Capítulo 21 #2
Me niego a usar el casco, y resulta ser la mejor decisión de todas.
El viento acaricia mi rostro, me despeina el cabello y el frío golpea mi cara.
Todo eso hace que disfrute más del momento.
Es como si una parte de mí que llevaba mucho tiempo dormida despertara gracias a estar aquí, de camino, en su moto, con él.
Primero vamos a comer y luego me propone ir a un pueblo cercano en donde hay una feria. Dudo al principio —no pedí permiso para salir—, pero como nadie responde cuando llamo, decido aceptar. Me baso en la confianza que sé que mis papás me tienen.
—Me gustaría ganarme ese peluche de allí —digo, señalando un oso grande en uno de los juegos de tiro al blanco.
—Adelante —responde.
—Por si no te diste cuenta, lo dije para que lo ganaras por mí. Lo he visto muchas veces en películas; me parece algo romántico —sonrío.
—Si lo gano yo, será para mí —contesta en tono serio, haciendo una mueca de satisfacción.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Ya sé que lo dijiste para que lo ganara por ti, pero no es algo que funcione para mí. ¿Qué te parece si mejor te ayudo a que tú lo ganes?
—Eso no es nada caballeroso, Theo.
Me molesta su respuesta. Acaba de arruinar nuestro momento romántico.
—Bien, Coco. Digamos que yo tomo ese rifle, disparo y gano el peluche para ti.
Sí, sería algo sumamente romántico. Eso lo sé perfectamente.
Las personas suelen hacerlo. Pero si realmente quieres algo así, te propongo que tomes tú el rifle y yo te ayudo a disparar mientras te tomo por la cintura.
Será mucho más romántico y placentero para ti.
Eso también lo he visto en las películas que ve mi tía y Brisa, lo habrás visto tú también en algún momento —dice.
—Igual no es lo que esperaba —respondo, molesta.
Acaba de mencionar a su tía. Wow, tiene una tía . Pero me irrita más su actitud. Ni siquiera usa un tono dulce; más bien suena sarcástico. Me hace sentir como una tonta.
—Te quiero, Coco. Esa es la verdad. No sé cómo ni cuándo pasó, solo sé que pasó. Y ahora que tengo la oportunidad de que estemos juntos, me siento feliz… pero también necesito ser honesto contigo.
Hace una pausa.
—Si estás esperando una relación como las de las películas, con flores, cartas y todas esas cursilerías, puede que te decepcione, porque no soy ese tipo de persona.
O, al menos, no siempre. Quiero estar contigo, Coco.
De verdad. Sé que somos distintos. He tenido mucho tiempo para darme cuenta de eso, y también sé que hay cosas que puedo aprender y mejorar para que esto funcione.
Pero tampoco puedo mentirte ni prometerte cosas que no forman parte de quien soy.
Me mira directamente.
—Lo que sí puedo ofrecerte es mi amor, tal como soy. Te doy mi palabra y mis ganas sinceras de hacer que esto funcione. Te quiero, Coco. Te quiero más de lo que esperaba querer a alguien y mucho más de lo que imaginas. Pero tampoco voy a mentirte.
No sé qué decir. Acaba de decir que me quiere —dos veces—. Me quiere.
Tiene razón porque sí… él no es William.
Y tampoco quiero a otro William en mi vida.
Lo quiero a él. Quiero a este Theo.
Al Theo que se presenta tal y como es. Al Theo que dice que me quiere.
De eso estoy completamente segura. Especialmente porque he temblado con cada palabra, he volado con cada una de ellas.
—¿Entonces, Cosset? —pregunta.
Y por primera vez, veo preocupación en su rostro.
—Sí. Tienes razón. Esto es un error —digo, tragando saliva.
—Un error… —suspira y mira al cielo.
—Sí. Un error querer o pretender que hagas algo que siempre he sabido que no va contigo —sus ojos se cristalizan—. Es un error porque, con todo el ambiente y las parejas que hay, se me olvidó justamente lo que tú eres. Y eso es lo que me gusta de ti.
Su expresión cambia. Algo parecido a la felicidad aparece en sus ojos mientras permanece atento a mis palabras.
