes dos son novios desde la noche en que comenzaron a fingir que lo eran —agrega Susan.

Aun así, sigue siendo poco tiempo.

—A ver, lo que debes tener en claro de Theo es que alguien como él no va a salir con alguien solo porque sí. Si está contigo, es porque te quiere, y el tiempo no tiene nada que ver en eso —dice Clara.

—Eso es cierto —reafirma Susan.

—¡Coco, nos vamos! —grita mi tío Gael.

Me despido de las chicas y corro hacia el auto.

Quedamos en que me recogería para almorzar con Marcos, aprovechando que hoy no tenía entrenamiento de fútbol. Es algo que solíamos hacer cuando nos visitaba en la ciudad y, finalmente, desde que llegó al pueblo, es la primera vez que salimos con él.

Gael y mi papá son hermanos solo por parte de mamá.

En la familia le tenemos mucho cariño porque, por temporadas, ha vivido con nosotros.

Además, después de que mi abuela murió, fue él quien se hizo responsable de muchas cosas.

Mi papá todavía estudiaba medicina y no trabajaba, así que el tío Gael asumió buena parte de esa carga.

Incluso ayudó a mis papás cuando se casaron: siempre cuentan cómo vivieron en su apartamento para poder ahorrar y comprar el suyo.

Eso sí, aunque es diez años mayor que mi papá, su forma de ser es más relajada, como si en realidad fuera el menor.

—¿En qué trabajas ahora, tío? —pregunta Marcos.

Se ve bastante satisfecho con las papas fritas.

—Digamos que estoy de vacaciones.

Su respuesta me confunde. Sé que es abogado.

—¿A qué te refieres? —pregunto.

—Solo que las cosas en el despacho estaban estresándome, así que preferí tomarme un tiempo para descansar. Por eso aproveché para venir a visitarlos.

—¡Hola, Gael! Tanto tiempo sin verte —saluda el señor Blass, dueño de la ferretería del pueblo—. No estaba seguro de si eras tú, pero ahora no me queda ninguna duda. ¡Eres tú! ¿Cómo estás? —pregunta, bastante entusiasmado.

Como si se conocieran de antes.

—Igualmente, Blass. Y muy bien, gracias —responde mi tío, poniéndose de pie.

Estrecha su mano y lo abraza brevemente.

—Pensé que jamás te volvería a ver. Qué gusto verte, sinceramente —agrega don Blass y lo vuelve a abrazar.

—Yo también, pero bueno… acá estamos. Solo que creo que es mejor que hablemos en otro lugar —dice mi tío, volteándonos a ver.

—Sí, claro. Comprendo. Buen provecho, chicos.

—Gracias —respondemos.

No entiendo cómo es que el tío Gael conoce al señor Blass, especialmente por la parte de «Pensé que jamás te volvería a ver».

—¿De dónde lo conoces? —cuestiono.

—¿A quién?

—Al señor Blass.

Sé que mi tío suele ser muy sociable, pero no sé… me llama la atención la manera tan cercana en que se saludaron.

—¿Ah, a Blass? Lo conocí en la ciudad, hace muchos años. Y luego, cuando tu papá estaba pensando en comprar casa aquí, él fue quien nos ayudó.

Sigue comiendo como si nada.

No tenía ni idea.

—Con eso que tu papá pasa metido en el hospital, supongo que no socializa con nadie.

Fueron varias las personas que nos ayudaron cuando quería mudarse aquí.

Aún no comprendo por qué eligió este lugar, pero bueno…

al menos no me puedo quejar de las personas.

Hay buena gente por acá. Solo por eso, hasta yo viviría aquí.

Su respuesta tiene sentido, y estoy de acuerdo con él.

Yo tampoco termino de entender por qué mi papá eligió mudarse para acá, porque sé que fue él quien tuvo la idea en primer lugar.

Supongo que le ofrecieron un muy buen puesto en el hospital y aceptó.

O no sé… nunca he preguntado ni me he interesado mucho por eso.

Cuando me lo dijeron, lo último que quería saber eran las razones. Pero ahora lo agradezco. El pueblo es lindo, después de todo.

El almuerzo transcurre bien en lo que queda. Pasamos un buen momento, hablamos de muchas cosas.

Cuando llego a casa, corro a cambiarme. Quedé de ver a Theo por la tarde para ir a su casa. Cuando me dijo que quería llevarme, creí que iba a esperar más tiempo, pero no. Así es Theo.

Acordamos que me esperaría a mitad del camino. Su casa está en el extremo opuesto del pueblo, así que debo atravesarlo todo y nunca he conducido por esa zona.

El camino me sorprende. Hay varias casas lindas, aunque están más alejadas entre sí que las de nuestros vecinos. Aun así, los nervios son los que me invaden: espero caerle bien a su tía.

Al llegar, me impacta ver una casa tan grande. No lo esperaba. Es de ladrillo, un poco descuidada, pero no deja de ser imponente.

