Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Mi papá siempre dice que hay instantes que pasan desapercibidos hasta que se convierten en recuerdos. Y es entonces cuando descubres lo valiosos que fueron.

Por alguna razón, tengo la sensación de que el día de hoy será aún más valioso de lo que imagino cuando se convierta en un recuerdo.

Theo tenía razón. Valió la pena.

Bueno… esta parte de estarme cambiando en un vestidor que claramente fue improvisado, no tanto. Especialmente porque estoy temblando de frío.

Susan me explicó que, en algún momento, planearon convertir esto en un centro turístico, pero, tras algunas disputas por el terreno, el proyecto quedó estancado. Desde entonces, se volvió algo «especial para los vecinos del pueblo».

—¿Ya casi sales? —pregunta Theo.

Por su tono, parece desesperado.

—No me presiones. Fue tu culpa que me metiera y ahora esté temblando de frío. Ya casi termino —digo, mientras mi mandíbula tiembla.

—Solo faltas tú.

Lo ignoro y me concentro en ponerme las medias y zapatos, lo último que me falta. Clara venía muy bien preparada; hasta calzado me prestó. Por suerte, calzamos lo mismo. Y hay dos opciones: o ella tiene el pie muy grande o el mío es pequeño.

—Coco, ¿te falta mucho? —insiste nuevamente.

—Vete si quieres, yo los alcanzo.

Lo último que quiero es que me presione.

—Claro que no. ¿Cómo te voy a dejar sola? Yo te espero, pero apúrate, por favor, querida tortuguita.

Y ahí está otra vez, llamándome con apodos. Si hay un defecto que ya le estoy notando, es ese: al parecer, le encanta ponerme sobrenombres. Es el segundo del día. Ya pasó por «Monstruito» y ahora soy «tortuguita». ¿Qué le pasa? A todos los demás les llama por su nombre… y ya.

—Podrías decir algo más cortés y no llamarme Monstruito o tortuguita —digo mientras salgo del vestidor.

Estoy completamente abrigada, pero todavía tengo el cabello mojado, lo cual no ayuda. Se supone que no debía mojarlo, pero la emoción me ganó. Clara se lo mojó cuando la tiré al agua y los demás, de una u otra manera. Pero ellos están más familiarizados con esto que yo.

—No lo digo para molestarte —se ve preocupado—. Ven, déjame ayudarte a entrar en calor —dice, y me abraza.

Es un abrazo extraño, pero beneficioso.

—Creí que estabas exagerando, pero estás muriéndote de frío. En verdad que eres friolenta —se burla.

—Fue tu culpa —lo alejo.

Lo único que deseo ahora es llegar a mi auto y poner la calefacción. Él parece divertido.

—Coco, espera. Ya sé que tu abrigo tiene gorro, pero ponte este también —se quita el suyo y me lo da.

—No, no hace falta.

—Yo he vivido aquí toda mi vida. Este es mi clima. Me gusta.

Tengo tanto frío que no discuto y lo acepto. No sé qué tan buena idea sea ponérmelo con el cabello mojado, pero ayuda, aunque no estaba seco del todo.

—Theo, ¿puedo saber por qué a mí? —pregunto.

Aprovecho que no hay nadie cerca.

—¿Por qué a ti qué? ¿Te di el gorro? Bueno, porque es evidente que tienes frío.

—No, no hablo de eso. ¿Por qué me elegiste en la fiesta para pretender que era tu novia? —Veo a Karla a lo lejos.

Desde que llegó ha fingido que no nos ve, pero más de una vez la sorprendí observando a Theo.

—¿Puedo mentir y decir que porque eras la chica más interesante de toda la fiesta?

—No, no puedes.

—Es fácil: eras la única chica a la que Karla no conocía, sabía que habías terminado con el señor bien portado y te veías incómoda. ¡Fuiste presa fácil!

Ríe.

No es la respuesta que esperaba, pero me gusta. Me gusta su sinceridad. No miente para quedar bien, tan solo es él.

