Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

Mis papás siempre han dicho que hay historias que comienzan mucho antes de que te des cuenta.

Y creo que mi historia con Theo comenzó así. Mucho antes de que yo siquiera lo notara.

De camino a casa, hay tanta felicidad dentro de mí que quisiera gritar y saltar de emoción.

Es algo que no entiendo del todo, algo que me confunde, pero que me hace sentir bien.

Al mismo tiempo, me siento tonta. Llevo muy poco tiempo conociendo a Theo, pero hay una sensación persistente de que tenía que pasar, de que teníamos que conocernos, de que teníamos que reencontrarnos.

Es como si ese momento que tuvimos en la poza, cuando nuestras miradas se cruzaron, al fin tuviera una explicación.

No es solo amistad.

Es complemento.

Eso es lo que siento.

No estoy enamorada, lo sé. Pero lo quiero, y los sentimientos que tengo alcanzan para llenarme de alegría y de ganas de vivir nuevas experiencias.

Soy su novia.

Y es algo que me enorgullece, aunque también me hace dudar. Ha pasado muy poco tiempo desde que comenzamos a ser cómplices.

¿Sentirá él lo mismo?

¿Debí pensar mejor las cosas?

No lo sé.

Lo único que sé es que Theo siempre ha estado allí. Desde el principio.

Y entonces lo veo: detrás del rostro de William, el primer día, estaba él. El tonto que me chocó y no se disculpó. En la escuela, en la primera fiesta, en todo. Siempre estuvo allí y no lo noté.

¿Y si estoy equivocada? ¿Y si me estoy equivocando ahora?

Son tantas cosas sucediendo al mismo tiempo.

Entre lo que creo, lo que siento y lo que no entiendo.

Pero también sé que ese beso… ese beso.

No fue un simple beso.

Fue el beso.

Un beso que me da la sensación de que lo conozco desde hace toda una vida, pese a que, en realidad, no sé prácticamente nada de la suya.

—Coco, llegaste. Creí que llegarías más tarde —dice mi mamá apenas entro a casa.

Miro el reloj y apenas son las nueve y media.

¿Quiere decir que todo esto pasó en menos de dos horas?

—Sí —respondo, aunque no sé qué decir.

—Me comentó tu papá que tuviste una cita con un chico, pero que… ¿no es un chico? No entendí esa parte —dice con una sonrisa.

—Ah, es que… —No sé cómo explicarlo.

—Pero… ¿salió bien?

—¿Qué cosa?

—La cita con el chico.

—No. Gabriel es solo un amigo. Estuvimos poco tiempo… Oh, wow. Creo que nos fuimos incluso antes de que sirvieran lo que pedimos. Tengo que hablar con Susan sobre eso. Qué pena. Perdón, como te decía, es solo un amigo y no fue una buena experiencia —digo.

Me causa incluso gracia todo lo que pasó.

—Wow, eso suena a que fue algo extraño. Una cita incómoda.

—Sí, vaya que lo fue —digo con una sonrisa de oreja a oreja que no puedo evitar.

Pasaron tantas cosas.

—Me da gusto que, aunque no haya sido buena, la hayas disfrutado —dice, aunque sé que busca enterarse de algo más.

La abrazo.

—Feliz noche, mamá —digo, y subo a mi habitación.

No estoy lista para contarle aún. No cuando aún me siento una completa tonta por todo lo que pasó.

Cuando entro a mi habitación y vuelvo a ver la fotografía de William y el dije, algo es diferente.

Es como si, de repente, le agradeciera todo lo que viví con él, incluso que me haya dejado.

Porque, de no ser por eso, difícilmente tendría un gorro de Theo en mi habitación.

Es como si mi corazón quisiera darle las gracias por la felicidad que estoy sintiendo ahora.

Y solo por un segundo me siento culpable.

Pero no fue mi culpa lo que pasó con William. No fue mi culpa.

Entonces tiro la fotografía y el dije.

Susan, tranquila. Igual debo

darme la oportunidad de salir

con alguien que está mostrando

interés. No como otros.

Leo el mensaje que le envié cuando me cuestionó sobre mi cita con Gabriel.

Y ahora lo tengo claro.

Sé que no me refería a William cuando lo escribí.

Me refería a Theo.

Estaba hablando de Theo cuando lo escribí.

¿Cómo no me di cuenta antes?

¿En qué momento pasó?

Deja de pensar tanto

y mejor duerme.

Mensaje de Theo.

¿Cómo sabes que

estoy pensando?

Respondo.

Leo lo que acabo de enviar y ahora estoy avergonzada.

Obviamente pienso. Claro que pienso.

¿Qué va a pensar? ¿Qué soy capaz de estar sin pensar?

Bueno, también pudo haber asumido que estaba leyendo, viendo una película o jugando con Marcos.

No lo sabía. Solo que es mi situación,

y tenía la esperanza de no ser el único.

