Capítulo 11
Dicen que cuando uno está enamorado el mundo se vuelve más hermoso; y puedo corroborarlo, porque así es. Mi mundo se ha vuelto más hermoso desde que estoy con él, pero también es cierto que cualquier cambio se siente con más intensidad.
La semana pasada William me dijo que me amaba, y yo también se lo dije a él, y después de un fin de semana en el que intercambiamos mensajes románticos, su actitud esta mañana me confundió. Lo sentí distante.
Cuando lo saludé, pareció que más bien quería huir de mí.
—William y tú son la media naranja del otro. Tal vez no durmió bien, así que no te preocupes —dice Susan, intentando consolarme.
Cosa que hizo una y otra vez durante toda la semana, semana en la que las palabras de mi papá comenzaron a resonar con más fuerza en mi cabeza.
Apenas me habla o responde mis mensajes con un: «Hola» o un «Estoy bien» si bien me va.
Por lo demás, ni siquiera los lee o me deja en visto.
En pocos días, mi mundo se volcó por completo.
Apenas una semana después de que William me dijera «te amo», pareciera que ya no lo hace.
No sé qué está pasando, y eso me hiere.
Escuché a uno de sus amigos decir que tiene problemas. ¿Qué problemas?
La última vez que salimos, su único problema parecía ser Marcos.
Si realmente los tiene, ¿por qué no confía en mí?
Y aunque entiendo a Susan, una parte de mí no lo hace. Somos amigas. Ha estado allí estos días, pero es su hermana. ¿En serio que no sabe nada?
Lo único que hace es repetirme que William me quiere, pero… ¿por qué está distante?
Una semana me ha bastado para sentir que ya no lo conozco y una semana más para confirmarlo.
Lunes
—Amor, ¿estás bien?
Me acerco a él; al menos hoy no parece que vaya a huir.
—Sí —sonríe y me ve fijamente.
Siento alivio de que lo haga; la semana pasada no pude hablar con él, tampoco lo hice el fin de semana. Así que poder ver hoy su sonrisa me calma.
Incluso nuestro aniversario de dos meses pasó desapercibido, como si lo hubiese olvidado, así que ver esa sonrisa es como brisa fresca.
—¿Puedo saber qué es lo que está pasando?
Tengo muchas dudas.
—No quiero hablar de eso, no preguntes, Cosset.
Su mirada es de amor, estoy segura de eso, pero no quiere entrar en detalles sobre lo que está pasando y eso me confunde más.
—Solo quiero que sepas que cuentas conmigo.
—Lo sé —dice antes de darme un fuerte abrazo y un beso.
Lo agradezco. Agradezco sentirlo cerca, pero también me lástima que se levante luego de eso y me vuelva a dejar sola.
Mi día vuelve a ponerse gris, especialmente porque lo veo, veo que todos notan lo que yo: estamos distanciados.
Incluso la mirada de Theo descubre esa verdad; me ve con cierta nostalgia que no me gusta. ¿Tan mal me veo?
Jueves
Dos días más, y no hubo una llamada o un mensaje después de la escuela, y me ignoró las veces que le pregunté qué pasaba en la escuela o simplemente me respondía: «No pasa nada».
—Estoy cansada de que digas eso, William. Está claro que está pasando algo y estoy cansada, estoy cansándome de esto.
Parece que por fin se ha detenido a darme una explicación, pero a medias.
—Si quieres irte, vete; no te estoy obligando a que te quedes.
Sus palabras me duelen.
—No, yo no me quiero ir, pero por lo que veo, tú sí quieres que me vaya, ¿o me equivoco?
Sus ojos gritan que me quiere, pero no lo dice.
—William, yo te amo, te amo mucho y me preocupa lo que esté pasando, pero me lástima que me alejes.
—Solamente necesito tiempo, Cosset, por favor.
Traga saliva.
