Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

—¿Ahora sí me vas a decir todo? —cuestiona Susan.

Recién vamos saliendo a almorzar, y aprovecha la primera oportunidad que tiene para hacerlo.

Clara está con ella, y ambas me miran con una expresión de interés que me incomoda.

—Creí que ya habías desertado —digo.

—Conoces a Susan, sabes que no. Y eso que aún no he comenzado yo —agrega Clara.

Lo siento como una amenaza. Las quiero, son mis amigas, pero no estoy lista para contarles la situación.

—Exacto —asiente Susan.

—Es que realmente no sé qué contar —sigo caminando, aunque desearía poder correr o volar.

—Todo. ¿Cómo comenzó? ¿Cómo se dieron las cosas? ¿Desde cuándo? Ninguna de las dos te hostigó el fin de semana, porque necesitamos escucharlo en persona. Y al menos yo, ¡estoy loca por saberlo! —exclama Clara, con ojos brillantes de curiosidad. No va a parar hasta que les diga algo.

—Les prometo que les voy a contar todo, pero no hoy. Theo me está esperando y no quiero quedarle mal. ¿Está bien? —les pregunto con algo de preocupación, no quiero hacerlas sentir excluidas.

—Sí, sí está bien. Es más, hasta mejor —responde Susan.

—Tendrás más contenido para chismear —completa Clara.

Me alejo de ellas de inmediato. Tengo el corazón en la mano. Me siento mal por no poderles decir nada. Ellas no tienen la culpa.

Tampoco quiero ver a Theo, especialmente después de que le dije que no iría, pero es mi única opción.

No hay otro lugar al que pueda ir en toda la escuela para escapar del radar de mis amigas.

Quizás podría esconderme en los baños, pero estoy segura de que, de hacerlo, tarde o temprano se terminarían enterando de que no fui con Theo, y entonces tendrían más preguntas.

—Dijiste que no —dice Theo, apenas me ve.

Está haciendo estiramientos.

Si hay algo que me recuerda que no es William, es justamente su falta de amabilidad. Tan fácil que era que me dijera «hola», y ya.

—Creo que puedo cambiar de opinión o ¿no?

Sonríe, es una sonrisa extraña.

—Sí, puedes. Solo que ya me comprometí a jugar, así que, si está bien por ti, puedes quedarte a ver el partido.

No digo nada. Simplemente me siento. Saco una manzana y comienzo a comérmela.

No me gusta el fútbol y no puedo usar el celular, así que en menos de cinco minutos ya estoy completamente aburrida y tiritando de frío.

No entiendo cómo puede jugar llevando solo un gorro en la cabeza con este frío y en un campo tan sucio.

—¡Iré a mi salón de una vez, te veo luego! —digo.

Asiente la cabeza, pero está claro que no le interesa. Está concentrado en el juego. Y ahora sí me siento una completa tonta, no sé qué estoy haciendo aquí, no le importa si me quedo o no. No sé qué es lo que estoy haciendo, en general.

No me gusta sentirme ignorada y tampoco puedo ir a buscar a Susan o a Clara para hablar.

No sin que me pregunten sobre Theo, y ahora estoy tan molesta que no diría nada bueno.

Y si me preguntan por lo de la fiesta, tampoco es algo de lo que quiera hablar.

Especialmente porque temo más que yo misma termine preguntándoles otra vez por William.

Jamás creí que me haría esto y me dejaría tan sola.

—¡Coco! —exclama Theo, se sale un momento del juego para hablarme, pero se nota que sigue pendiente de lo que pasa en el campo—.

Yo te busco cuando termine el partido. Igual si te quieres quedar para vernos jugar, sabes que puedes hacerlo.

Y si es porque tienes frío, tengo una manta en mi bolso, la puedes tomar.

Como si tuviéramos tanta confianza, ni sé cuál es su bolso.

—Gracias, pero no hace falta. Olvidé que tengo una tarea pendiente. Así que voy a aprovechar el tiempo para hacerla.

—Está bien, pero no olvides que puedes buscarme cuando lo necesites —agrega y vuelve al juego como si nada.

Es su tono de voz lo que me confunde. ¿Está siendo amable o no? Me desconcierta. En la fiesta fue fácil notar que lo fue, ahora, no tengo ni la menor idea.

