Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

¿Cómo olvidas a alguien que no quieres olvidar?

¿Cómo le haces para dejar

atrás a quien no quieres que se vaya?

Extraño mucho a William. A pesar de que ya no estamos juntos, no es fácil darle vuelta a la página. El vacío que ha dejado es muy notorio, tanto que no termino de comprender cómo es posible que me sienta tan mal por ya no estar con alguien que ni siquiera conocía hace unos meses.

Y la única palabra que se me ocurre es esa: lo extraño.

Sigo pensando en por qué le dijo al profesor de Arte que estaba en la enfermería, pero no le encuentro una explicación. Quizás, si se atreviera a buscarme para darme una respuesta, lo entendería y las cosas podrían ir mejor.

¿Lo perdonaría? ¿Regresaría con él?

Me lo sigo preguntando una y otra vez.

Qué ilusa Coco. Sabes que eso nunca va a pasar.

—En algún momento tendrás que recoger esos pedazos —dice Theo.

—¿Qué pedazos?

—Los de tu corazón —responde, mientras le quita el envoltorio a su hamburguesa y comienza a comérsela—. Apostaría lo que fuera a que estabas pensando en él.

Es miércoles y, como lo acordamos el lunes, estamos almorzando juntos.

—Lástima que esté lloviendo —digo—. Aunque lo agradezco, porque hace bastante frío y, gracias a eso, nos quedamos aquí adentro.

No quiero hablar sobre mi corazón con él. No aún. Y tampoco tengo ganas de darle la razón.

—Sinceramente, creo que tú eres más friolenta de lo normal. Diferente fuera, si estuvieras en Canadá o Alaska. No sé cómo vas a hacer cuando comience la verdadera época fría.

Lleva molestándome con eso desde la mañana. Hoy he aprendido más sobre el clima del pueblo que de Física. Es de lo único que hemos hablado, gracias a que el profesor estuvo bastante relajado.

—¿Me vas a contar sobre ella? Digo, tú sabes mi historia, me gustaría saber la tuya.

—Sí, no tengo problema —responde.

Ni se inmuta. Sigue comiendo su hamburguesa y papas como si nada.

Solo lo observo. Estoy esperando que comience.

—¿Ahora? —cuestiona.

—Sí.

Voltea a los lados y bebe un sorbo de agua para terminar de tragar.

Otra cosa que he observado de él es que solamente toma agua. William, en cambio, ama las gaseosas.

—Conozco a Karla de toda la vida. Estudiamos juntos y, desde los quince, fue mi novia —habla en tono bajo, lo justo para que solo yo lo escuche—.

Nuestra relación, pensándolo bien, nunca fue buena.

Pese a eso, siempre hablamos de que, al cumplir la mayoría de edad, nos íbamos a casar —le da una mordida a su hamburguesa y se detiene.

Me urge que se la termine. Me frustra no saber si le duele o si, simplemente, su hamburguesa está tan deliciosa que por eso hace pausas en donde no debe.

—¿Y entonces qué pasó?

—Las cosas no salieron bien. Aquí hay papas, si quieres —dice mientras me acerca su bandeja.

—Gracias.

Agarro una. Quizás si le ayudo a comer, me cuenta con menos pausas.

—Pero ¿por qué? ¿Y por qué dices que nunca fue una buena relación?

—Porque terminábamos cada quince días y regresábamos a la semana.

—¿Y entonces qué pasó? Lo pregunto porque ya han pasado varios años y dijiste que tu novia se fue. ¿Cuándo fue eso?

—Mmm… —Al fin ha terminado su hamburguesa.

Ahora está recogiendo todo. Oh, faltan las papas—.

Quizás es algo que me cuesta explicar porque me parece hasta ridículo.

Fue mi novia desde los quince hasta que ella se graduó.

Un día nos fugamos juntos —hace un gesto irónico, como si lo que hizo le pareciera absurdo—.

Luego tuvimos un problema con Benjamín —el chico que robó en la escuela hace unos meses, lo recuerdo bien—. Ella se quedó con él y yo regresé solo.

—¿Ella recién regresa?

Mastica una papa con la boca cerrada y me ve fijamente.

—¿Acaso eres de la CIA? Suficientes preguntas por hoy. Yo no suelo preguntarte mucho sobre tu relación con el señor bien portado.

—Eso no es cierto —le robo una papa.

Aunque sé que tiene razón.

Hace una mueca. Supongo que es una sonrisa, pero no me ha dejado ver otra como en la fiesta.

—Sabes que sí, solo que no quieres darme la razón.

Adivinó.

—¿Cómo es que siempre sabes lo que pienso? No es que llevemos mucho tiempo compartiendo juntos.

—Es fácil, tienes subtítulos en la cara y yo sé leerlos. Por qué, eso sí, ya no lo sé. Además, a veces también piensas en voz alta. ¿No te gustó? —señala mi comida.

Casi no he comido. Son vegetales que mi mamá preparó.

—No mucho. Pero dime, ¿cómo es eso que pienso en voz alta?

—Balbuceas sin darte cuenta. El lunes, por ejemplo, tenías muchas dudas de por qué uso solo lapicero azul. Eso lo dijiste entre balbuceos. No creo que te vayas a comer eso —dice con su gesto serio.

Ahora está preocupado por mi comida.

—No, yo creo que no.

Por alguna razón, me río de la situación. Especialmente porque tiene razón. Los vegetales están horribles.

—Son pocas, pero es mejor que te las comas tú. Es mejor poco que nada —dice, colocando las papas que quedan en mi bandeja. Son quizás unas seis, aunque ya he comido unas cuantas más—. Ya vuelvo, voy a tirar esto.