—Theo… te quiero. Y quiero estar contigo. Claro que quiero estar contigo. Solo tenme un poco de paciencia, porque creo que tengo todos los circuitos un poco cruzados —sonrío.
—Lo sé —dice, mordiendo sus labios y sonriendo—. Sabes, creo que tenemos que ir más despacio.
—No entiendo… ¿a qué te refieres con ir más despacio?
—A que, si intentamos correr sin aprender a caminar primero, nos vamos a caer. Y eso de que no usamos los mismos zapatos no nos ayuda en nada.
—¡¿Qué zapatos?! —me carcajeo.
¿De qué está hablando?
—Es una metáfora —ríe—. Me refiero a que somos diferentes.
—Es la primera vez que la escucho.
—Es la primera vez que la digo. Déjame, estoy nervioso —ríe.
Es tosco, tengo que aceptarlo. Pero es justamente eso lo que me gusta y me atrae de él.
Es como un niño grande que, cuando se permite relajarse, deja salir ese lado tierno que me tiene completamente embobada.
***
—Me divertí mucho —digo cuando finalmente me lleva a casa.
Tengo una sonrisa de oreja a oreja. Me siento feliz.
—Yo también me divertí mucho —responde con una sonrisa. Sé que está feliz, aunque intenta disimularlo—. Pero si sigues con esa risa, vas a terminar como el Guasón —bromea.
—Gracias, Theo —lo abrazo.
Él corresponde de inmediato.
—Gracias a ti… —me mira fijamente—. Va a sonar raro lo que voy a decir, pero eres lo más bonito que me ha pasado en mucho tiempo.
Es dulce al decirlo.
—Y tú a mí. Gracias.
Una parte de mí quiere que me bese, pero no lo hace.
—Bien, monstruito. Es hora de que entres a tu casa —dice, sujetándome de la mano.
—¿Monstruito? ¿En serio? ¿Esa es tu mejor muestra de cariño?
—Si lo intentas tú, verás que es un poco agradable.
Sonríe.
—De acuerdo, Monstruote.
Lo abrazo con fuerza —me da vergüenza— y suelto una carcajada que, de haber estado mis papás en casa, seguramente habrían escuchado.
—No, esa ya es ofensa —ríe.
—Claro que no. Es solo porque eres más alto.
Intento ponerme seria, pero no puedo dejar de sonreír.
—Lo sé. Estoy bromeando —responde con una sonrisa—. ¿Te puedo dar un beso? —pregunta.
Y ahora estoy en shock. ¿Por qué me lo pregunta?
Le correspondo. Es un beso tierno.
—Bien, es hora de que me vaya. ¿Seguro que no la quieres tú? —pregunta, señalando la pulsera que terminé ganando en uno de los juegos.
—Sí, llévasela a Brisa. Supongo que estará esperando que le lleves algo.
—Ni lo dudes. Ahora sí, entra a tu casa, por favor. No me voy a ir hasta que vea que ya entraste y estás segura. El pueblo es tranquilo, pero no hay ninguna casa cerca, así que más vale prevenir —dice.
Sí tenemos vecinos, pero con los pinos tan altos, pareciera que no. Se sienten lejanos.
Así que le hago caso y entro.
Mi corazón está latiendo a mil por hora.
¿Por qué es así de lindo?
Y ahora tengo una sonrisa que no puedo borrar. Recuerdo todo: cada momento, cada palabra. Es una emoción que no puedo controlar… y es hermosa.
Una sola cita ha bastado para saber que lo que hay entre nosotros es especial.
Amo la libertad que siento con él, la facilidad de hablar de todo un poco: desde cosas importantes hasta tonterías. Me da la tranquilidad de poder sonar como una tonta y, aun así, sentirme valiosa.
Me reta, debate mis ideas sin imponerme las suyas y me permite hacer lo mismo con él.
Es increíble todo lo que me hace sentir en tan poco tiempo.
Ni siquiera hacen falta besos o abrazos. Cualquiera que nos haya visto, fácilmente habría pensado que solo somos amigos.
Y eso es lo que amo.