Capítulo 10
De todas las decisiones que he tomado hasta el día de hoy, puedo asegurar al cien por ciento que darle una oportunidad a William ha sido una de las mejores.
Eso de regar el amor todos los días es real.
—Gracias, amor —digo, nuevamente.
El regalo es una cadena con un dije en forma de corazón a la mitad.
—Yo tengo el mío —dice, mostrándome la cadena que él ya tiene puesta—. Son imanes y ambos se complementan.
Sonrío, se me hace un regalo cursi, pero me gusta. Bueno, yo le regalé un llavero, así que tampoco es mucha la diferencia o al menos así me hizo sentir cuando lo recibió. Ni siquiera le importó que no estuviera envuelto.
Sé que un mes es poco tiempo para saber si encontré al amor de mi vida, pero sí sé que todo con él parece perfecto y es como si lo conociera de toda la vida.
Tenemos muchas cosas en común y me encanta estar con él.
Me gusta su risa, su voz, su pelo, sus bromas, su forma de ser, su trato. Todo, todo me gusta.
—Son las personas más cursis de toda la escuela —dice Susan, acercándose—, hermano, ¿qué le has hecho a mi amiga? —pregunta con un gesto que me da risa.
—Otra vez tú, ¿no te cansas de molestar? —cuestiona William.
Me encanta ver su dinámica de hermanos; la mayor parte del tiempo se la pasan molestándose y, una que otra vez, terminan peleando. Pero eso sí, se aman como locos y su relación es muy buena.
—No, no, y nunca me cansaré. Coco, cariño, ¿qué ha pasado contigo? —dice halándome de la mano y fingiendo un acento español que le sale muy bien.
—Nada, no pasa nada —respondo sin poder contener la risa.
—¿Nos vas a decir qué quieres? —pregunta William halándome a su lado.
Me he convertido en su juguetito. No me molesta.
—Nada, no quiero nada solo quería saludarlos, tengo como quince minutos sin verlos —bromea.
Ama sacar a William de sus casillas y a mí me encanta verlo enfadado, se ve muy lindo.
—Amor, mi papá ya está afuera —digo, luego de ver la notificación de que ha llegado a la escuela.
—¡¿Ya?! —pregunta nervioso.
Va a hablar con mi papá para pedirle autorización de llegar a la casa a verme, y así a partir de hoy tener más libertad para vernos.
Susan está muerta de la risa.
Claro que mis papás ya saben que es mi novio, pero William insistió en querer hablar con ellos para que todo fuera más formal, algo que al principio me pareció muy apresurado, pero ahora ya no me importa si lo es o no.
—¿Estás seguro de eso, porque no lo pareces? —pregunta Susan.
Le hago un gesto para que no diga nada más y lo ponga más nervioso, por lo que mejor se aleja, pero sin borrar la sonrisa burlona de su cara.
Yo también estoy nerviosa, así que tampoco me puedo reír como ella.
Sinceramente, dudo que exista alguien que pueda estar relajado con la idea de ver a tu novio hablando frente a frente con tu papá y que esa conversación se trate de ti.
—Hola —saluda mi papá haciéndose el formal.
Estoy paralizada, aunque me da risa ver que William lo está más que yo.
—Hola, papá —saludo—. Él es William… aunque ya lo conoces.
—Sí, así me dijeron. Mucho gusto, Estiven Devon —dice con un tono muy formal, extendiendo su mano para presentarse.
—William Stuart, señor —responde al saludo, mientras traga saliva.
—Y bien, dime, ¿en qué te puedo ayudar? Cosset me dijo que querías hablar conmigo.
William está inmovilizado, el pobre está tan nervioso que no puede disimularlo.
—Tranquilo, jovencito, no pasa nada —suelta una carcajada—, ¿quieres permiso para ser el novio de mi hija?
—Sí, señor.
La voz de William apenas se escucha.
—Ya lo tienes, tienes el permiso. Eso sí, pórtate bien —dice viéndolo fijamente.
—Claro que sí, señor —responde.
Me es imposible no soltar una carcajada por lo que estoy presenciando, y aunque trato de recobrar la compostura me resulta difícil hacerlo.
—Hey, no te rías —me dice mi papá.
—Lo siento.
Ahora me siento apenada.
—Bueno, ¿entonces te llevo o te vas con William?
—Sí me dejas, preferiría irme con él.
—A mí me parece bien, pero no sé qué opina William.
—Me parece perfecto. Mi papá me acaba de regalar un auto, incluso si no le molesta, podríamos pasar por Marcos a la escuela de ahora en adelante —dice, lo cual no me esperaba. Sí, lo del auto. No… lo de pasar por Marcos.
Mi papá se ve sorprendido.
—Me parece bien, incluso así puedo regresar tranquilo al hospital, pero lo de pasar por Marcos creo que es algo que veremos después; por hoy te lo agradezco.
Sonríe.
—Sí, está bien.
—Gracias —se despide dándole la mano—. Me agrada tu novio, Coco —dice.
Apenas vemos que mi papá se va y William respira aliviado, como si hubiera estado conteniendo la respiración todo el tiempo; es muy gracioso.
—No te rías —me dice, muy sonriente.
—Lo siento, amor, pero… ¡en serio estabas muy, muy nervioso!
—Te juro que no lo estaba, pero cuando se puso formal, me asustó.
—Me di cuenta, y no te preocupes. Lo hizo justamente para eso. Es su manera de bromear.
