Capítulo 9
No sé si todas las chicas de mi edad se han sentido como yo al tener a su primer novio y dar su primer beso, pero en mi caso, aunque me siento feliz y emocionada, hay algo que me genera cierta incertidumbre.
William es hermoso, y lo quiero. Estoy segura de que no podría haber pedido un mejor novio. Pero al final —al final de todo—, hay un hueco que no termino de entender.
Es como si antes de besarlo, hubiese flotado en las nubes… y al hacerlo, hubiera bajado a la realidad.
Pero cualquier incomodidad desaparece cuando vuelve a besarme. Ya no es tan malo.
Creo que… me puedo acostumbrar.
—Nunca habías besado, ¿cierto?
—No.
Me siento incómoda. ¿Besé mal? ¡Oh, Dios! Nadie te entrena para esto.
—Ahora me siento el hombre más afortunado del mundo —dice, con una sonrisa.
Me vuelve a besar.
—¿Por qué?
Estoy muy nerviosa.
—Porque tengo la dicha y el privilegio de ser el primero que te besa.
—Sí, pero no presumas —río.
Se acerca más a mí y, con mucha delicadeza, toma mi rostro en sus manos y me da otro beso.
—Voy a encargarme de enamorarte todos los días —dice, viéndome a los ojos.
Un cosquilleo me invade todo el cuerpo.
No sé ni cómo explicarlo. Me siento tan feliz que, por momentos, tengo la sensación de que voy a salir corriendo. Quiero a William, ya no tengo ninguna duda al respecto. Y él también me quiere.
—¿Cómo te fue? —pregunta mi mamá cuando llego a casa.
Mi sonrisa de oreja a oreja no me ayuda a disimular.
—Genial —respondo entre dientes.
—¿Y?
Sus ojos se agrandan; la curiosidad la desborda.
—Ya tienes una hija con novio —digo con cierta modestia, aunque por dentro quiero gritar de alegría. Pero tampoco quiero despertar a Marcos o que mi papá escuche y comience a molestarme con sus chistes malos.
—Cuéntame más, ¿cómo fue que se te declaró?
—¡Ay, mamá! No sé ni por dónde empezar —digo, sin poder dejar de sonreír—.
Fuimos al restaurante de sus papás. Lo cerraron solo para nosotros.
Ni siquiera sé cómo logró eso, especialmente hoy.
Tenía todo decorado de una manera que… —su mirada me confirma que nota mi entusiasmo—.
Es que nunca pensé que alguien fuera a hacer algo tan lindo por mí.
—Eres una buena chica y él lo sabe. Me encanta escucharte. Y más aún saber que estás viviendo esta etapa con un buen chico como William.
—Solo lamento que mañana no vaya a poder verlo. ¿En serio tengo que ir con ustedes?
Tenemos un viaje a la ciudad más cercana.
—Sabes que sí, es algo que planeamos hace tiempo. Ya lo verás el lunes.
Quisiera quedarme charlando más, pero el rostro de mi mamá refleja cansancio. Lo mejor es irnos a dormir.
—Descansa, corazón —me dice sonriendo—. Y no te preocupes por no ver a tu novio mañana. Supongo que tuvo que regresar a limpiar el restaurante para que esté listo para mañana. Dale tiempo hasta el lunes.
Me da un abrazo y un beso en la frente.
Es una de las noches más hermosas que he vivido desde que llegué al pueblo. Más aún cuando, al subir a mi habitación y revisar el celular, me encuentro con un mensaje de William.
Me dice que también está teniendo una buena noche, y adjunta una foto: está limpiando el restaurante.
Supongo que así se siente cuando alguien te quiere.
***
Hola, mi amor. Buenos días,
¿cómo amaneció la mujer más bella?
Te estaré esperando cerca de la cafetería.
Leo la notificación de un mensaje de William por la mañana. Es lunes y por fin lo voy a ver.
Me ha alegrado el día.
—Buenos días —saludo mientras bajo las gradas.
—Buenos días —responden todos al unísono.
—¿Qué pasa, Coco? —pregunta mi papá muy serio.
—¿De qué? —respondo, confundida.
—Tienes un brillo muy bonito esta mañana, me gustaría saber por qué.
Ayer estuvo fastidiándome con eso todo el día; creí que hoy lo dejaría pasar.
—Es el mismo que tienes tú desde que conociste a mamá —respondo, siguiéndole la broma.
—Siéntate a desayunar, no le hagas caso a tu papá —dice mi mamá.
Y eso basta para que mi papá, por fin, deje de molestarme. Algo que agradezco, especialmente cuando vamos de camino a la escuela.
Conforme avanzamos, los nervios se comienzan a apoderar de mí. Y ya no sé qué es lo que estoy sintiendo. ¿Si es ilusión por ver a William o vergüenza porque todos nos vean juntos?
Jamás me he paseado con alguien en público.
Así que lo único que se me ocurre es fingir que no leí su mensaje y que no sé qué me está esperando en la cafetería. Gracias al comentario de mi papá ya no respondí, y solo leí la notificación del mensaje sin abrirlo.
—Que tengas un lindo día, cariño —dice mi papá cuando me deja en la escuela.
Tiemblo al escuchar que dice: «Lindo».
¿Cómo se supone que vaya a tener un lindo día con semejante torbellino de emociones?
Hasta cierto punto estoy enojada conmigo misma. ¿Cómo es posible que sienta todo esto? ¿Cómo es posible que no quiera ver a William? Lo quiero, sé que lo quiero, pero me siento tan asustada… No tenemos mucho tiempo de conocernos, y resulta que ya es mi novio.
—¡Cuñada! —grita Susan.
Corre hacia mí.