—¡Hey, allí están! —exclama Gabriel.

Nos saluda a los dos.

—Creo que llegaste un poco tarde —bromea Theo.

—Lo sé, pero vine en cuanto pude. Te estaba buscando a ti —dice, colocando su brazo sobre mi hombro.

—¿A mí?

No lo esperaba.

—¿Te gustaría salir conmigo hoy? —pregunta.

Veo a Theo, y creo que ninguno de los dos entiende qué está pasando.

—No voy a poner en riesgo lo de ustedes. Jamás permitiría que Karla se entere —aclara.

—¿Tú qué piensas, Theo? —pregunto.

—No me lo tienes que preguntar a mí. Es a ti a quien está invitando —responde con toda tranquilidad.

¿Acaso no le importa que Gabriel me esté invitando a salir?

—¿Y entonces? ¿Qué dices?

—Yo ya me voy, para darles su espacio —dice Theo—. ¿Te veo luego? —me pregunta.

—Sí, te veo luego.

Me quedo como tonta.

¿Por qué me está dejando sola con Gabriel?

—¿No te parece buena idea? —pregunta Gabriel nuevamente.

Observo cómo Theo se sube a su moto y se va sin dudarlo ni un momento.

—Sí… sí, está bien.

Después de todo, ¿qué podría pasar?

—Solo que primero tengo que ir a mi casa —digo.

—¿Está bien a las ocho? ¿Es suficiente tiempo para ti? ¿Quieres que pase por ti o prefieres llegar tú?

Veo el reloj. Son casi las seis. Llegamos a la poza como a las dos.

—Sí, me parece bien. Yo llego.

—Te escribo entonces. Te veo más tarde.

Me despido con amabilidad, pero sigo sin entender qué es todo esto.

Durante la semana hablamos más; incluso el martes y el jueves, cuando Theo no llegó, Gabriel se sentó conmigo durante el almuerzo. Pero de eso a que me haya invitado a salir… me deja un poco confundida.

***

—Hola, papá —saludo apenas llego.

Todavía tengo el cabello húmedo y lo único que quiero es bañarme rápido, secármelo bien y meterme a la cama.

¡Oh! Tengo la cita con Gabriel.

—Hola, ¿cómo te fue? ¿Esa no es tu ropa, o sí? Nunca te la había visto.

—No, es de una amiga. Me la prestó porque mojé la mía —le enseño la bolsa plástica donde llevo mi ropa—.

Sabes, fui con unos amigos a una poza de aguas termales…

aunque más que poza, parece una piscina porque es grande.

Tenemos que ir un día. Lo único malo es que los vestidores son improvisados, así que uno tiembla mientras se cambia —río.

—Sí, algo he escuchado. Tenemos que ir —responde desde la cocina.

—¡¿Qué estás haciendo?! —pregunto, divertida al verlo con una paleta en la mano.

—Tu mamá me dejó cuidando el pastel de zanahoria. Y tú sabes… con lo distraído que soy, si me muevo de aquí, lo olvido y se quema.

Me río.

—Te veo muy sonriente. ¿Es por algún chico? —bromea.

—Creo que es solo que… estoy tomándole cariño a este pueblo por mí misma.

—Te lo dije. Sabía que te gustaría después de todo.

—Sí, la verdad es que…

Recibo un mensaje justo en ese momento.

Recuerda que hoy tendremos

nuestra primera cita.

Es Gabriel.

Lo tengo presente.

Respondo.

No me vayas a dejar

plantado, por favor.

Me río. Claro que no lo voy a dejar plantado… aunque sigo sin entender en qué momento se me ocurrió decirle que sí. Apenas hemos hablado. Saldré con un desconocido, básicamente.

—Sería bueno que me compartieras de qué te ríes, para reírme yo también —dice papá, sin despegarse del horno.

—Fue un mensaje chistoso que me envió Susan —respondo sin pensarlo mucho.