Rumbo al salón, veo a William sentado en el mismo lugar de siempre, junto a sus amigos. Sigue como si nada. Me siento como en el primer día que llegué a la escuela. La diferencia es que ahora el chico lindo ya no es amable conmigo y es, más bien, un mal recuerdo.

Me guste o no, en este momento la única persona que me da cierta calma —aunque extraña, porque no lo descifro del todo— es Theo. Así que mejor vuelvo al campo de fútbol.

Cuando llego Theo aún está jugando, pero a diferencia de la primera vez, se toma un momento para salir del juego y señalarme su bolso.

Tiene un llavero de una mariposa hecho a mano.

Por cómo luce, supongo que lo hizo Brisa, algo que me parece tierno.

Tampoco quiero husmear mucho en sus cosas, así que cierro el zipper de inmediato apenas encuentro la manta y lo dejo a un lado.

—También tengo un gorro —dice en voz alta.

Mi chaqueta tiene uno, pero si voy a estar aquí por un largo tiempo, lo mejor es que esté bien abrigada.

Abro nuevamente el bolso y en la búsqueda del gorro ahora me encuentro con un libro, unas bolsas ziploc con avellanas, botellas de agua y, finalmente, con una bolsa ziploc más grande con dos gorros.

Los dos son iguales, así que saco solo uno.

Todo está bien organizado, pero cuando regreso la bolsa con el gorro restante, me distrae ver unos zapatos de niña. Son de Brisa.

No puedo evitar sonreír al voltearlo a ver y encontrarme con un tipo alto, robusto, con voz ronca, pero que tiene los zapatos de su hermanita en el bolso.

¿Quién lo diría?

Supongo que nadie puede imaginarse algo así.

Intento prestar atención al juego, y por la manera en la que Theo mantiene más tiempo con él la pelota, deduzco por qué es el capitán.

Aun así, sigue sin parecerme entretenido ver a tantos tipos detrás de una pelota, así que, unos minutos después mejor me recuesto sobre la banca, la manta me ayuda a sentirme cómoda y saco mis audífonos para escuchar música.

Al menos eso no es prohibido en la escuela.

Aunque en este punto con el solo hecho de haberme salido de clases ya quebranté la ley.

—Señorita dormilona. ¿Te gustó la pizza? —pregunta Theo, moviéndome y sentándose a mi lado.

Me siento de inmediato.

No puedo creer que me haya quedado dormida.

—¿Ya terminaron? —pregunto intentando fingir que solo estaba meditando.

—Sí.

—¿Tan rápido?

—No fue rápido —se carcajea—. Te quedaste dormida, es bueno que descansaras.

—No, no estaba dormida —respondo, entregándole su gorro.

Claro que lo estaba, no sé por qué lo niego.

—Si tú lo dices. Y, entonces ¿Te gustó la pizza? —pregunta nuevamente.

—Sí, sí. Estaba deliciosa, incluso mi papá ya dijo que la próxima vez ordenará más de dos, gracias por compartir —suspiro—. ¿Y bien? ¿Qué hacemos ahora?

—Por lo pronto yo me tengo que cambiar. Aunque limpiaron el campo, quedé hecho un desastre.

Tiene razón.

—¿Por qué no juegan en el gimnasio techado?

—No es lo mismo.

—¿Y no te da frío? Todos usan suéter y tú solo ese gorro.

—Cuando estoy corriendo no, pero igual. Tengo una camiseta térmica, tampoco estoy tan loco.

Sonrío, no lo había pensado.

—¿Y sobre lo otro? ¿Qué haremos o qué diremos? —insisto.

Toma agua, sabe muy bien a qué me refiero.

—¿Qué te parece si somos amigos y ya? Evitamos darles explicaciones a los demás y que piensen lo que quieran pensar.

—No es tan mala idea, pero Susan y Clara quieren detalles.

No se los des. Ellas se los van a imaginar o ya se lo imaginaron. A menos que quieras contarles la verdad.

—No, prefiero no decirles nada. Especialmente por Susan, es mi amiga, pero es la hermana de William.

—Bueno entonces solo completa la historia que ellas mismas ya se hicieron, fue lo que hice con Bruno. Solo respondí que sí a cada cosa que dijo, eso sí, no me preguntes qué porque no lo recuerdo. ¿Amigos? —pregunta extendiendo su mano.