—William, tiempo es lo que te he estado dando estos días. No me llamas o respondes mis mensajes, apenas me hablas aquí en la escuela y no entiendo qué fue lo que hice o dije para que esto esté sucediendo. Y si es que ya no me quieres, también me gustaría saberlo.
—Claro que te quiero.
Me alivia escucharlo decir que sí me quiere.
—Entonces dime qué sucede, o por lo menos no me alejes, porque me lastimas. Se supone que estamos juntos y simplemente me ignoras y me alejas. Me duele, William.
—Sabes qué, mejor hablamos luego —dice con cierta indiferencia y se va sin ni siquiera despedirse.
No necesito más para entender que hemos terminado. Dos meses y unos días fue lo que duró nuestra historia.
Mucho menos tiempo de lo que dura el otoño.
Me bastó un día más para entenderlo completamente.
Viernes
—William, por favor, quiero que hablemos.
Sé que debo tener dignidad, pero el sentimiento de amor, de querer ayudarlo o de recibir una respuesta me resulta incontrolable. Como si tanto rechazo no me hubiera enseñado nada.
—¿Sobre qué?
—Creo que merezco al menos una explicación.
—¿Explicación de qué?
Cruza los brazos, como si estuviera molesto.
—Sobre nosotros. Nuestra relación prácticamente se está yendo a la basura y ya no sé qué hacer.
—Tú sabes que te amo, Cosset. Y si se fue a la basura es porque tú lo decidiste, yo te dije que solamente necesito tiempo.
Dice «se fue», y me duele escucharlo; para él ya es pasado.
—¿Tiempo para qué?
Sigo incrédula.
—Para pensar, para pensar.
—¡¿Pensar qué?! Es que eso es lo que no entiendo, por qué me dices que me amas, pero la manera en la que me has tratado estos días me dice todo lo contrario.
—Cosas… —sigue molesto—. Necesito pensar las cosas. Y ¿sabes qué? No me gusta tu desconfianza, simplemente te dije que necesito tiempo, pero no lo entiendes.
—¿Sabes qué? No importa. William, esto ya no importa.
Tengo el corazón en la mano.
—Está bien, como tú quieras.
Sabía que nuestra relación ya había terminado, pero escucharlo no fue fácil. Me quebró y me rompió, aunque me daba por fin una respuesta a mis dudas, aunque no era la que esperaba. De un día para otro había decidido salir de mi vida y ya.
Sin explicación.
***
—Tu primera decepción amorosa, nena —dice mi mamá.
Me ayuda a cubrirme las ojeras con maquillaje. Sabe cuánto amo a William y también cómo me ha roto el corazón.
Dos semanas pasaron desde que terminamos y es como si no tuviera noción de lo que pasó en esas semanas, solo sé que he tenido que verlo en la escuela y ahora es cuando más detesto que tengamos que compartir dos clases.
Sociales no me importa, pero en Arte… estamos en el mismo equipo y es complicado.
—¿En serio se siente así?
Apenas puedo hablar.
—Sí, lamentablemente sí, pero ya verás que si William es para ti todo se solucionará tarde o temprano y volverán a estar juntos. Aún son muy jóvenes. O simplemente un día dejará de doler.
—Yo lo quiero mucho, mucho, mamá. Y siento un hervor en el pecho tan grande que no sé cómo explicártelo, siento como si me estuviera muriendo poco a poco.
—Lo sé, cariño, lo sé. Llora todo lo que tengas que llorar, Coco. Prometo que el día de mañana vas a encontrar a alguien más y te vas a enamorar otra vez, y volverás a llorar, hasta que encuentres al indicado, como me pasó a mí con tu papá.
Sus palabras no me consuelan del todo, pero me contienen y eso ya es bastante. Especialmente porque Marcos a veces ha llorado conmigo y mi papá se ha mantenido al margen de todo. Eso sí, William parece indiferente a nuestra separación; anda como si nada.
—Es un cobarde, Susan, perdóname, sé que es tu hermano, pero es un cobarde —digo, me la encuentro en el parqueo de la escuela.