Responde.

Me quedo mirando la pantalla.

¿En serio estoy mensajeando con Theo? ¡No lo puedo creer!

¿Puedo preguntarte algo?

Tengo que aclarar mis dudas.

Claro, dime

¿Por qué me pideste

que fuera tu novia?

Tiemblo.

Tengo miedo. Miedo de que no me vaya a gustar su respuesta. Pero si algo aprendí con William es que prefiero una verdad que duela a un silencio vacío que solo me llena la cabeza y el corazón de dudas.

No voy a responder eso por mensaje.

¿Por qué no?

No sería muy maduro de mi parte. Creo que

hay cosas que es mejor decir en persona, sin

darle oportunidad a una mala interpretación.

Pero bueno, Cosset Challer Devon, creo que

es ya es hora de que duermas. Feliz noche.

Feliz noche.

No sé qué más decir.

No respondió mi pregunta, y eso deja una gran ventana abierta para imaginar cualquier cosa.

Pero tampoco quiero dudar. No ahora.

No después de que dijo que prefiere decírmelo en persona.

Sea lo que sea, sé que me lo va a decir.

El domingo comienza con un resfriado. Nada grave, solo esa pesadez en el cuerpo y la nariz un poco congestionada. Supongo que el frío que pasé ayer mientras me cambiaba me pasó factura.

Aun así, valió la pena.

El cielo está opaco, igual que el resto del cuarto. Las cortinas están entreabiertas y dejan pasar una luz tenue, azulada, que me hace querer quedarme bajo las cobijas.

Theo me escribió temprano y me sugirió que descansara todo el día. Me hubiera gustado verlo hoy, pero supongo que tiene razón.

Así que me quedo en pijama, acurrucada en la cama, sosteniendo una taza de té caliente que me trajo mi mamá. Veo series sin prestarles mucha atención y respondo, de vez en cuando, los mensajes que me manda Theo.

No son muchos, pero están ahí:

¿Tomaste algo?

¿Cómo sigues?

¿Tienes fiebre?

Ninguno es romántico.

No me dice nada sobre lo que pasó anoche ni me lanza un «te quiero». Aun así, me confunde. ¿Por qué otra razón se preocuparía si no le importara?

Estoy muy confundida.

Al menos sé que mañana lo veré.

No me importa que sea en la escuela y que vayamos a estar rodeados de todos. Nos veremos y tendremos que hablar sobre lo que sucedió.

***

—¡No lo puedo creer aún! —exclama Susan.

Me ha estado diciendo eso desde ayer. Ya me siento mejor, así que puedo compartir su entusiasmo. Aunque, al mismo tiempo, es la que más me llena de dudas.

¿Y si las cosas no van a ser tan increíbles como ella misma las percibe?

—Coco, ¡eres novia de Theo! —grita.

—Cállate, tranquila —quiero silenciarla, aunque yo también quisiera gritar, solo que no me atrevo—. Además, no he hablado con él. Ya ves que el sábado pasó todo tan rápido y luego se fue con Brisa.

—Pero me dijiste que te escribió ayer.

—Sí, pero solo para preguntarme cómo seguía. Más parecía mi doctor.

Susan se ríe.

—Sabes, anoche hablé con William. Me dijo que todo está yendo bien y me preguntó por ti.

Le dije que fue un tonto por haberte dejado y que ahora estás con Theo.

Me dijo que ya lo sabía, pero yo le aclaré que ahora estás en serio con él.

Creo que no le gustó y te sigue queriendo, pero tiene claro que está lejos —dice.

Sé que no lo ha mencionado con mala intención, pero no es precisamente algo que quiera saber, y mucho menos ahora.

—Prefiero no saber nada de él —digo—. Después de todo, tampoco es que hayamos quedado como amigos.

—Lo sé. Perdóname.

—William tuvo muchas oportunidades de aclarar todo y no lo hizo, así que ya no quiero hablar de él.

Ya no me interesa, Susan. Por primera vez, después de tanto tiempo, puedo decir tranquilamente que ya no me interesa.

Incluso si él aún sintiera algo por mí, yo tendría que ser muy tonta para volver con alguien que me trató como a un trapo.

Así que no quiero que me digas nada sobre él, por favor.

—Tienes razón. Lo siento. Discúlpame, por favor.

Susan sabe muy bien cuánto quise a William. Pero tampoco voy a permitir que siga hablando de sus sentimientos y menos ahora, que es cuando menos me interesa.

—Está bien, no te preocupes. Entiendo que es tu hermano y siempre será así, pero también entiéndeme tú a mí, ¿sí?

—Sí, está bien —sonríe—. Mejor dime, ¿besa rico?

Las risas vuelven.

—No voy a responder a eso —río.

Creo que mi mirada y mi risa bastan para que entienda que mi respuesta, sin necesidad de dar detalles, es un sí.