—Tu casa es enorme —digo.

Es, por mucho, más grande que la mía.

—Hubo buenos tiempos, Coco. La casa es el único recuerdo que nos queda de esos tiempos —responde, mientras me da la mano para que entremos—. Pero, como verás, el techo está bastante gastado y muchas cosas necesitan reparación. Solo espero que te sientas cómoda ahora que entres.

—Claro que estaré muy cómoda. Es tu casa.

Me siento feliz de estar aquí. Que me haya traído a su casa y quiera que conozca a su tía, tal como lo dijeron Clara y Susan, es un reflejo de su cariño. El lenguaje de amor de Theo son las acciones. ¿Y qué mayor demostración de amor que traerme a su casa?

—Lo digo en serio. Ya sé cómo es tu casa y la mía, por lejos, tiene menos lujos —dice.

Se detiene antes de entrar y me mira con cierta nostalgia, como si le preocupara lo que yo pueda pensar.

—¡Hola, Cosset! Ven, pasa —saluda la pequeña Brisa.

Hala mi mano y me lleva adentro.

Al entrar, entiendo lo que Theo quería decir. Es una casa grande, de techos altos, pero con pocos muebles. Algunos, de madera, se ven bien cuidados, aunque por su diseño antiguo se nota que llevan allí mucho tiempo.

Aun así, me gusta. Me gusta ver quién es Theo y dónde vive.

—Tú debes ser Cosset —dice una señora, saliendo de lo que parece ser la cocina.

Es baja, de piel blanca, cabello castaño y ojos claros. Usa ropa sencilla, pero se nota que tiene clase. Supongo que la belleza de Brisa viene de parte de ella.

—Sí, ella es Cosset —responde Brisa, sin perder la sonrisa.

—Soy Carmina, la tía de Theo —dice, y me regala una sonrisa muy cálida.

—Mucho gusto —digo, nerviosa.

Intento responder su saludo también con una sonrisa, pero no creo que sea la mejor de todas.

—Es mi tía, como ya lo sabes, pero ha sido como una segunda madre —dice Theo con orgullo.

—Theo me ha hablado mucho de ti. Qué bueno que hayas podido venir; tenía muchas ganas de conocerte —agrega, y me da un abrazo.

Es bastante amable y dulce.

—Muchísimas gracias —sonrío.

Su actitud hace que me relaje y, al fin, pueda respirar con tranquilidad.

—Preparé algo de comer. Theo me dijo que ya almorzaste, pero no sé si quieres que te sirva siquiera un poco para que pruebes. Hice postre también —pregunta con un tono dulce.

Me hace recordar a mi mamá.

—No es obligación —aclara Theo.

—Está bien, muchas gracias. No se hubiera molestado.

Estoy sorprendida por tanta amabilidad.

—Disculpa que no te esperé, pero tenía hambre —dice Brisa.

Eso basta para que me sienta completamente en casa.

—Siéntate. Brisa, hazle compañía a Coco en lo que yo ayudo a mi tía, por favor —pide Theo.

Y ahora me siento como una reina.

No tardan mucho; supongo que ya lo tenían todo preparado, y eso me halaga aún más.

Es un estofado y, al probarlo, quedo totalmente enamorada. No estoy acostumbrada a comer así en casa, así que saboreo cada bocado.

—Realmente, esto estaba delicioso —digo al terminar.

He devorado todo como si fuera un cavernícola.

—De nada, la cociné con mucho cariño. Desde que Theo me dijo el sábado que te traería, pensé en qué te podría gustar y se me ocurrió hacer la comida favorita de Theo. Es la primera vez que trae a una chica a esta casa, así que supe que eres especial.

Me arde la cara al escucharla. No sé qué responder, pero al ver a Theo noto que no soy la única apenada. Y, en un movimiento torpe, intento levantar mi plato.

—No te preocupes por eso, yo lo lavo después. Eres la invitada y no quiero que te pongas a fregar platos aquí —agrega, levantándose para recogerlo.

Theo la ayuda.

—Muchísimas gracias nuevamente, en serio. La comida estaba deliciosa.

—Gracias a ti. Estoy feliz de que te haya gustado.

—En verdad, muchísimas gracias por todo —digo, y la risa traviesa de Brisa me hace notar que tal vez ya lo he dicho muchas veces.

—De nada. Se ve que eres una buena muchacha y me alegro mucho de que seas la novia de Theo. Ya decía yo que no eras solo su amiga; siempre que me hablaba de ti, le brillaban los ojos. Incluso Gabriel y Brunito se dieron cuenta de que estaba enamorado antes que él —dice muy sonriente.

Es la tercera vez que escucho a alguien dar a entender que nuestra historia comenzó antes de que siquiera nosotros mismos lo supiéramos.

—Tía —dice Theo.

Y, por primera vez, su gesto me dice que está avergonzado.