Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

El camino hacia la poza es lindo. El paisaje se está preparando para el invierno, pero aún quedan rastros del otoño. Y una parte de mí, al pasar por el comedor al que solía ir con William, siente como si nuestra historia se estuviera yendo con la estación.

Cuando llegamos, me sorprende ver a bastantes personas. En mi inocencia, creí que éramos solo nosotros, pero no. Hay medio salón allí, e incluso está el novio de Susan —se hicieron novios esta semana—. Ahora entiendo por qué terminó aceptando.

Se aleja de mí apenas lo ve.

Pero no es eso lo que me sorprende, sino el hecho de que muchos están usando traje de baño. No soy tonta: leí en el letrero que es un lugar de aguas termales, así que está claro que el agua está caliente, pero no creo que lo esté tanto como para estar un minuto afuera de ella en traje de baño.

—El agua se ve genial —dice Susan mientras se acerca de nuevo. Comienza a quitarse todo lo que trae encima. Vino preparada. Su novio hace lo mismo—. ¿Te metes con nosotros?

Prácticamente corre al agua. Algo obvio, con el frío que hace.

¡Están locos!

—¿Vienes? —me pregunta Javier.

El novio de Susan.

—Sí, luego los alcanzo —digo solo para salir de paso.

—Nos alcanzas entonces —dice. Al menos él se ha quedado con una playera. Aun así, también corre al agua.

Ni loca me hacen meterme al agua. Y menos con el frío que hace. No, no, no gracias.

Además, tampoco es que tenga un traje de baño debajo, como claramente lo tenía Susan. Prácticamente es una fiesta alrededor de la poza, y es que tampoco les queda otra alternativa: entre más cerca estén, menos frío sienten.

Igual me sorprende la manera en que se meten. Tratan la poza como si fuera una piscina común.

—¿Tú también te vas a meter? —pregunta Theo, acercándose.

Está usando una chaqueta negra de cuero —tenía bastante tiempo de no verlo con ella—, y un gorro.

—No, gracias. No suelo ser muy amiga de nadar en medio del bosque y con frío. Y menos en traje de baño.

Se ríe y no sé por qué.

—¡Ahí están! Perdón, se nos hizo tarde —dice Clara—. Gabriel no pudo venir, tuvo algo que hacer de última hora. ¡Ay, Coco! Quítate al menos el abrigo y acércate un poco a la poza. Verás que es una linda experiencia y ni se siente tanto frío.

Prácticamente me hala, y me hace quitarme la chaqueta.

—Trajimos estas sillas. Puedes sentarte allí si quieres —me ofrece Bruno.

Creo que se siente avergonzado por lo que sabe que me hizo Clara. Especialmente porque mi primera reacción es encogerme por el frío.

Termino aceptando que tenían razón: al acercarme, ya no se siente tanto el frío. El vapor que sube del agua funciona como calefacción. Aun así, no entiendo del todo cómo pueden estar en traje de baño.

—¿Estás segura de que no te quieres meter? —pregunta Theo.

Ha comenzado a quitarse todo también. Al igual que Clara y Bruno.

¿Qué le pasa a esta gente?

—Sí. Aquí estoy bien.

—¿Segura? Yo tengo ropa extra y toallas por si cambias de opinión —dice Clara.

Bruno ya se ha lanzado.

—Segura, gracias —digo, y me siento muy tranquila a observar a todos.

No hay señal, así que coloco mi celular a un lado.

Theo me lanza una mirada de reojo, y eso basta para ponerme nerviosa. Luego comienza a quitarse la camisa, lo que me pone aún más nerviosa. Debajo lleva una playera térmica negra, ajustada, que deja ver cada línea de su cuerpo.

Ya lo había visto antes, pero nunca tan de cerca.

—Vuelvo por ti en unos dos minutos —dice, muy sonriente, y se lanza a la poza.

¿Cómo? ¿Qué fue lo que dijo?

¿A qué se refiere con que vuelve por mí en dos minutos?

Todas mis preguntas son resueltas justamente dos minutos después.

—Clara, dijo que tiene ropa extra —dice, y ahora estoy asustada—. Esto es algo que debes vivir, Cosset Challer Devon —agrega.

Cuando reacciono, ya me tiene cargada en sus brazos.

—Aún no hay tanto frío, así que será una gran experiencia. Te lo prometo.

Me carga como si fuera un costal de plumas. Me encantaría decir que soy delgada, pero no. Mi complexión es mediana y, aun así, parece que para Theo no peso nada.

—Si no te quieres meter, dímelo y te bajo. Pero si es por lo del traje de baño, que supongo que no trajiste porque no veo ningún bolso tuyo, esta es una excusa perfecta. En invierno dudo mucho que quieras venir. Solo intenta no mojarte mucho la cabeza —me dice con voz suave.

Me quedo callada. No estoy convencida de no querer meterme, pero tampoco de hacerlo. Y cuando finalmente estoy a punto de responder, caigo al agua con él.

Ahora entiendo por qué Clara me hizo quitarme el abrigo.

Todos se ríen.