No quiero contarle lo que pasó con Gabriel. No porque sea un secreto, sino porque… no sé si tiene sentido. Tampoco quiero cometer el mismo error que cometí con William: contar todo desde el principio. Vi cómo ellos sufrieron cuando yo sufrí.

No quiero que pasen por eso otra vez. Y mucho menos por alguien que ni siquiera significa nada.

—Sabes que eso no es cierto —dice sonriendo, sin mirarme—. Y hace unos minutos dijiste que no hay ningún chico. Eso quiere decir que me estás mintiendo.

—Papá, dije que estoy aprendiendo a querer este pueblo por mí misma. Nunca dije que no había un chico.

Mi propio comentario me descoloca.

¿Por qué dije eso?

—Creo que ni tú misma sabes bien lo que estás diciendo —me señala con la paleta que tiene en la mano—. No entiendo por qué no me dices que hay un chico y ya.

—Es que… no lo hay. Y no entiendo a qué te refieres.

De verdad, me confunde.

—Está bien, olvídalo —dice, sin insistir.

—Igual… quería pedirte permiso. Voy a salir con Gabriel.

—¿Me estás pidiendo permiso o solamente me estás avisando? Además, ¿quién es ese Gabriel? Acabas de decir que no había un chico.

—Es solo un amigo, no un chico. Y te estoy pidiendo permiso. Con la confianza de que me dirás que sí.

—Vuelves a las once. No quiero que tu mamá se desvele.

—Gracias, papá —le sonrío.

Pero la sonrisa me sale rara, como si ni yo misma pudiera creer lo que estoy diciendo.

Acabo de enredar a mi papá con algo que ni yo entiendo.

Claro que Gabriel es un hombre, pero no hay ningún chico o… ¿acaso sí hay un chico?

Pienso en eso mientras subo a mi cuarto.

Y cuando entro a mi habitación, estoy más confundida que antes.

En el escritorio veo la fotografía con William, junto al dije que me regaló. Lleva meses ahí, siempre cargada de algo: dolor, nostalgia, enojo… algo.

Pero ahora…

Nada.

No se mueve ni una emoción.

Es como si el agua tibia de la poza hubiera arrancado de mí lo que sentía por él, como si me hubiera limpiado por dentro.

Claro que lo recuerdo; no hace mucho teníamos una historia y sentía que lo amaba.

Es solo que, después de la pesadilla, parece que algo cambió.

Y… el gorro de Theo me provoca una nostalgia que no sé explicar.

Tal vez es solo que, después de un mes, las cosas han tomado otro sentido.

Justo ayer se cumplió un mes desde que terminamos y una semana desde que se fue.

Me llega un mensaje de Susan:

Me acabo de enterar de que

tendrás una cita ¿Estás loca?

¿Qué te pasa?

Le respondo de inmediato:

¿Qué tiene de malo?

Recién hoy me enteré de que sabe que no estoy con Theo, así que es liberador poder hablar con ella de esta forma.

No lo sé, es solo que creo

que tú sabes la respuesta

a eso.

Susan, tranquila. Igual debo

darme la oportunidad de salir

con alquien que está mostrando

interés. No como otros.

¿Por qué escribí eso? ¿Otros?

Ya entendí la indirecta. Igual,

si lo piensas bien, estaré en

primera fila

Estoy segura de que se carcajeó cuando escribió ese mensaje.

Pero ahora soy yo quien está confundida.

No estaba pensando en William cuando lo escribí…¿O sí?

Aunque si no lo dije por él, ¿entonces por quién?

¡Estoy loca!

Creo que mi subconsciente me traiciona.

Y cuando leo el mensaje de Gabriel diciéndome el lugar —el restaurante de los papás de William—, no sé qué pensar. Es más, hasta tengo ganas de cancelar, pero tampoco voy a hacerlo.

Es hora de que avance.

Me visto casual; no pretendo exagerar. Aun así, estoy nerviosa.

Y, siendo sincera, tengo muchas ganas de no ir. Pero Gabriel me pidió que no lo dejara plantado y no lo voy a hacer.

Además…

¿Qué puede pasar?