—¡Dios!
Me llevo las dos manos a la cara. Siento vergüenza.
—¿Qué pasa? Creí que estarías feliz, mi hermano lo está.
Su gesto es de confusión.
—¿En serio? Y lo estoy, te lo dije ayer cuando mensajeamos.
Me siento culpable. ¿Por qué me pasa esto?
—Sí, creo que te conté que se lo dijo a mis papás también, ¿cierto? Me da mucho gusto que ahora seas mi cuñada.
No sé qué decir.
—¡Coco! Recuerda que mi hermano te gustó desde el primer día en el que lo viste.
Lo recuerdo perfectamente porque incluso cuando yo estaba hablando de Theo, tú me preguntaste sobre William.
Así que sea lo que sea que esté pasando por tu cabeza, no olvides que, hasta ayer, estabas muy feliz.
Y ya te dije que mi hermano también lo está, y que recién regresó de haberte llevado a tu casa el sábado, corrió a contarnos a todos que le habías dicho que sí.
—Eso es cierto —sonrío—. Y también estoy feliz, creo que solo me pasa que no me lo creo aún.
Susan tiene razón. William me gustó desde la primera vez que lo vi y mucho más cuando comenzó a tener detalles conmigo. Ahora es mi novio. ¿Puedo pedir algo mejor que eso?
—Al parecer hay un problema, tenemos tiempo libre —dice un compañero.
Seguido de eso, lo anuncian en los intercomunicadores.
—Hola, me quedé esperándote —dice William, acercándose.
Se ve un poco confundido.
—Chicos, los veo luego —agrega Susan, dejándonos solos.
—¿Esperándome?
Finjo no tener idea de lo que habla. Espero ser buena actriz.
—Te envié un mensaje. ¿No lo leíste?
—Solo lo vi por encima, estaba apurada y no quería que mi papá me molestara.
—Está bien, no importa. Vente, vamos… tenemos tiempo libre.
Me toma de la mano y suavemente la besa.
Caminamos tomados de la mano hasta las canchas de fútbol, y no puedo evitar sentirme incómoda de que todos nos vean.
Aunque su gesto es lindo, y he visto hacer exactamente eso muchas veces a mi papá con mi mamá.
Su acción me termina confirmando que William es justamente el tipo de hombre que he esperado.
—¿Pasa algo? —pregunta.
—Es que…
Deseo no decirle, pero no puedo quedarme callada a lo que estoy sintiendo.
—¿Te arrepentiste?
Baja la mirada.
—William, es solo que… —suspiro y reúno el valor que necesito—.
Creo que me cuesta sentirme tu novia —digo—.
Estoy feliz y me siento feliz de saber que me quieres, pero…
que me tomes de la mano me hace sentir un poco extraña, y más cuando todos nos ven.
Nunca había tenido novio, así que no sé qué se supone que debo hacer o cómo me debo comportar.
No sé, me genera un poco de ansiedad. Sé que llevamos bastante tiempo conociéndonos, bueno no tanto, pero, antes, imaginaba cómo sería besarte.
Y, ahora que ya sé cómo es, me siento un poco confundida.
Especialmente porque te quiero y me gustas.
Sonríe levemente, y ahora me preocupa que se esté riendo de mí.
—Permíteme una sola cosa, por favor —dice.
—¿Qué?
Temo lo que vaya a decir.
—Me queda claro que te gusto, que te atraigo —sigue sonriendo—, pero no me he ganado completamente tu corazón. Así que solo te voy a pedir que me des más tiempo, pero juntos. Dame la oportunidad de poderte enamorar. ¿Puedes?
Estoy paralizada. ¿Cómo que ganarse mi corazón? Mi corazón ya es de él.
—William…
Un beso me calla por completo.
—¿Cómo se supone que vas a hacer eso? —intento coquetear con él.
—Regando el amor que siento por ti y el que tú sientes por mí todos los días. Sé que eso ayudará a que te sientas cómoda y a que te guste la idea de ser mi novia.
—Me sentiría muy cómoda si me besas otra vez —digo sin pensarlo dos veces.
Me ve fijamente, es una mirada muy dulce, y con esa misma dulzura me besa. Es un beso distinto, porque ya no estoy bajo el asombro de la ilusión o la imaginación, sino que, al contrario, solamente me dejo llevar.
—¿Todo bien?
—Sí —sonrío.
Me gusta estar con él.
—Gracias por dejarme quererte.
—A ti por quererme. ¿Quieres que vayamos a algún lado? —pregunto.
—No, me gusta estar aquí contigo —responde tomándome nuevamente de la mano.
—Creo que no es tan complicado ser tu novia.
—Con que seas mi novia es suficiente, ya aprenderás —bromea.
—Eres muy presumido, William.
—Solamente cuando estoy contigo. Pero dime amor, ¿sí?
—De acuerdo, mi amor —digo con dificultad.
Aún no me siento cómoda con eso.
—Mejor dilo cuando lo sientas —ríe.
—Lo lamento —frunzo el ceño—. Te prometo que un día te llegaré a querer más de lo que te imaginas.
—Estoy seguro de que así será, porque me esforzaré mucho. Voy a poner mi granito de amor en tu corazón todos los días.
—Y yo le pondré una dosis de amor también.
Me encantaría poder explicar lo que realmente siento. Su forma de tratarme hace que, con cada segundo, me acostumbre más a estar con él y a sentirme orgullosa de ser su novia. Sin mencionar que me encanta cuando me besa.
—¡Ajá, picarones, al fin los encuentro! —grita Susan, acercándose a nosotros.
¡Qué vergüenza!
—¿Qué pasó? —pregunto con duda.
No había notado que todos están caminando hacia la cancha.