Por consideración no he querido hablar de lo sucedido con ella, pero ya no puedo más. En este momento más que dolor, tengo mucho coraje. Él está como si nada, relajado. Mientras yo… mientras yo… tengo el corazón roto.
—Lo sé, Coco, es mi hermano y lo quiero mucho, pero no me gusta la manera en la que se está comportando contigo.
—Discúlpame, Susan, sé que tú no tienes la culpa… es solo que —suspiro—. Una sola explicación sobre qué pasó o qué hice mal me hubiese bastado —no puedo contener las lágrimas.
—Sabes que te entiendo —me abraza—. Odio que se esté comportando así contigo.
—Te juro que, si me buscara y pudiéramos hablar, no dudaría en volver con él.
Aún soy la tonta que guarda la esperanza de que me hable y me pida perdón.
—Coco, ya no llores, y no digas eso. Mi hermano no te merece —me limpia las lágrimas—, mejor dime, ¿sí vas a ir al cumpleaños de Clara?
—No lo sé, sabes que no tengo muchas ganas de ir —digo limpiándome las lágrimas por completo.
—Lo sé, pero creo que ayudaría mucho a que te distraigas.
—Seguramente William también va a ir y no quiero verlo.
—Puede que sí, pero no creo que tengas que limitarte a ir a una fiesta por él.
Además, Clara es tu amiga y ya lo has visto aquí en la escuela.
Sé que ella entiende si decides no ir, pero no creo que sea justo para ti tampoco.
El sábado ya no quisiste ir al cine con nosotros, y no es bueno que dejes de vivir experiencias por él.
—Sí, tienes razón, especialmente por la parte en la que Clara es mi amiga y es su cumpleaños, no puedo faltar —digo entre suspiros.
—Te vas a divertir, ya lo verás —dice y se despide.
Mientras camino hacia mi auto veo a William seguir de largo.
Supongo que estuvo esperando que termináramos de hablar para acercarse a Susan.
A eso me refiero cuando digo que es un cobarde. Esa ha sido su actitud desde que terminamos, o más bien, desde antes y fue justamente eso lo que nos llevó a que ahora seamos como extraños.
Dudo mucho en ir a la fiesta, pero el permiso de mi papá sin horario restringido me motiva por completo.
No creo que esté en la fiesta hasta tarde, pero el salir sin tener que preocuparme por el horario es algo interesante.
Especialmente cuando sé que debo demostrarle a William que puedo seguir adelante.
Es mi primer novio y tienen que venir muchos más , recuerdo las palabras de mi mamá.
Cuando llego, el olor a chocolate caliente me enamora. Sé que tengo que agradecer a Clara por esto. La música está fuerte, pero aún guarda el espacio para poder conversar sin necesidad de gritar. Y de pronto, mi ánimo desaparece en el instante en el que lo veo.
William está ahí, sonriente, hablando con un amigo como si nada. Ríe con total tranquilidad. Lo he visto hacerlo antes, pero hoy me molesta más que nunca.
¿Cómo puede estar tan sonriente? ¿Acaso yo no le importaba?
Por lo que veo, no.
Intento ignorarlo, pero no puedo. No puedo dejar de mirarlo, aunque me lastime.
Me duele verlo feliz y tranquilo mientras yo siento este nudo en el estómago que me hace querer gritar y llorar.
¡Trágame tierra! No quiero que me vea. No soy tan fuerte como él y mi gesto, seguro, no es de felicidad. Mis ojos se llenan de lágrimas, aunque intento evitarlo. No quiero llevarme las manos a la cara, no quiero que nadie note que estoy a punto de llorar.
De pronto, unas manos me cubren los ojos.
Todo sucede en milésimas de segundo.
Giro de inmediato para ver quién es.
—Tranquila, solo sígueme la corriente, por favor —dice con preocupación.
—¡¿Theo?!
Está pálido y finge una enorme sonrisa.