—Sí, amigos.

No sé si lo de no decirle detalles funcione con Susan, pero me gusta su propuesta.

Aprieto su mano con cierta timidez, especialmente porque sé que con este apretón comienza una nueva historia en donde William no está invitado.

Y una historia que para los demás es de amor, sin saber que realmente está siendo mi salvavidas.

Porque después de todo, la calidez que siento cuando estoy con Theo no es fingida.

—¡Bienvenida al grupo! —exclama un chico.

Es blanco, pelo castaño y ojos café.

—No le prestes mucha atención. Te veo luego —dice Theo.

Toma sus cosas para irse a cambiar.

—¿Por qué te vas? ¿No vas a presentarme a tu novia? —cuestiona, y no sé si está bromeando o hablando en serio.

—Coco, tiene que volver a clases, ella sí estudia —responde con cierta ironía.

—No te la voy a robar aún —dice—. Por cierto, soy Gabriel. ¿Tú eres Coco? —pregunta sentándose a mi lado.

—Cosset —lo corrijo.

—Ven, es mejor que vayas a tu clase, porque dudo mucho que te deje tranquila —dice Theo.

Me ayuda a bajar las gradas, como si necesitara mucha ayuda.

—No sabía que eras celoso —agrega el tal Gabriel.

—Te veo luego —se despide.

Y sí, me voy a clases. Una cosa es saltarme Arte y una muy distinta todas las clases después.

Volteo para verlos y Theo se ha quedado conversando con él.

Se ven bastante juguetones, supongo que son buenos amigos.

Después de todo no parecen sangrones como siempre pensé que lo serían, a Gabriel al menos lo recuerdo de la fiesta en la que Clara me los presentó.

Lo he visto en la escuela, pero no compartimos ninguna clase juntos y hasta este momento nunca habíamos hablado, así que no sabía su nombre.

—¿Dónde has estado? —pregunta Clara.

—Con Theo, se los dije.

—Sí, pero no nos dijiste que no ibas a entrar a Arte. Por suerte William te salvó y dijo que estabas en la enfermería.

—¿William dijo eso? ¿Por qué? Que yo sepa, ya no somos amigos.

—Cargo de conciencia quizás, pero… mejor cuéntame, ¿cómo te fue? ¿La pasaron bien?

Ahí están esos ojos brillantes que tienen muchas preguntas.

—Normal, estaba jugando así que solamente lo esperé en las gradas.

—Bienvenida a la vida de las novias de los Pos —dice, sonriendo.

—Conocí a uno de sus amigos, Gabriel. ¿Lo conoces? —pregunto.

—Sí, sí. Es muy amigo de Bruno y de Theo. De los cinco del grupo ellos son los más unidos. El otro es más amigo de Joel ¿Recuerdas al borracho de la fiesta en casa de Susan? Ese es Joel. Así que prácticamente ya conoces a todos. ¡Están avanzando muy rápido! —exclama.

Y yo siento el pecho arder. Le estoy mintiendo a mi amiga y no es algo que me haga sentir precisamente bien.

Cuando salgo de clases me sorprende encontrar a Theo en el parqueo. Está estacionado a la par de mi auto.

—Creí que ya te habías ido —digo, genuinamente me sorprende verlo.

—El profesor de Historia me pidió que le chequeara el auto y me tardé.

—¿Chequearle el auto?

—Soy mecánico. Ves estas llantas —patea las de mi carro—. Yo se las puse, pero no sabía que eran para ti. ¿No lo sabías? Dijiste que sabías mucho sobre mí.

—Supongo que eso no, nadie lo mencionó antes.

Sonríe.

—Solo quería decirte que creo que es buena idea si desde mañana comenzamos a almorzar juntos, bueno… desde el miércoles. ¿Te parece bien? Tengo entendido que con Clara se turnan para no dejar sola a Susan, me lo dijo Bruno.

—Sí, algo así. Y sí, me parece bien.

—Perfecto. Te veo el miércoles entonces.

No dice más y se va.

Es extraño, jamás creí que llegaría el día en el que podría comenzar a considerar al tipo que siempre me ignoró un amigo.