Suele ser bastante limpio. William, en cambio, es un tanto desastroso.

Regresa y tiene una mirada de desaprobación.

—Me dan pena esos vegetales. La próxima vez, mejor no los traigas y trae dinero para comprar algo que sí te vayas a comer —sugiere.

Lo dice con un tono que me confunde. ¿Me está regañando? ¿Me está criticando? ¿Me está dando un simple consejo? ¿O está preocupado?

Supongo que es la última opción, porque espera a que termine y me ayuda.

Justo suena el timbre para ir a clases. Me quedo tranquila sentada mientras veo a los demás apresurarse por los pasillos. Me toca Arte, así que tampoco es que me emocione mucho.

—¿No piensas ir? —pregunta.

—Sí, claro que sí. Ya falté el lunes, así que ya no puedo faltar.

Me levanto y comienzo a caminar.

—¿Te veo luego? —pregunto.

No sé, me gusta hablar con él.

—No, no lo creo. Ya terminé por hoy y tengo algo que hacer después.

—De acuerdo, te veo el viernes entonces.

—Creo que vengo mañana también. Te aviso si quieres.

Usualmente solo viene a clases los lunes, miércoles y viernes para la clase de Física.

—Theo… —digo antes de que terminemos de despedirnos.

—¿Dime?

—Gracias por alimentarme, estoy muy agradecida —bromeo.

Y finalmente me deja ver su risa nuevamente.

—Solo fueron unas papas.

—Lo sé, pero lo agradezco. Y gracias también por no dejarme sola.

Me he puesto sentimental.

—Somos amigos, eso hacen los amigos —responde y se va.

Echo a correr, estoy un poco atrasada para mi clase.

Una llamada de atención de parte del profesor por llegar cinco minutos tarde me recibe apenas entro al salón. Me disculpo rápidamente y busco mi lugar.

No tardo mucho en notar que William no está. Estamos en el mismo grupo, junto con otros tres compañeros.

Siento alivio, porque ha sido mi tortura desde que terminamos, pero tampoco puedo evitar preocuparme por que no haya venido. William no es el típico chico que falta a clases por cualquier cosa.

Volteo para ver a Clara, pero está concentrada con su cabello y Susan, al parecer, ha encontrado interesante a uno de sus compañeros de grupo.

—Estoy muy, pero muy molesta contigo, Coco —dice Susan, aprovechando que el profesor salió al baño—. Desde que estás de novia con Theo no me hablas tanto como antes. Y no nos has querido contar nada.

Me causa gracia la manera en la que me lo dice. Se supone que solamente tengo tres días de «novia» con Theo, como para que me haga ese drama.

—Eso no es cierto —respondo.

Husmeo para ver si está la mochila de William.

Fácilmente podría estar en el baño, pero no.

—Solo bromeo. Están comenzando, así que eso es normal. Hacen una bonita pareja, aunque tú te ves diminuta para él.

—¿Diminuta?

—Bueno, no tanto, pero es que Theo es más alto y corpulento que William. Se ven tipo La Bella y La Bestia, solamente que en esta ocasión la Bestia ya tiene la apariencia de guapetón.

William. Mencionó a William.

Me contengo para no preguntarle por él.

—¡Qué mala eres! Theo es bastante agradable, no tiene nada de Bestia.

—Sí, lo sé perfectamente. Por si no recuerdas, fui yo quien te dijo eso al principio y tú no me creías. Por eso, pienso que es Bestia. A Bella le daba miedo al principio, pero después de que lo conoció vio que era muy agradable. ¿O no te pasó así?

—Sí, tal cual. Y sí, es cierto, lo había olvidado por completo.

—Aún no puedo creer que estés de novia con Theo.

Se ve un poco confundida, pero tiene un gesto que me deja claro que es sincera y que le da gusto.

—No, yo tampoco —intento disimular.

Sé muy bien que Theo y yo no somos novios, y no me gusta saber que le estoy mintiendo a Susan. Aunque tampoco me disgusta del todo que lo crea, especialmente porque, de cierta forma, creo que ella también ha sentido un respiro a la situación y ya no se siente culpable por lo que William me hizo.

En el fondo, ella también estaba siendo afectada. Supongo que es la razón por la que no preguntó cómo es que estoy saliendo con alguien tan rápido después de haber terminado con William. Esa es la pregunta que más me aterraba y, por suerte, la que nadie me ha hecho.

Después de clases, ya no vi más a Theo, ni siquiera cuando pasé por Marcos a su entrenamiento.

Y el mejor plan que tengo ahora es continuar con las tareas que tengo pendientes y que dejé acumular por estar llorando como tonta por William.

Aún tengo algunos días para terminarlas y entregarlas a tiempo, aunque eso signifique más trabajo.

Me cuesta concentrarme.

No puedo dejar de pensar en las muchas razones por las que William no fue a la escuela, desde cosas tontas hasta temas más delicados.

Te extraño amiga,

me siento sola

Mensaje de Susan.

Y ahora sí, me comienzo a preocupar.

¿Sola? ¿Por qué se siente sola? Hoy la vi y no se veía sola.

Me apresuro en responder, pero tampoco quiero sonar desesperada o loca. Ella siempre se ha llevado bien con William. Su dinámica es funcional, así que no tiene lógica que me escriba a mí para decirme que se siente sola cuando sé que William está con ella.

Yo también te extraño,

pero no tienes por qué

sentirte sola

Escribo.

Me responde inmediatamente.