El agua está deliciosa y lo agradezco. Es una experiencia hermosa.

—A ver, déjame acomodarte el pelo —dice Theo.

Me ayuda a apartarlo de mi cara; con el salto quedé completamente despeinada.

—¿Estás bien? ¿Te quieres quedar o te ayudo a salir? No quiero incomodarte.

Está muy cerca.

—Sí, sí, todo bien. Me voy a quitar los zapatos —digo, alejándome un poco.

Mi corazón está latiendo bastante. Supongo que fue el susto.

—Coco, ven a ver por aquí —me llama Clara.

Recién me quito los zapatos, voy con ella.

Estoy completamente vestida, pero no me molesta.

La tarde resulta mucho más agradable de lo que imaginaba. Estar en la poza es una experiencia hermosa. Tengo que decirles a mis papás que vengan, o traer a Marcos.

Había visto experiencias similares en Alaska. Obviamente, esto no se compara, pero se le parece un poco. Solo que aquí no se te congela la cabeza… o, bueno, quizás eso suceda en invierno.

Por lo demás, me da gusto que sea un momento en el que todos podemos hablar.

Bueno, ellos hablan y yo trato de escuchar.

Theo no es tan parlanchín como creí. Es decir, habla, pero también sabe callar.

Y me sorprende enterarme de que ninguno de ellos tiene vicios.

Al contrario, por el tipo de conversaciones que tienen, puede que sean más sanos que muchos que parecen serlo y no lo son.

Ninguno es vago ni vicioso. Más bien, es una etiqueta que les colocaron por culpa de algunos de sus otros compañeros que sí lo son. Clara es quien aclara eso con un comentario.

—Es que es así. La mayoría siempre ha creído que ustedes son los chicos malos del pueblo —agrega Susan.

Si alguien sabe lo que pasa en el pueblo, es ella, que trabaja en el restaurante más concurrido del pueblo.

—Mira quién viene allí —dice Bruno, señalando a Karla.

Lo dice con discreción, pero alcanzo a escucharlo.

El gesto de Theo cambia y se acerca un poco más a mí. No hace falta que diga nada; sé que le molesta verla allí.

—¿Todo bien?

No sé qué más preguntar.

—Todo bien, pequeño Monstruito.

Parece que decirlo lo relaja. Es la primera vez que me llama así.

—¿Qué les parece si jugamos a las luchitas? —chapotea Clara, muy emocionada.

No le preocupa en lo absoluto mojarse la cabeza. Ni tampoco mojarnos a los demás. Aun así, todos estamos de acuerdo.

—Bueno, novia mía, te toca conmigo —dice Theo, y me hala hacia él para que me suba a sus hombros.

La idea, después de todo, no me parece muy buena. Tengo la ropa puesta, pero está mojada y el clima fuera del agua no es precisamente cálido. Además, supongo que debo pesar más de lo normal, aunque a Theo parece no importarle. Intento resistirme por un momento, pero entonces veo a Karla.

Está observando a Theo.

Y eso es suficiente para que cualquier negatividad de mi parte desaparezca.

—Está bien, me subo, pero prométeme solamente una cosa —digo.

Nunca he jugado a las luchitas y Clara se ve bastante emocionada.

—Sí, dime.

Sonríe.

—Que te vas a parar bien y tendrás cuidado de no tirarme. Estos dos —señalo a Bruno y a Clara— están extasiados con la idea de tirarnos.

—Lo prometo.

Parece divertirse con mi petición.

—¿Seguro?

—Sí, seguro.

—¿Promis, promis?

—¿Qué es eso de «promis, promis»?

Hace un gesto extraño.

—Es para asegurarme de que realmente lo estás prometiendo.

—Ya te dije que lo prometo. Tendré cuidado. Además, no estamos en un rascacielos como para que te preocupes tanto.

Sonríe.

Su gesto me causa mucha gracia. No va a decir «promis, promis», pero parece confiable.

Estar sobre los hombros de Theo me provoca una descarga de adrenalina, a pesar de que el frío se siente todavía más por el aire helado. Comienzo a halar a Clara con todas mis fuerzas.

¡Quiero ganar!

Y, por un instante, no puedo evitar pensar en William.

Pero cuando Clara finalmente cae al agua y ganamos, algo dentro de mí se desconecta.

Theo me baja y comenzamos a celebrar de una forma que incluso a mí me sorprende. Y sé que a él le pasa exactamente lo mismo.

Por un instante, solo por un instante, nuestras miradas se cruzan, como si los dos tuviéramos la misma idea, como si estuviéramos pensando lo mismo.

Es algo completamente distinto a todo lo que he vivido antes. No sé cómo explicarlo, pero sí puedo sentirlo.

¿Es esta la definición total de ser amigos? ¿De ser cómplices?

—Hacemos buen equipo —dice, un tanto inseguro.

Sé que él sintió lo mismo.

—Sí, eso parece.

Sonrío y él me corresponde.

Entonces Bruno lo sumerge en el agua en un juego de revancha y consigue que nuestro pequeño momento se disperse por completo.