De camino a la escuela de Marcos, seguimos bromeando sobre la situación, aunque me quedo callada cuando menciona que también quiere que vaya a su casa para presentarme oficialmente con su familia.
Sus papás ya me conocen y saben que soy su novia, pero nunca he ido a su casa de la manera en la que él me lo está proponiendo: con formalidad.
—¿Dónde está mi papá? —pregunta Marcos al llegar.
No parece muy feliz de vernos.
—Tuvo que irse al hospital, por eso vinimos por ti —digo, sé que no le agrada William por algunos comentarios que ha hecho desde que sabe que es mi novio.
—Sabes, tengo un caramelo, ¿lo quieres? —pregunta William—. Cosset, me dijo que te gustan.
—Ya no me gustan, dan caries —responde con un tono serio que me asusta y sube al auto de mal genio.
—Supongo que tuvo un mal día en la escuela —le digo a William para suavizar las cosas.
Nunca había visto a Marcos así de grosero.
No habla en todo el camino pese a varias preguntas que William intenta hacerle, y cuando llegamos a casa se baja de inmediato; apenas dice gracias y se va a la casa.
El auto de mi mamá está estacionado, así que no me preocupo por abrirle la puerta.
—Ahora entiendo mejor por qué tu papá me dijo que veríamos después lo de pasar por Marcos a la escuela. Aun así, dile que sí, que me interesa seguir haciéndolo.
—Sabes que no tienes que hacerlo.
—Es el cuñadito, y puede ser un gran aliado si me gano su cariño.
No nos extendemos más; debe irse, así que solo nos despedimos y se va.
Entro a la casa un poco confundida por lo que sucedió con Marcos.
Tengo muchas dudas sobre qué estaría pasando por su cabeza para comportarse así.
—Hola, mamá —saludo—. Está sentada tomando una taza de café. Si estaba allí cuando llegamos, posiblemente vio la escena de Marcos.
Le pregunto por él.
—En su cuarto, llegó muy molesto. Incluso no quiso comer una de las galletas que preparé, me dijo que no quiere que «ese tipo» pase otra vez por él a la escuela. Nunca lo había visto así —se ríe.
Supongo que le causó gracia. Yo no se la veo.
—No te preocupes —continúa—. Solamente son celos de hermano —dice.
Celos de hermano que simplemente se van intensificando día tras día, y no importa qué haga William para ganárselo: no hay manera. Al menos, después de tres semanas, Marcos se comporta un poco más amable, aunque su disgusto sigue siendo notable; lo suficiente para que mi papá me compre un auto.
Supongo que el que William pasara por nosotros le facilitó muchas cosas, y la necesidad de un auto para mí se hizo más evidente.
No me dejó elegir más que el color, y con eso estoy más que feliz, porque no tengo idea de autos y creo que mi papá tampoco.
Creí que me regalaría un auto alto como los que tienen ellos, por el tema de la nieve en invierno, pero no: es un Toyota Corolla Hatchback blanco —lo aprendí gracias a William—.
Es de segunda, pero me encanta, especialmente porque de atrás es un poco cuadrado y eso me gusta.
Aunque siendo sincera, el más feliz es Marcos; se siente aliviado de que el «tipo» ya no pasará por él a la escuela.
Realmente no entiendo por qué William no le agrada; es el único molesto con la relación y no lo comprendo.
Incluso los papás de William me han invitado a comer a su casa algunos fines de semana y me han tratado como a una hija, al igual que mis papás a William las veces que se ha quedado a cenar con nosotros, así que su enojo sigue siendo injustificado.
Eso sí, mi mamá sigue insistiendo en que son celos de hermano y que lo entenderé cuando crezca y tenga novia. Algo que me da mucha gracia: ¿quién se fijaría en Marcos? Especialmente si lo ven sacándose los mocos, como aún lo hace a veces.
Aunque ya he escuchado también que tiene una amiguita en la escuela con la que se lleva muy bien.
—Hola, Coco —saluda Marcos.
Se ve bastante emocionado, más de lo normal. Supongo que celebra no ver a William.
—¿Ganaste algo? ¿Por qué estás muy emocionado? —cuestiono, pese a que no estoy de acuerdo con la actitud que ha tenido con William, muero de amor por él.
—Anoté dos goles, pero mira, ella es Brisa —dice presentándome a una pequeña de ojos muy azules.
—Hola, Brisa, soy Cosset —saludo, suavizando mi voz para que suene más amable.
—Hola —responde, un poco tímida.
—¿Eres amiga de Marcos?
Coloco las manos sobre mis rodillas y me inclino ligeramente hacia ella.
—Sí —responde, de nuevo apenada.
La pequeña es muy linda y bastante tierna. ¡Con razón le cae bien a Marcos!
Conforme hablo más con él, ella se une a la conversación y empieza a tener más confianza, dejándome claro que es una niña muy bien educada. Si mucho tiene nueve años, pero habla con mucha propiedad. Es muy dulce y agradable.
—¡Brisa!
Es Theo acercándose.
La pequeña corre hacia él, lo abraza y lo hala hacia donde yo estoy con Marcos.
—Mira, él es mi hermano —dice.
Su timbre de voz es muy tierno, y se nota que está más cómoda, pero más me sorprende que Marcos también lo saluda con naturalidad.
—No sabía que tenías una hermana —digo.
De todas las cosas que he escuchado sobre Theo, nunca oí que mencionaran a una hermana.